Teoría
Brecha tecnológica entre potencias
Visto en 1 aparición de los programas.
Qué es
La brecha tecnológica entre potencias es la distancia que separa al país que está en la frontera del conocimiento productivo —el que inventa las máquinas, los procesos y los estándares— de los que vienen detrás y todavía los compran, copian o adaptan. No se mide en PIB ni en volumen de comercio, sino en capacidad: gasto en I+D sobre el producto, patentes, formación de ingenieros, y sobre todo la habilidad de fabricar los bienes de capital de los que dependen todos los demás sectores.
La idea tiene dos linajes en economía, y conviene no confundirlos.
El primero es comercial. Posner (1961) propuso que buena parte del intercambio entre países ricos no se explica por dotaciones de factores sino por retrasos: el país que innova exporta el bien nuevo mientras dure el rezago de imitación de los demás, y ese flujo se apaga cuando la técnica se difunde. Vernon (1966) lo ordenó en el ciclo del producto: un bien nace donde se inventó, madura, se estandariza y termina produciéndose donde la mano de obra es más barata; el innovador conserva la renta solo mientras el producto es joven. Krugman (1979) formalizó la carrera resultante —innovación en el norte, transferencia hacia el sur— y mostró algo incómodo: si el norte deja de innovar, la brecha se cierra, pero el ingreso relativo del norte cae con ella.
El segundo linaje es de crecimiento, y ahí la brecha no es una amenaza sino un activo del que va atrás. Gerschenkron (1962) observó que el atraso relativo permite saltar etapas: el rezagado no repite el camino del líder, importa el resultado. Abramovitz (1986) le puso condiciones: el potencial de alcance solo se realiza si el país tiene "capacidad social" —instituciones, escolaridad, mercados de capital— para absorber lo que copia; sin eso, atrasado se queda. Cohen y Levinthal (1990) mostraron a nivel de empresa el mismo mecanismo con otro nombre, capacidad de absorción: para aprovechar el conocimiento ajeno hay que invertir en investigación propia, aunque solo sea para entenderlo. Fagerberg (1987) reunió las dos mitades en un modelo donde el crecimiento de un país depende de la innovación en la frontera, de su propia innovación y de cuánto logre imitar.
La teoría moderna del crecimiento explica por qué la ventaja no se disipa sola. Romer (1990) modeló el conocimiento como bien no rival y parcialmente excluible: quien llega primero cobra renta por él, y esa renta financia la siguiente ronda. Acemoglu, Aghion y Zilibotti (2006) agregaron el corolario de política: lejos de la frontera conviene una estrategia de imitación —escala, crédito dirigido, adopción masiva—, pero cerca de ella esa misma receta se vuelve una trampa, porque lo que hace falta es selección y competencia. Un país que se acerca al líder tiene que cambiar de motor, y no todos lo logran.
De ahí el uso geopolítico del término. La brecha ordena quién impone estándares, quién controla insumos críticos y quién queda expuesto a un embargo de componentes. Por eso las importaciones de bienes de capital y de alta tecnología se leen hoy como indicador estratégico y no como consumo.
Cómo lo explicó el programa
En el programa del 8 de septiembre de 2026, Libardo Buitrago tomó las cifras de comercio exterior chino de agosto y las leyó exactamente en esa clave: "los chinos saben que la diferencia tecnológica se la lleva Estados Unidos y están intentando cerrar esa brecha" (btm-2026-09-08).
El dato que sostenía la afirmación era la composición de las importaciones, no su monto: alta tecnología creciendo 68,7% interanual y máquinas de procesamiento automático de datos 209%. La lectura es la de Abramovitz con una estadística de aduana. Un país que importa bienes de consumo está gastando; uno que importa masivamente equipo de cómputo y componentes de alta tecnología está invirtiendo en su capacidad de absorción, comprando el escalón que todavía no sabe fabricar. Y el argumento de Buitrago agregaba la dimensión relativa: el tamaño de la brecha es lo que define cuánto pesa cada potencia, de modo que el gasto no busca producir más, sino acortar la distancia con quien lleva la delantera.
Para Chile la relevancia es indirecta pero grande: la demanda por cobre y litio depende de en qué etapa de esa carrera esté cada potencia, y el equipamiento de nuestras propias empresas se compra, casi íntegro, aguas abajo de esa frontera.
Relación con otros conceptos
La brecha tecnológica es la contracara dinámica de la ventaja comparativa: mientras esta última supone tecnologías dadas, aquella explica cómo cambian y por qué el patrón de comercio se mueve. Su cierre ocurre por transferencia tecnológica e inversión extranjera directa, y se hace visible en la productividad total de factores, el residuo que la contabilidad del crecimiento no logra atribuir ni al capital ni al trabajo. La versión agregada del alcance es la convergencia económica: la promesa de que los países pobres crecen más rápido, cierta solo condicional a las capacidades que describía Abramovitz. En el plano estratégico conecta con la guerra comercial y con la reorganización de las cadenas globales de valor, donde el control de un eslabón tecnológico funciona como palanca política. Y su medida más fina es la complejidad económica: qué tan sofisticada y exclusiva es la canasta de bienes que un país sabe producir.
Fuentes y lecturas
- Vernon, R. (1966), International Investment and International Trade in the Product Cycle, The Quarterly Journal of Economics 80(2).
- Gerschenkron, A. (1962), Economic Backwardness in Historical Perspective, Harvard University Press.
- Abramovitz, M. (1986), Catching Up, Forging Ahead, and Falling Behind, The Journal of Economic History 46(2).
- Fagerberg, J. (1987), A Technology Gap Approach to Why Growth Rates Differ, Research Policy 16(2-4).
- Acemoglu, D., Aghion, P. y Zilibotti, F. (2006), Distance to Frontier, Selection, and Economic Growth, Journal of the European Economic Association 4(1).