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Teoría

Capital humano en la primera infancia

Visto en 1 aparición de los programas.

Qué es

El capital humano es el conjunto de conocimientos, habilidades, hábitos y estado de salud que una persona acumula y que aumentan su productividad. La formulación canónica es de Gary Becker (1964), quien trató la educación y el entrenamiento como una inversión: se sacrifica ingreso o consumo hoy a cambio de un flujo mayor de ingresos futuros, con su tasa de retorno como cualquier otro activo. Antes, Theodore Schultz (1961) había defendido que buena parte del crecimiento inexplicado de los países ricos venía justamente de ahí y no del capital físico.

La primera infancia —de la gestación a los cinco o seis años— es un caso particular de esa teoría donde los números se salen de escala. La razón la formalizó James Heckman con dos ideas que suelen citarse juntas:

  1. Complementariedad dinámica (Cunha y Heckman, 2007): las habilidades producen habilidades. Lo que se invierte en la etapa t aumenta el retorno de lo que se invierta en t+1. Un niño que llega a primero básico con lenguaje, atención y autorregulación aprovecha mucho más al mismo profesor que un niño que llega sin eso. El corolario incómodo es que las inversiones tardías —capacitación laboral, programas de segunda oportunidad— rinden poco no porque estén mal diseñadas, sino porque les falta la base sobre la cual operar.
  2. La curva de Heckman: la tasa de retorno de un peso invertido en capital humano cae con la edad del beneficiario. Es el gráfico que se cita en todo debate de sala cuna, y su fuerza empírica viene de experimentos aleatorizados de los años sesenta seguidos por décadas —Perry Preschool y Abecedarian—, donde los tratados terminaron con más años de escolaridad, mayores ingresos y menos delincuencia que los controles (Heckman et al., 2010).

Dos precisiones que se pierden en la divulgación. Primero, buena parte del efecto no pasa por el CI: en Perry Preschool las ganancias de coeficiente intelectual se disiparon hacia los diez años, y lo que persistió fueron las habilidades no cognitivas —perseverancia, autocontrol, capacidad de seguir una norma—, que es lo que después paga en el mercado laboral (Heckman, Stixrud y Urzúa, 2006). Segundo, el retorno depende críticamente de la calidad del programa. Los estudios cuyos resultados justifican la curva son intervenciones intensivas, con personal formado y currículo explícito; extrapolar esos coeficientes a una guardería que solo custodia niños es un error de lectura, no un hallazgo.

De ahí viene la distinción que ordena el debate de política pública: un mismo servicio —el cuidado infantil— puede diseñarse como beneficio laboral (liberar tiempo de la madre para que participe en el mercado del trabajo) o como inversión en desarrollo infantil (producir habilidades en el niño). Ambos objetivos son legítimos y se implementan con la misma sala, pero exigen cosas distintas: el primero se optimiza con cobertura, horario y ubicación; el segundo, con ratio adulto-niño, formación de las educadoras y contenido de la jornada. Un programa evaluado solo por el primero puede tener retorno cero —o negativo, si la alternativa es un hogar de alta calidad— en el segundo.

Cómo lo explicó el programa

En el BDM del 9 de septiembre de 2026 el panel discutió el proyecto de sala cuna universal desde exactamente esa doble lectura. El punto del programa fue que el beneficio para la mujer trabajadora es real pero es la mitad del argumento: la sala cuna con estimulación temprana en salas especializadas —en vez de un niño frente al televisor todo el día— actúa sobre el desarrollo neurológico del niño, y ahí está el retorno grande. Es la curva de Heckman aplicada a una discusión legislativa chilena: lo que se decide no es solo cuántas mujeres pueden trabajar, sino qué stock de capital humano tendrá el país en veinte años.

El diagnóstico sobre por qué el proyecto no avanzó fue político, no económico. Como lo resumió Juan José Lavín: "Se trancó porque no podían participar los privados en abastecer esos servicios, porque de acuerdo a la moda de la época era lucrar con fondos públicos." El argumento implícito es que una restricción sobre quién provee el servicio —motivada por el debate sobre lucro en educación— terminó restringiendo cuánto servicio existe, y el costo de esa restricción no lo pagan los proveedores excluidos sino la cohorte de niños que no entró a ninguna sala. Nótese que es una afirmación sobre el proceso legislativo y sobre un juicio de valor de la época, no un resultado medido; la teoría del capital humano dice que el retorno de la intervención es alto, no quién debe ejecutarla.

Relación con otros conceptos

El capital humano en la primera infancia es la conexión más directa entre política social y crecimiento económico de largo plazo: en los modelos de crecimiento endógeno, es un insumo acumulable con retornos que no se agotan, a diferencia del capital físico. Se cruza con la participación laboral femenina, porque el mismo servicio opera sobre la oferta de trabajo de la madre y sobre la productividad futura del hijo. Toca la movilidad social y la transmisión intergeneracional de la desigualdad: si la inversión temprana la hace mayoritariamente la familia, su capacidad de pago se hereda como capacidad de ingreso. Es también un caso de manual de externalidad positiva —el retorno social (menos delincuencia, menos gasto en salud, más recaudación) excede al privado que percibe la familia—, lo que justifica el subsidio público. Y en su implementación choca con la provisión pública versus privada de servicios, donde el diseño del financiamiento decide si el objetivo es cobertura o calidad.

Fuentes y lecturas

  • Becker, G. (1964), Human Capital: A Theoretical and Empirical Analysis, with Special Reference to Education, National Bureau of Economic Research / University of Chicago Press.
  • Schultz, T. W. (1961), «Investment in Human Capital», The American Economic Review, 51(1), pp. 1-17.
  • Cunha, F. y Heckman, J. (2007), «The Technology of Skill Formation», The American Economic Review, 97(2), pp. 31-47.
  • Heckman, J., Stixrud, J. y Urzúa, S. (2006), «The Effects of Cognitive and Noncognitive Abilities on Labor Market Outcomes and Social Behavior», Journal of Labor Economics, 24(3), pp. 411-482.
  • Heckman, J., Moon, S. H., Pinto, R., Savelyev, P. y Yavitz, A. (2010), «The rate of return to the HighScope Perry Preschool Program», Journal of Public Economics, 94(1-2), pp. 114-128.

Apariciones