Teoría
Consumo de energía como indicador de actividad
Visto en 1 aparición de los programas.
Qué es
Casi todo lo que una economía produce pasa antes por un motor, una ampolleta o un compresor. Esa banalidad técnica es lo que convierte al consumo de energía —y en particular al de electricidad— en un espejo de la actividad económica: entre el kilowatt-hora gastado y el valor agregado producido existe, en el corto plazo, una relación bastante estable, porque nadie cambia de golpe la tecnología de su fábrica ni el tamaño de su bodega refrigerada.
Dos propiedades le dan su valor como indicador. La primera es que se mide, no se declara: el medidor registra lo que efectivamente ocurrió, sin la mediación de una encuesta, una muestra ni la disposición de un empresario a responder. La segunda es la oportunidad: la generación del sistema eléctrico se conoce con horas o días de rezago, mientras que la contabilidad nacional demora semanas.
La literatura formal sobre el vínculo entre energía y producto arranca con Kraft y Kraft (1978), que aplicaron el instrumental de causalidad de Granger (1969) a Estados Unidos entre 1947 y 1974 y encontraron algo importante para nuestro propósito: la causalidad corría del producto hacia la energía, no al revés. Para un forecaster eso es una buena noticia y una advertencia a la vez. Buena noticia porque significa que la energía refleja fielmente lo que la economía está haciendo; advertencia porque un reflejo no es una causa, y quien lea ahí una palanca de política —"subamos el consumo eléctrico para crecer"— invierte la flecha. El campo se volvió una industria entera de resultados contradictorios según país y período; Ozturk (2010) hizo el inventario.
El uso concreto pertenece a otra tradición: la de clasificar series en adelantadas, coincidentes y rezagadas respecto del ciclo, que sistematizaron Burns y Mitchell (1946) en el NBER. El consumo eléctrico es, estrictamente, coincidente: se mueve con la actividad, no antes que ella. Lo que adelanta no es la economía sino la estadística de la economía, y esa distinción no es un tecnicismo. Cuando alguien dice que la demanda por energía "anticipa" un buen IMACEC, lo que está diciendo es que ya vio, en una serie rápida, lo que la serie lenta va a confirmar el mes que viene. Es exactamente la lógica del nowcasting que formalizaron Giannone, Reichlin y Small (2008): estimar el presente con la información que va llegando, en vez de pronosticar el futuro.
El caso más célebre es el índice bautizado por The Economist en 2010 con el nombre de Li Keqiang, que combinaba consumo eléctrico, carga ferroviaria y créditos bancarios. Nació de la desconfianza del propio Li en las cifras oficiales de PIB de su provincia: prefería tres series físicas difíciles de maquillar antes que una cifra construida.
Las trampas son cuatro y conviene tenerlas presentes antes de leer un alza como buena noticia. La intensidad energética —energía por unidad de producto— cae con el tiempo por eficiencia y por cambio estructural hacia servicios, así que la relación se desplaza lentamente. La temperatura es el ruido dominante: un invierno frío o un verano caluroso mueven la demanda residencial sin que nada haya pasado con la producción. La composición importa mucho en Chile, donde la minería explica en torno a un tercio del consumo eléctrico y responde al ciclo del cobre y a la ley del mineral, no a la demanda interna. Y la electrificación —vehículos eléctricos, centros de datos, reemplazo de gas por electricidad— sube el consumo por sustitución de fuente, no por más actividad, mientras la generación solar distribuida hace el efecto contrario y esconde consumo real fuera del sistema.
Cómo lo explicó el programa
En Buenos Días Mercado del 2 de septiembre de 2026, en el tema "Proyección de actividad de agosto a diciembre", Willy Díaz apoyó una proyección optimista en dos piezas de información energética que cumplen roles opuestos. Por el lado del precio, la baja del petróleo desde un promedio sobre 90 dólares a cerca de 85 alivia todos los precios indexados a combustibles y transporte: ahí la energía opera como costo. Por el lado de la cantidad, el fuerte crecimiento de la demanda por energía que registra el Ministerio de Energía funciona como espejo de la actividad, y con eso proyectó que agosto sería mejor que julio y que entre septiembre y diciembre vendrían buenos registros: "si uno mira la serie estacionalmente te vas a encontrar con Imacec que pueden llegar a cuatro por ciento de aquí a diciembre".
Vale la pena subrayar la mención a mirar la serie "estacionalmente", porque sin desestacionalizar buena parte del movimiento de la demanda eléctrica es calendario y clima, no economía.
Relación con otros conceptos
Es una pieza auxiliar del IMACEC, al que no reemplaza sino que anticipa en el tiempo de publicación. Pertenece a la familia de los indicadores adelantados y coincidentes del ciclo económico y su uso práctico es el nowcasting. Su lectura correcta exige desestacionalización y atención a la intensidad energética, que es la razón por la que la elasticidad entre consumo eléctrico y producto no es fija. Del lado del precio se conecta con el precio del petróleo, la indexación de tarifas y contratos y los costos de producción. Y su fundamento estadístico es la causalidad de Granger, que aquí conviene recordar en su sentido modesto: precedencia predictiva, no causa.
Fuentes y lecturas
- Kraft, J. y Kraft, A. (1978), "On the Relationship Between Energy and GNP", Journal of Energy and Development, 3(2).
- Burns, A. F. y Mitchell, W. C. (1946), Measuring Business Cycles, National Bureau of Economic Research.
- Giannone, D., Reichlin, L. y Small, D. (2008), "Nowcasting: The real-time informational content of macroeconomic data", Journal of Monetary Economics, 55(4).
- Ozturk, I. (2010), "A literature survey on energy–growth nexus", Energy Policy, 38(1).
- Comisión Nacional de Energía (Chile), Reporte Mensual del Sector Energético (serie mensual).