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Teoría

Costo de acuñación frente al valor facial de la moneda

Visto en 1 aparición de los programas.

Qué es

El señoreaje es la diferencia entre lo que vale una pieza de dinero por decreto —su valor facial— y lo que cuesta producirla y ponerla en circulación. El nombre viene del derecho medieval del señor feudal a quedarse con parte del metal que llevaban a amonedar sus súbditos. En un sistema fiduciario moderno ese margen suele ser enorme: un billete de veinte mil pesos cuesta una fracción ínfima de su poder de compra, y esa brecha es un ingreso real del emisor. Los manuales de macroeconomía lo tratan junto al impuesto inflación, porque emitir dinero es una forma de financiar gasto sin recaudar impuestos (Walsh, 2017).

El caso interesante es el borde inferior de la escala, donde ese margen se da vuelta. Una moneda de baja denominación tiene un valor facial fijo en términos nominales —diez pesos son diez pesos hasta que la ley diga otra cosa— mientras que su costo de producción está atado a cosas reales: metal, troquelado, transporte, seguros, el manejo bancario. La inflación erosiona lo primero y no lo segundo. El resultado es mecánico y previsible: toda denominación pequeña, si vive lo suficiente, cruza tarde o temprano el punto en que acuñarla cuesta más de lo que vale. A partir de ahí el señoreaje es negativo y cada pieza emitida es una pérdida contable para el emisor.

Cuando el desbalance es grande y el contenido metálico por sí solo supera el facial, aparece un segundo efecto: conviene más fundir la moneda que gastarla, y las piezas desaparecen de la circulación. Esa es la intuición detrás de la ley de Gresham —la moneda mala desplaza a la buena cuando ambas circulan a una paridad oficial fija—, aunque conviene tomarla con cuidado: Rolnick y Weber (1986) mostraron que en buena parte de la evidencia histórica ocurrió justamente lo contrario, y que la formulación estándar depende de supuestos institucionales que rara vez se cumplen. Para las monedas chilenas de hoy el problema no es la fundición clandestina, sino el costo total de producirlas y moverlas.

Del otro lado está la demanda. La teoría clásica de demanda transaccional de dinero (Baumol, 1952; Tobin, 1956) modela la tenencia de efectivo como un problema de inventario: uno mantiene caja porque convertir otros activos en medio de pago tiene un costo, y la contrapartida es el interés que se deja de ganar. Cuando el costo de pagar sin efectivo cae a casi cero —una cuenta para todos, una tarjeta o un teléfono aceptados en cualquier parte—, el inventario óptimo de billetes y monedas se desploma. Y se desploma de manera desigual: las denominaciones altas conservan su rol de reserva de valor y de pago informal, mientras las más pequeñas, que solo sirven para completar el vuelto, se quedan sin función.

La combinación de ambas hojas —costo unitario que sube en términos reales, demanda que cae— es lo que lleva a los bancos centrales a dejar de acuñar. En Chile ya pasó con las monedas de $1 y $5, cuya acuñación se descontinuó hacia 2017 sin que dejaran de ser de curso legal. Retirar una denominación obliga a una regla de redondeo, y ahí está el temor recurrente de que el comercio la use para subir precios. La evidencia de los países que lo hicieron es tranquilizadora, siempre que el redondeo sea al múltiplo más cercano (no hacia arriba), se aplique al total de la boleta y no a cada ítem, y rija solo para el pago en efectivo: en esas condiciones el sesgo promedio es despreciable, y el ahorro de tiempo en caja supera con holgura al supuesto "impuesto de redondeo" (Whaples, 2007).

Cómo lo explicó el programa

En Buenas Tardes Mercado del 26 de agosto de 2026 (btm-2026-08-26), el tema del día fue precisamente el destino de las monedas de $10 y $50. Manuel Bengolea ordenó el diagnóstico por el lado de la demanda antes que por el del costo: "la demanda por efectivo ha caído por dos razones bastante importantes, la primera de ellas es la creciente bancarización de los chilenos", siendo la segunda la expansión del pago electrónico.

Recién sobre esa base apareció el argumento de costos: acuñar una moneda de $10 o $50 cuesta hoy más que su valor facial, de modo que emitirlas destruye valor en lugar de generarlo. Vale la pena notar el orden del razonamiento, porque no es trivial. El costo por pieza no baja si se acuñan menos monedas —al contrario, las economías de escala juegan en contra—, así que la caída de la demanda y el señoreaje negativo se refuerzan: cada vez hay menos usos para una pieza que cada vez cuesta relativamente más. El programa no lo planteó como una curiosidad numismática sino como una decisión de política monetaria con fecha de vencimiento.

Relación con otros conceptos

El concepto es una esquina del señoreaje, y por esa vía se conecta con el impuesto inflación: ambos describen ingresos del emisor derivados de su monopolio de emisión, y ambos dependen de que el dinero sea fiduciario, es decir, que su valor descanse en la ley y en la confianza y no en el metal. La caída de la demanda por efectivo remite a la demanda de dinero por motivo transacción y, más ampliamente, a la bancarización e inclusión financiera y al desarrollo de los medios de pago electrónicos. La discusión sobre qué reemplaza al efectivo en los pagos chicos empalma con el debate sobre monedas digitales de banco central. Finalmente, el redondeo obligado por el retiro de una denominación toca la rigidez nominal de precios y el fenómeno de los precios psicológicos terminados en 9 o en 90, que es justamente lo que genera la necesidad de vuelto en denominaciones mínimas.

Fuentes y lecturas

  • Baumol, William J. (1952), The Transactions Demand for Cash: An Inventory Theoretic Approach, Quarterly Journal of Economics 66(4).
  • Tobin, James (1956), The Interest-Elasticity of Transactions Demand for Cash, Review of Economics and Statistics 38(3).
  • Rolnick, Arthur J. y Weber, Warren E. (1986), Gresham's Law or Gresham's Fallacy?, Journal of Political Economy 94(1).
  • Walsh, Carl E. (2017), Monetary Theory and Policy, 4ª ed., MIT Press — capítulo sobre señoreaje e impuesto inflación.
  • Whaples, Robert (2007), Time Is Money: Does the Surge in Coin Values Justify Eliminating the Penny?, Eastern Economic Journal 33(1).

Apariciones