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Teoría

Desigualdad en el desarrollo entre sectores y regiones

Visto en 2 apariciones de los programas.

Qué es

El desarrollo no llega parejo. Dentro de un mismo país conviven sectores que operan en la frontera tecnológica con sectores estancados, y regiones que concentran capital, infraestructura y talento con regiones que exportan gente. La desigualdad en el desarrollo entre sectores y regiones nombra esa dispersión interna: no la brecha de ingresos entre personas —la desigualdad distributiva clásica— sino la brecha de productividad y dinamismo entre las partes que componen una misma economía.

La formulación fundacional es el modelo dual de Lewis (1954): una economía donde un sector moderno, capitalista y de productividad creciente convive con un sector de subsistencia que ofrece trabajo prácticamente ilimitado al salario de reserva. Mientras esa reserva no se agote, el crecimiento del sector moderno eleva las utilidades pero no los salarios, y la brecha entre ambos mundos se ensancha antes de cerrarse. En América Latina, Aníbal Pinto (1970) le puso nombre propio al fenómeno —heterogeneidad estructural— para describir economías donde estratos de productividad radicalmente distintos coexisten de forma persistente, no transitoria.

Dos mecanismos opuestos compiten por explicar qué pasa después. El primero es la convergencia: si el capital tiene rendimientos decrecientes y los factores se mueven, la región pobre debería crecer más rápido que la rica hasta emparejarse. El segundo es la causación circular acumulativa de Myrdal (1957): la aglomeración se retroalimenta, porque la región que parte adelante atrae la inversión, los trabajadores calificados y los servicios, drenando a la periferia (sus backwash effects). Hirschman (1958) planteó la misma tensión como el balance entre efectos de polarización y de goteo, y agregó una pieza decisiva: lo que difunde el crecimiento no es el tamaño del sector líder sino sus eslabonamientos hacia atrás y hacia adelante. Un sector de punta sin proveedores locales ni clientes locales es un enclave, por moderno que sea.

Williamson (1965) le dio forma empírica al debate: la desigualdad regional sigue una U invertida a lo largo del desarrollo —primero se abre, luego se cierra—, el análogo espacial de la hipótesis de Kuznets (1955) sobre la desigualdad personal. Krugman (1991) mostró después que el resultado divergente no necesita ser una anomalía transitoria: con rendimientos crecientes a escala, costos de transporte y movilidad laboral, un equilibrio centro-periferia puede ser estable y autosostenido. La geografía económica deja de ser un accidente y pasa a ser un resultado.

De ahí se sigue lo más útil para leer coyuntura. La convergencia exige movilidad: si una institución impide que la gente se traslade —el sistema de hukou chino, que ata derechos sociales al lugar de registro, es el caso de manual— el mecanismo igualador queda desconectado por diseño. Y hay un cierre por el lado de la demanda que se suele pasar por alto: si las ganancias de productividad se concentran en un sector intensivo en capital y orientado a la exportación, mientras la masa salarial del resto del territorio es demasiado delgada para absorber esa producción, el circuito no se cierra internamente. El excedente sale como superávit externo o queda como capacidad ociosa. Esa es, exactamente, la lectura estructural de una recuperación en forma de K.

La consecuencia metodológica es incómoda: el agregado nacional es un promedio que puede esconderlo todo. Un PIB que crece sostenido por una sola línea del gráfico no dice nada sobre si la recuperación es ancha. Por eso el análisis serio de estos casos se hace con medidas de dispersión —el coeficiente de variación ponderado por población de Williamson, o un índice de Theil, que tiene la virtud de descomponerse en desigualdad entre regiones y dentro de cada una— y con productividad relativa por trabajador desagregada por sector.

Cómo lo explicó el programa

El 15 de septiembre de 2026, Buenas Tardes Mercado dedicó dos bloques a China y terminó armando, entre ambos, el caso de texto: la misma economía partida por sector y por territorio.

Manuel Bengolea puso el diagnóstico sectorial: "China está experimentando una recuperación en forma de K". La línea que sube es la manufactura de alta tecnología —robótica, vehículos eléctricos, baterías de litio— creciendo a doble dígito y sosteniendo el PIB; la que baja es el consumo interno, la confianza de los hogares y el sector inmobiliario. La frase clave del pase fue que se trata de una recuperación tan desigual que no cierra el circuito de la economía: la formulación coloquial del problema de demanda que describe Lewis cuando el excedente se concentra en el sector moderno.

Libardo Buitrago aportó la mitad territorial, y con ella la advertencia sobre el dato: los indicadores que se analizan describen a la China costera —Pekín, Shanghái, Cantón, Hong Kong—, no a la China central ni a la del oeste. "En esa otra China más o menos viven unos 350, 400 millones de chinos", con un consumo mínimo. De los 1.400 millones, unos 800 salieron de la pobreza y están concentrados en la franja costera; resolver ese equilibrio social, dijo, es el segundo problema estructural del país.

Juntas, las dos intervenciones muestran por qué el promedio engaña: el PIB chino puede crecer a tasa de objetivo mientras la mitad interior del país no participa ni del crecimiento ni de la estadística que se cita.

Relación con otros conceptos

Es el marco que da sentido a la recuperación en forma de K, que describe el síntoma sectorial sin explicarlo. Se apoya en la economía dual y en la heterogeneidad estructural latinoamericana, y se mide contra la convergencia económica (beta y sigma), que es la hipótesis que la desigualdad regional persistente refuta. Los eslabonamientos productivos y el enclave exportador explican por qué un sector puede crecer sin arrastrar a nadie —una discusión familiar en Chile cuando se habla de minería y regiones—, y la trampa de ingreso medio es el destino probable de un país que nunca difunde la productividad de su núcleo. Del lado de la demanda, conecta con la masa salarial y con el ahorro precautorio: un interior pobre y sin red social no consume aunque el país exporte más.

Fuentes y lecturas

  • Lewis, W. A. (1954), Economic Development with Unlimited Supplies of Labour, The Manchester School, 22(2).
  • Hirschman, A. O. (1958), The Strategy of Economic Development, Yale University Press. (Ed. en español: La estrategia del desarrollo económico, FCE.)
  • Williamson, J. G. (1965), Regional Inequality and the Process of National Development: A Description of the Patterns, Economic Development and Cultural Change, 13(4).
  • Pinto, A. (1970), Naturaleza e implicaciones de la "heterogeneidad estructural" de la América Latina, El Trimestre Económico, 37(145).
  • Krugman, P. (1991), Increasing Returns and Economic Geography, Journal of Political Economy, 99(3).
  • Ray, D. (1998), Development Economics, Princeton University Press (cap. 7–10, dualismo y desigualdad).

Apariciones