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Teoría

El costo del cuidado infantil como barrera de entrada al mercado laboral

Visto en 1 aparición de los programas.

Qué es

El cuidado de niños pequeños es trabajo: consume horas, atención y energía. Como todo trabajo, tiene un costo. La pregunta económica no es si ese costo existe, sino quién lo paga y cómo se paga — y la respuesta determina cuánta gente puede vender su tiempo en el mercado laboral y cuánta no.

El punto de partida está en la teoría de la asignación del tiempo dentro del hogar. Gary Becker (1965) propuso mirar a la familia no como una unidad de consumo pasiva sino como una pequeña unidad de producción que combina tiempo y bienes comprados para producir lo que realmente valora: comidas, salud, hijos criados. Bajo ese marco, el salario de mercado no es solo un ingreso — es el precio sombra de una hora en la casa. Quien gana $6.000 por hora y decide quedarse cuidando a su hijo está "comprando" ese cuidado a $6.000 la hora, aunque ninguna transacción aparezca en la contabilidad nacional.

De ahí sale la mecánica de la barrera de entrada. La decisión de participar en el mercado laboral se modela como una comparación entre el salario de reserva —lo mínimo que hace que valga la pena salir a trabajar— y el salario que el mercado ofrece. El cuidado infantil entra por dos vías simultáneas, y esa doble entrada es lo que hace el efecto tan grande:

  1. Como costo fijo de participación. La sala cuna o la nana se paga por mes, no por hora trabajada. Un costo fijo no reduce marginalmente el atractivo de trabajar: crea un umbral. Por debajo de cierta cantidad de horas, o de cierto salario, salir a trabajar deja menos plata que quedarse. Heckman (1974) formalizó exactamente esto y mostró que el precio del cuidado infantil opera sobre la decisión de participar mucho más que sobre cuántas horas trabaja quien ya participa.
  2. Como impuesto implícito sobre el salario. Si el cuidado cuesta una fracción alta del sueldo esperado, el salario neto relevante cae. Cuando el costo del cuidado se acerca al salario de mercado, la tasa efectiva de tributación sobre la primera hora de trabajo se aproxima al 100%: trabajar es financieramente indistinto o peor.

Kimmel (1998) y Blau y Robins (1988), entre otros, estimaron esa elasticidad para Estados Unidos y encontraron respuestas de la participación femenina al precio del cuidado consistentemente negativas y económicamente relevantes. La literatura discute la magnitud —hay dispersión considerable según método y país—, pero no el signo.

Un rasgo importante: el costo del cuidado no se distribuye de forma neutra. Cae de manera desproporcionada sobre el ingreso secundario del hogar, que por normas sociales y por brechas salariales previas suele ser el de la mujer. Y como es un costo fijo, muerde proporcionalmente más fuerte a los salarios bajos. El resultado es una barrera regresiva: la mujer que menos gana es la que enfrenta la restricción más dura para entrar. Esto ayuda a explicar por qué la brecha de participación no se cierra sola con crecimiento económico.

En la contabilidad de la oferta laboral, el efecto tiene una segunda capa que suele ignorarse: la interrupción no solo cuesta el sueldo de los años ausentes. Cuesta la experiencia, los ascensos que no ocurrieron y la depreciación del capital humano específico. Adda, Dustmann y Stevens (2017) estiman que buena parte de la brecha salarial de género se explica por esa pérdida acumulada. Un año fuera del mercado laboral es más caro que un año de sueldo.

Cómo lo explicó el programa

El 9 de septiembre de 2026, discutiendo el proyecto de sala cuna, Manuel Bengolea puso el foco no en la infancia sino en la oferta laboral. Su tesis fue que el objetivo original de la norma no era de política de infancia sino estrictamente laboral: "el espíritu de la ley no era otro: facilitar a la madre el acceso y la continuidad laboral" (BTM, 9 de septiembre de 2026).

El diagnóstico numérico que acompañó la afirmación es el que da la dimensión del problema en Chile: una tasa de participación laboral femenina de 48% contra cerca de 70% en los hombres — más de veinte puntos de brecha. Leída con el marco de arriba, esa cifra no es un dato sociológico: es una masa de personas cuyo salario de reserva, inflado por el costo del cuidado, quedó por encima del salario que el mercado les ofrece. Y las dos palabras que Bengolea usó, acceso y continuidad, corresponden exactamente a los dos márgenes de la teoría: acceso es el umbral de entrada (el costo fijo), continuidad es la depreciación del capital humano por interrupción.

Relación con otros conceptos

La conexión más directa es con la oferta laboral y el salario de reserva: el cuidado infantil es el caso de manual de un costo fijo de participación, y por eso los efectos se ven en la decisión de entrar más que en las horas trabajadas.

Es inseparable de la incidencia de los beneficios laborales: quien paga formalmente un beneficio de cuidado no es necesariamente quien carga su costo. Si el mandato recae sobre el empleador y se asocia a un grupo identificable de trabajadoras, la teoría de la incidencia predice que parte del costo se traslada a los salarios o a las decisiones de contratación de ese grupo — de donde surge la discusión sobre titularidad del derecho y sobre si un beneficio ligado a la madre puede volverse un impuesto a contratar mujeres.

También toca la inversión en capital humano en la primera infancia: el mismo gasto puede justificarse como habilitador de la oferta laboral o como inversión en el desarrollo del niño, y esas dos justificaciones no piden el mismo diseño de programa ni la misma exigencia de calidad.

Finalmente, se cruza con la participación laboral femenina como fuente de crecimiento: en una economía con población envejeciendo, la fuerza laboral no utilizada es una de las pocas fuentes disponibles de aumento del producto potencial.

Fuentes y lecturas

  • Becker, G. (1965), A Theory of the Allocation of Time, The Economic Journal, 75(299).
  • Heckman, J. (1974), Effects of Child-Care Programs on Women's Work Effort, Journal of Political Economy, 82(2).
  • Blau, D. y Robins, P. (1988), Child-Care Costs and Family Labor Supply, The Review of Economics and Statistics, 70(3).
  • Adda, J., Dustmann, C. y Stevens, K. (2017), The Career Costs of Children, Journal of Political Economy, 125(2).
  • Blundell, R. y MaCurdy, T. (1999), Labor Supply: A Review of Alternative Approaches, en Handbook of Labor Economics, vol. 3A, Elsevier.

Apariciones