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Teoría

Transición demográfica y fuerza de trabajo

Visto en 1 aparición de los programas.

Qué es

La transición demográfica describe el paso de una población desde un régimen de alta mortalidad y alta natalidad a otro de baja mortalidad y baja natalidad. Thompson (1929) fue el primero en clasificar países según ese patrón y Notestein (1945) le dio el nombre y las etapas que todavía se usan. Lo decisivo no son los niveles finales, sino el desfase entre las dos caídas: la mortalidad baja primero —por saneamiento, vacunas, alimentación— y la fertilidad la sigue una o dos generaciones después. En ese intervalo la población crece rápido; cuando la fertilidad finalmente cede, el crecimiento se frena y la pirámide se invierte.

Para la economía del trabajo lo importante es que la fuerza laboral es un eco rezagado de los nacimientos. Quien entra al mercado laboral a los veinte años nació veinte años antes: el stock de trabajadores de 2050 ya está mayormente determinado por nacimientos que ya ocurrieron —o que ya no ocurrieron—. Ninguna política contemporánea puede reponerlos; a lo sumo puede alterar la cohorte que entrará al mercado en 2050.

Esa aritmética genera tres fases con efectos económicos distintos. Primero, una razón de dependencia alta por muchos niños. Segundo, una ventana en que las cohortes numerosas están en edad de trabajar y las que las siguen son chicas: hay muchos productores por cada dependiente, el ahorro agregado sube y el ingreso per cápita crece por composición, sin que nadie se haya vuelto más productivo. Es el dividendo demográfico, que Bloom, Canning y Sevilla (2003) formalizaron y que Bloom y Williamson (1998) estimaron responsable de entre un cuarto y un tercio del crecimiento per cápita del este asiático entre 1965 y 1990. Tercero, el cierre de la ventana: las cohortes grandes envejecen, la base de la pirámide se angosta y la dependencia vuelve a subir, ahora por el otro extremo.

El dividendo no es automático. Coale y Hoover (1958) ya advertían que una estructura etaria favorable solo rinde si hay empleo, capital humano e instituciones que absorban a los entrantes; sin eso, la misma cohorte que puede ser motor es presión social. Y la fertilidad no cae por accidente: Becker (1960) la modeló como decisión de hogar con un trade-off cantidad-calidad —cuando sube el retorno de la educación, las familias invierten más en menos hijos— y Galor y Weil (2000) integraron ese mecanismo en el tránsito desde el estancamiento maltusiano al crecimiento moderno.

En la última fase aparece el problema que hoy discuten China, Corea, Italia y también Chile. En contabilidad del crecimiento a la Solow (1956), el producto agregado crece por trabajo, capital y productividad; con la fuerza laboral cayendo, el producto per cápita puede seguir subiendo vía capital por trabajador y tecnología, pero el producto agregado —la escala del mercado, la base tributaria, la demanda de vivienda, la demanda de materias primas— pierde su sostén. Hansen (1939) ligó explícitamente el freno poblacional a una debilidad crónica de la demanda de inversión, y Jones (2022) mostró que en modelos donde las ideas las producen personas, una tasa de crecimiento poblacional negativa y permanente no solo desacelera el nivel de vida: lo estanca.

Los márgenes de compensación existen, pero son acotados y de una sola vez: subir la participación laboral femenina y de mayores, retrasar la edad de jubilación, abrir la migración, sustituir trabajo por capital. Ninguno repone una generación.

Cómo lo explicó el programa

En Buenas Tardes Mercado del 15 de septiembre de 2026, al discutir por qué la recuperación china no termina de consolidarse, Libardo Buitrago puso la demografía como freno estructural y no como dato de color: "la política por ley de permitirle solamente a las familias un hijo hoy le está pesando muchísimo".

El argumento del programa fue el del rezago: la política del hijo único rigió por décadas y se flexibilizó recién hacia 2015 y 2021, de modo que dejó tres o cuatro generaciones que ya no nacieron. Las consecuencias —India superando a China en población, más muertes que nacimientos, menos masa laboral nueva incorporándose a las fuentes de empleo— son la parte visible de decisiones tomadas hace treinta años. De ahí la frase que ordena el análisis: es un daño que no se revierte en días, sino en una generación completa.

Conviene precisar un punto que el programa no alcanzó a desarrollar y que no debilita el diagnóstico: Corea del Sur, Taiwán y Hong Kong cayeron muy por debajo del reemplazo sin ninguna política coercitiva. La ley china probablemente aceleró y deformó la transición —sobre todo el desbalance por sexo—, pero no la creó. Eso importa para la lectura chilena: Chile tiene hoy una de las tasas de fecundidad más bajas del mundo, del orden de un hijo por mujer, sin haber legislado jamás sobre el tamaño de las familias. La misma aritmética corre acá, con menos años de ventaja.

Relación con otros conceptos

Es la contracara temporal del dividendo demográfico y de la razón de dependencia: la misma pirámide que regala crecimiento en una fase lo cobra en la siguiente. Se conecta con el punto de giro de Lewis —el fin de la oferta ilimitada de trabajo rural que sostuvo los salarios bajos en la industrialización china— y con la acumulación de capital humano, que es el sustituto natural de la cantidad de trabajadores. Por el lado macro toca el estancamiento secular y la tasa natural de interés, porque una población que envejece ahorra distinto (la hipótesis del ciclo de vida de Modigliani), y toca directamente la sostenibilidad de los sistemas de pensiones de reparto, cuyo equilibrio depende de la razón entre cotizantes y pasivos. Para una economía exportadora, además, se cruza con la demanda estructural de commodities: menos hogares nuevos en China es menos construcción, y menos construcción es menos cobre.

Fuentes y lecturas

  • Thompson, W. S. (1929), Population, American Journal of Sociology, 34(6).
  • Notestein, F. W. (1945), Population: The Long View, en T. Schultz (ed.), Food for the World, University of Chicago Press.
  • Bloom, D., Canning, D. y Sevilla, J. (2003), The Demographic Dividend: A New Perspective on the Economic Consequences of Population Change, RAND Corporation.
  • Galor, O. (2011), Unified Growth Theory, Princeton University Press.
  • Lee, R. y Mason, A. (2011), Population Aging and the Generational Economy: A Global Perspective, Edward Elgar.
  • Jones, C. I. (2022), The End of Economic Growth? Unintended Consequences of a Declining Population, American Economic Review, 112(11).

Apariciones