Teoría
Conocimiento disperso en el mercado
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Qué es
El conocimiento que se necesita para tomar buenas decisiones económicas nunca está reunido en una sola cabeza ni en un solo escritorio. Está repartido en pedazos entre miles de personas, y buena parte de esos pedazos es local, tácita y perecible: quién tiene un contenedor libre esta semana, qué comprador dejó de responder, qué norma fitosanitaria está frenando un embarque concreto en un puerto concreto.
Friedrich Hayek formuló esto como el problema central de toda organización económica en "The Use of Knowledge in Society" (Hayek, 1945). Su punto es sutil y suele perderse: el problema no es de cálculo. Si uno supone que los datos —recursos disponibles, preferencias, técnicas— están dados y son conocidos por alguien, entonces asignar recursos es un ejercicio matemático que en principio cualquiera podría resolver. El problema real es que esos datos nunca están dados a nadie en su totalidad. Existen solo como fragmentos dispersos, contradictorios y a veces ni siquiera articulables por quien los tiene: el que sabe algo del "particular conocimiento de las circunstancias de tiempo y lugar" muchas veces no sabría explicarlo en un formulario.
De ahí sale la parte más citada del argumento: el sistema de precios como mecanismo de comunicación. Cuando escasea el cobre, el productor de cables no necesita enterarse de si fue una huelga en Chile o una nueva aplicación en China; le basta el precio, que resume la novedad en un número al que puede reaccionar. Hayek lo compara con un sistema de telecomunicaciones que economiza conocimiento: cada agente actúa bien sin entender el sistema completo. La versión dinámica del mismo argumento la desarrolló después como competencia como procedimiento de descubrimiento (Hayek, 1968): la competencia no es un estado de equilibrio sino el método por el cual se averigua algo que antes nadie sabía —qué se puede producir, a qué costo, para quién—. Israel Kirzner (1973) puso el foco en el empresario como el agente alerta que nota una oportunidad que los demás pasaron por alto.
La consecuencia práctica para política pública es incómoda para ambos bandos. Contra el planificador ingenuo: su límite no es solo de incentivos o de corrupción, es de información; aunque fuera honesto y competente, no tiene cómo saber lo que sabe cada firma. Pero contra el laissez-faire ingenuo también hay un límite: Hausmann y Rodrik (2003) mostraron que qué bienes puede producir un país con ventaja no se sabe de antemano —se descubre invirtiendo—, y como el que descubre no puede apropiarse del hallazgo (lo imitan al día siguiente), el mercado por sí solo subinvierte en ese descubrimiento. De ahí la recomendación institucional de Rodrik (2004): la política de desarrollo diseñada como proceso de descubrimiento colaborativo, con instancias donde el Estado —que tiene el poder de remover la traba pero no la información— se sienta con los privados —que tienen la información pero no el poder—. El riesgo obvio, y bien documentado, es la captura: Evans (1995) llamó autonomía enraizada al equilibrio difícil entre una burocracia conectada al sector privado y una burocracia comprada por él.
Cómo lo explicó el programa
En Buenas Tardes Mercado del 31 de julio de 2026, en el tema "Quién decide qué mercados abrir", Paula Estévez describió cómo se arma en la práctica la agenda chilena de nuevos acuerdos comerciales: no se define puertas adentro del ministerio, sino consultando a los grandes exportadores, porque son ellos —no el organismo público— los que saben dónde hay demanda y qué traba específica los está frenando. Su frase resume el argumento de Hayek sin nombrarlo: "no la Subrei, yo no estoy exportando la fruta". De esa consulta, contó, salieron los destinos priorizados: India, el sudeste asiático, Bangladesh y Marruecos como puerta de entrada a África.
Vale la pena notar el reverso, que el propio marco teórico anticipa: consultar a los grandes exportadores captura el conocimiento de quienes ya exportan, no el de quien todavía no exporta y podría. El mecanismo resuelve el problema de información al precio de sesgar la agenda hacia los incumbentes —exactamente la tensión que Evans y Rodrik describen.
Relación con otros conceptos
Es la contracara positiva de las asimetrías de información: ahí el problema es que una parte sabe más que la otra dentro de una transacción; acá es que nadie sabe lo suficiente y el mercado funciona igual. Se apoya directamente en el sistema de precios como agregador, y tiene un límite formal en la paradoja de Grossman y Stiglitz (1980): si los precios reflejaran perfectamente toda la información, nadie tendría incentivo para pagar por informarse, y entonces los precios no podrían reflejarla; el equilibrio exige que sean informativamente imperfectos. Se conecta también con la ventaja comparativa —en su versión dinámica, la que se descubre en vez de heredarse—, con la captura regulatoria y con los costos de transacción, que explican por qué a veces conviene coordinar dentro de una empresa en lugar de vía mercado.
Fuentes y lecturas
- Hayek, F. A. (1945), "The Use of Knowledge in Society", American Economic Review 35(4), 519-530. Ficha
- Hayek, F. A. (1937), "Economics and Knowledge", Economica 4(13), 33-54.
- Kirzner, I. (1973), Competition and Entrepreneurship, University of Chicago Press.
- Hausmann, R. y Rodrik, D. (2003), "Economic Development as Self-Discovery", Journal of Development Economics 72(2), 603-633.
- Grossman, S. y Stiglitz, J. (1980), "On the Impossibility of Informationally Efficient Markets", American Economic Review 70(3), 393-408.