Teoría
Maldición de los recursos naturales
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Qué es
La maldición de los recursos naturales es la observación —y el conjunto de teorías que la explican— de que los países con abundancia de recursos extractivos tienden, en promedio, a crecer más lento que los que no los tienen. El término lo acuñó Richard Auty (1993) al estudiar economías mineras que, pese a décadas de renta, habían empobrecido a su población. La primera evidencia econométrica sistemática llegó con Sachs y Warner (1995), que encontraron una correlación negativa entre la participación de las exportaciones primarias en el PIB de 1970 y el crecimiento de las dos décadas siguientes, controlando por institucionalidad, apertura e inversión.
La palabra "maldición" es desafortunada, porque sugiere fatalidad. Lo que la literatura describe son mecanismos, y todos son evitables.
El primero es macroeconómico. Un auge exportador aprecia el tipo de cambio real y encarece los factores que el sector transable no extractivo necesita, contrayendo la industria y la agricultura exportadora. Corden y Neary (1982) lo formalizaron con el nombre que quedó: enfermedad holandesa, por el efecto del gas de Groninga sobre la manufactura neerlandesa. El problema no es la apreciación en sí, sino su irreversibilidad parcial: cuando el precio del recurso cae, las capacidades industriales perdidas no reaparecen solas.
El segundo es fiscal. La renta de un recurso agotable no es ingreso corriente: es la liquidación de un activo. Hotelling (1931) mostró que un stock finito tiene un precio sombra que crece en el tiempo; Hartwick (1977) derivó la implicación de política, hoy conocida como regla de Hartwick: para sostener el consumo per cápita, la renta de los recursos agotables debe invertirse íntegramente en otras formas de capital. Gastarla como si fuera salario es consumir el patrimonio y registrarlo como crecimiento.
El tercero —y el que la evidencia reciente considera decisivo— es político. Un flujo de renta concentrado y fácil de capturar cambia los incentivos de quien gobierna: financiar el Estado deja de requerir una base tributaria amplia, y por lo tanto deja de requerir rendir cuentas. Mehlum, Moene y Torvik (2006) mostraron que el signo del efecto depende de la calidad institucional: con instituciones "amigables al productor" el recurso es una bendición; con instituciones que premian la captura de rentas, es una maldición. La interacción entre abundancia e instituciones, y no la abundancia sola, es lo que explica la varianza. Van der Ploeg (2011) revisa tres décadas de esa literatura y concluye lo mismo: no hay maldición incondicional.
Por eso los contraejemplos importan. Noruega, Botsuana y —en su escala— Chile con su regla de balance estructural y el Fondo de Estabilización Económica y Social son países con recursos que no exhiben el síndrome. Acemoglu, Johnson y Robinson (2003) atribuyen el caso botsuano a instituciones que precedieron al hallazgo de diamantes, no a políticas adoptadas después.
Cómo lo explicó el programa
En el BDM del 17 de septiembre de 2026, bajo el tema "Venezuela y Dubái: mismo recurso, dos modelos de desarrollo", el panel usó una comparación que condensa toda la literatura anterior sin nombrarla. En los años setenta Venezuela era el país más rico de América Latina y Dubái un protectorado de pescadores de perlas; medio siglo después la relación se invirtió. Venezuela, con las mayores reservas probadas de petróleo del mundo, nacionalizó en 1976 y —según el relato del programa— tomó el camino del empleo político, el gasto innecesario, las regalías a los amigos, la hiperinflación y el éxodo. Emiratos hizo lo contrario: ahorró la renta y la convirtió en un centro de turismo, logística, finanzas y bienes raíces.
Pepe Arias resumió el punto en una frase que es, literalmente, la regla de Hartwick dicha en radio: "ellos entendieron que el petróleo era un recurso maravilloso pero que algún día se iba a acabar".
La conclusión del panel —"no fue la dotación de recursos: fueron las decisiones"— coincide con el consenso académico actual. Vale agregar un matiz que refuerza el argumento: las reservas de Dubái siempre fueron modestas comparadas con las de Abu Dabi, de modo que su diversificación fue en parte una necesidad temprana. Eso no debilita la tesis; muestra que el horizonte percibido de agotamiento es parte del mecanismo causal.
Relación con otros conceptos
La maldición es el diagnóstico; sus antídotos tienen nombre propio. La reinversión de la renta en fondos soberanos y capital humano es la respuesta fiscal directa, y la diversificación productiva es su resultado buscado. La enfermedad holandesa es el canal macroeconómico específico por el que opera, y los términos de intercambio —con la hipótesis de deterioro de Prebisch y Singer (1950)— explican por qué depender de un solo precio es frágil. El agotamiento de recursos aporta el horizonte temporal que vuelve la renta un stock y no un flujo. La industrialización aguas abajo es una estrategia frecuente para escapar, con resultados mixtos. Y en su forma extrema, la renta financia la economía de conflicto: recursos concentrados y fáciles de apropiar financian la disputa por su control.
Fuentes y lecturas
- Auty, R. M. (1993), Sustaining Development in Mineral Economies: The Resource Curse Thesis, Routledge.
- Sachs, J. D. y Warner, A. M. (1995), Natural Resource Abundance and Economic Growth, NBER Working Paper 5398.
- Corden, W. M. y Neary, J. P. (1982), "Booming Sector and De-Industrialisation in a Small Open Economy", The Economic Journal, 92(368).
- Mehlum, H., Moene, K. y Torvik, R. (2006), "Institutions and the Resource Curse", The Economic Journal, 116(508).
- Van der Ploeg, F. (2011), "Natural Resources: Curse or Blessing?", Journal of Economic Literature, 49(2).
- Acemoglu, D. y Robinson, J. A. (2012), Why Nations Fail: The Origins of Power, Prosperity, and Poverty, Crown Business.