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Teoría

Amortiguación de un shock sectorial por la demanda interna

Visto en 1 aparición de los programas.

Qué es

Un shock sectorial es una perturbación que golpea a un sector concreto —una faena minera que entra en mantención, una sequía que castiga la agricultura, un paro portuario— y no a la economía entera. La pregunta que da nombre a este concepto es qué queda de ese golpe cuando se mira el agregado: si el resto de la economía lo absorbe, el indicador general apenas se resiente; si no, un problema de un solo sector aparece en pantalla como una contracción de todo el país.

La primera capa es aritmética y es la menos interesante. Un índice de actividad como el IMACEC es un promedio ponderado: un sector que pesa una décima parte y cae 15% resta un punto y medio al agregado, sin misterio. Lo decisivo es qué hace el otro 90%. Amortiguar no significa que el resto de la economía no caiga: significa que el resto crece lo suficiente para compensar. Un aparato productivo plano no amortigua nada, solo deja pasar el golpe intacto. Esa es la diferencia entre un mal dato y un dato muy negativo, y no depende del tamaño del shock sino del estado de lo demás.

La segunda capa es la propagación. Lucas (1977) argumentó que los shocks idiosincrásicos de miles de sectores deberían cancelarse entre sí por la ley de los grandes números y no explicar el ciclo agregado. Long y Plosser (1983) mostraron que eso falla cuando los sectores están conectados por insumos: la perturbación viaja por la red de compras y ventas. Acemoglu, Carvalho, Ozdaglar y Tahbaz-Salehi (2012) formalizaron la condición —cuando la red es asimétrica, con sectores que abastecen a muchos otros, los shocks locales no se diluyen— y Gabaix (2011) mostró el caso análogo por concentración: si unas pocas empresas grandes representan una fracción alta del producto, lo que les pasa a ellas es macroeconomía. En una economía chica y concentrada en un recurso, ambos canales están abiertos.

La tercera capa —la que da el nombre a la idea de colchón— es la demanda interna. Un shock sectorial reduce el ingreso de quienes trabajan en ese sector y de sus proveedores. Si ese ingreso menor se traduce uno a uno en menor consumo, el golpe se multiplica; si no, se detiene ahí. La teoría del ingreso permanente de Friedman (1957) dice que los hogares no deberían recortar el gasto ante una caída transitoria: suavizan con ahorro o crédito, y el shock muere en el sector donde nació. Pero esa suavización tiene un requisito material. Deaton (1991) y Carroll (1997) mostraron que los hogares con restricciones de liquidez mantienen un stock precautorio pequeño y, agotado ese colchón, consumen prácticamente su ingreso corriente; Kaplan y Violante (2014) documentaron que la fracción de hogares que gasta casi todo lo que recibe es mucho mayor de lo que sugeriría su riqueza total, porque su patrimonio es ilíquido. Cuanto mayor es esa fracción —y un mercado laboral débil la agranda, porque una caída del empleo se lee como permanente y no como transitoria—, mayor es la propensión marginal a consumir agregada y más se amplifica el mismo golpe.

De ahí sale la conclusión que importa: el efecto agregado de un shock sectorial depende del estado en que lo encuentra la economía. El mismo paro minero, con las mismas toneladas no producidas, puede dejar un trimestre mediocre o uno abiertamente contractivo. Cuando la explicación del sector es en buena parte transitoria —mantención programada, una ley de mineral peor, un accidente— y aun así el agregado se hunde, la teoría sugiere leer el episodio al revés de como suele contarse: la noticia no es la minería, es que el resto no tuvo con qué compensar.

Cómo lo explicó el programa

En Buenas Tardes Mercado del 1 de septiembre de 2026, el panel discutió exactamente este mecanismo a propósito de un IMACEC muy negativo explicado casi enteramente por la minería. El argumento fue de estados, no de magnitudes: una caída concentrada en un solo sector, y en gran medida por factores no estructurales, bastó para arrastrar el agregado, mientras el resto de la economía se mantenía relativamente plano. Hace algunos años —con una demanda interna más profunda y un mercado laboral menos deteriorado— ese mismo golpe minero habría dejado un mal dato, pero positivo, sostenido por consumo y servicios. Pepe Arias lo resumió sin adornos: "hoy no existe ese colchón". Por eso, cerró el panel, la economía se ha vuelto tan sensible a lo que ocurra en la minería: no porque la minería pese más, sino porque lo demás pesa menos.

Relación con otros conceptos

Este concepto es la contracara del multiplicador keynesiano: el colchón es, precisamente, un multiplicador bajo. Se apoya en la hipótesis del ingreso permanente y en su límite práctico, las restricciones de liquidez y los hogares que consumen todo su ingreso corriente, que explican por qué la suavización teórica no siempre ocurre. Se emparenta con los estabilizadores automáticos, que cumplen el mismo rol por vía fiscal, y con el acelerador financiero, que describe el caso simétrico y opuesto: un estado del crédito que amplifica en vez de amortiguar. En clave chilena conecta con la dependencia del cobre y con la lectura del IMACEC no minero, que existe justamente para separar el shock sectorial del pulso subyacente, y con la discusión de la enfermedad holandesa sobre economías organizadas en torno a un recurso.

Fuentes y lecturas

  • Friedman, M. (1957), A Theory of the Consumption Function, Princeton University Press.
  • Long, J. y Plosser, C. (1983), "Real Business Cycles", Journal of Political Economy, 91(1).
  • Acemoglu, D., Carvalho, V., Ozdaglar, A. y Tahbaz-Salehi, A. (2012), "The Network Origins of Aggregate Fluctuations", Econometrica, 80(5).
  • Kaplan, G. y Violante, G. (2014), "A Model of the Consumption Response to Fiscal Stimulus Payments", Econometrica, 82(4).
  • De Gregorio, J. (2007), Macroeconomía: Teoría y Políticas, Pearson Educación.

Apariciones