Teoría
Competencia entre países por atraer inversión
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Qué es
La competencia entre países por atraer inversión es la rivalidad entre jurisdicciones por captar capital móvil —sobre todo inversión extranjera directa (IED)— ofreciendo condiciones más atractivas que las del vecino: carga tributaria, reglas estables, permisos rápidos, infraestructura, energía barata, capital humano y acceso a mercados. El supuesto que la hace posible es uno solo: el capital se mueve y las fronteras no. Cuando un factor productivo puede elegir dónde instalarse, los gobiernos dejan de ser monopolistas de sus propias reglas y pasan a ser oferentes.
La intuición se remonta a Tiebout (1956), que mostró que si los ciudadanos pueden mudarse entre jurisdicciones, la movilidad revela preferencias y disciplina a los gobiernos locales: se "vota con los pies". Aplicado al capital, el mismo mecanismo se lee de dos maneras opuestas y ambas son teoría estándar. La lectura optimista dice que la competencia obliga a gobernar mejor. La pesimista, formalizada por Zodrow y Mieszkowski (1986) y sistematizada por Wilson (1999), advierte que si cada país baja impuestos para no quedar fuera, todos terminan con la misma posición relativa y menos recaudación: la carrera a la baja, con subprovisión de los bienes públicos que el propio inversionista necesita. La diferencia entre ambas lecturas no es ideológica, es de supuestos sobre qué tan móvil es el capital y qué tan sustituibles son las jurisdicciones.
Del lado de la empresa, el marco de referencia es el paradigma ecléctico de Dunning (1980): una firma invierte afuera cuando concurren una ventaja de propiedad (tecnología, marca), una de internalización (le conviene hacerlo dentro de la empresa y no licenciarlo) y una de localización —lo único que el país puede mover—. Esa última no es solo el impuesto: es el marco regulatorio, la certeza de los contratos, la calidad de las instituciones (North, 1990), el tiempo de tramitación y la disponibilidad de energía e insumos. De hecho, desde el acuerdo del Marco Inclusivo OCDE/G20 de 2021, que fijó un impuesto mínimo global efectivo de 15% para grandes multinacionales, el margen para competir por la vía tributaria se estrechó y el peso se corrió hacia las variables no fiscales.
Hay un matiz importante y contraintuitivo: la aglomeración cambia el juego. Baldwin y Krugman (2004) mostraron que un centro que ya concentró actividad genera rentas de aglomeración y puede cobrar impuestos más altos que su periferia sin perder al inversionista, porque estar ahí vale por sí mismo. El corolario incómodo es el que importa acá: quien deja de ser el centro pierde también la capacidad de cobrar esa prima, y vuelve a competir por precio.
Conviene además la advertencia de Krugman (1994): los países no compiten como empresas y no quiebran si pierden participación. Su prosperidad depende de la productividad interna, no de ganarle una carrera a otro. Tratar la atracción de inversión como un torneo de suma cero conduce a subsidiar proyectos que igual se habrían hecho. La versión sensata del concepto no es "ganarle a Perú": es que la inversión es la forma en que un país incorpora capital, tecnología y acceso a cadenas globales, y que las condiciones para recibirla son en su mayoría las mismas que sirven para invertir dentro.
Cómo lo explicó el programa
En Buenas Tardes Mercado del 1 de septiembre de 2026 [btm-2026-09-01], bajo el tema "Chile dejó de ser la parada obligada del capital internacional", el panel trató la competencia por inversión como una posición que se pierde con rezago: lo que no se haga ahora se paga después en nivel competitivo global. La imagen que usaron para medir esa caída fue concreta y no estadística —en los años 90 llegaba cada semana una delegación internacional al aeropuerto de Santiago a ver el modelo chileno, y hoy eso no ocurre—, es decir, la pérdida del atributo de aglomeración antes que la de una tasa.
El diagnóstico agregó una causa que no está en los manuales: a quién se invita. Cuando se convida, se convida a quienes se nos parecen políticamente, en vez de poner el propósito del crecimiento y el desarrollo por sobre el color político. Libardo Buitrago lo cerró con una alusión a la frase de Deng Xiaoping sobre los gatos y los ratones: "en esa época habían unos gatos de cualquier color y cazaban ratones". Traducido al concepto: la variable que atrae capital es el pragmatismo verificable de las reglas, no la afinidad del gobierno de turno con el inversionista.
Relación con otros conceptos
Es la cara internacional de la inversión extranjera directa y opera sobre el riesgo país, que es el precio que el capital le pone a la incertidumbre local. Se conecta con la competitividad —en su acepción útil, la de productividad total de factores, no la de cuota de mercado— y con la ventaja comparativa, porque un país compite desde su dotación y no desde cero. Su patología es la carrera a la baja tributaria; su antídoto institucional, la certeza jurídica. Aguas abajo se refleja en la formación bruta de capital fijo y en el costo de capital que enfrentan las empresas locales, y aguas arriba lo modulan las economías de aglomeración, que explican por qué un centro consolidado puede cobrar más caro que sus rivales.
Fuentes y lecturas
- Tiebout, C. M. (1956), A Pure Theory of Local Expenditures, Journal of Political Economy, 64(5).
- Dunning, J. H. (1980), Toward an Eclectic Theory of International Production: Some Empirical Tests, Journal of International Business Studies, 11(1).
- Krugman, P. (1994), Competitiveness: A Dangerous Obsession, Foreign Affairs, 73(2).
- Wilson, J. D. (1999), Theories of Tax Competition, National Tax Journal, 52(2).
- Krugman, P., Obstfeld, M. y Melitz, M., Economía internacional: teoría y política, Pearson (capítulos de movimientos internacionales de factores y empresas multinacionales).