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Teoría

Creación de nuevas industrias exportadoras

Visto en 1 aparición de los programas.

Qué es

Una economía puede exportar más de lo mismo o puede aparecer exportando algo que antes no producía nadie. Lo primero es intensificación; lo segundo es descubrimiento, y la teoría del comercio tardó bastante en explicarlo bien.

El punto de partida clásico es la ventaja comparativa: un país se especializa en aquello donde su costo de oportunidad es menor (Ricardo, 1817), y con dotaciones de factores, en lo que usa intensivamente el factor que le abunda (Heckscher-Ohlin). El problema es que ese marco supone conocido el vector de costos. Nadie sabía en 1975 si el sur de Chile podía criar salmón atlántico a costo competitivo, porque eso no depende de la geografía sola: depende de sanidad, genética, logística de frío, certificaciones, crédito y de un mercado de trabajo con las destrezas específicas. La ventaja comparativa en un producto nuevo no se lee, se averigua, y averiguarla cuesta dinero.

Ahí entra la contribución central: Hausmann y Rodrik (2003) modelaron el desarrollo como autodescubrimiento. El primer empresario que prueba una actividad nueva paga el costo completo del experimento; si fracasa, pierde solo él, pero si acierta, los imitadores entran sin pagar nada y le disipan la renta. El retorno privado queda por debajo del social, así que el mercado, por sí solo, produce menos descubrimiento del que conviene. No es una falla exótica: es una externalidad de información, prima hermana de la que justifica las patentes. A eso se suman externalidades de coordinación —el packing no existe sin volumen y el volumen no existe sin packing— y aprendizaje por experiencia, cuya productividad crece con la producción acumulada más que con el tiempo (Arrow, 1962).

Un segundo ingrediente son los costos hundidos de exportar. Entrar a un mercado externo exige certificaciones, contratos, canales y reputación que no se recuperan si uno se retira; solo las firmas suficientemente productivas cruzan ese umbral, y por eso los exportadores son sistemáticamente distintos del promedio de su industria (Melitz, 2003). En economías chicas se agrega el argumento de escala: con rendimientos crecientes, el tamaño del mercado externo es condición de existencia del sector, no un premio (Krugman, 1980).

Por último, no todo descubrimiento es igual de fácil. La literatura del espacio de productos muestra que las capacidades son específicas y se reciclan entre bienes cercanos: un país salta con más probabilidad a productos que comparten know-how con los que ya domina (Hidalgo, Klinger, Barabási y Hausmann, 2007). Fruta de exportación y salmonicultura comparten mucho —manejo sanitario, cadena de frío, estándares de inocuidad, relación con retailers globales— y por eso la secuencia chilena tiene lógica, no azar. El mismo marco entrega la advertencia: diversificar dentro del vecindario de los recursos naturales aumenta la variedad exportada sin aumentar necesariamente la complejidad, y complejidad es lo que la evidencia asocia al crecimiento posterior (Hausmann, Hwang y Rodrik, 2007).

Cómo lo explicó el programa

En Buenas Tardes Mercado del 14 de agosto de 2026, bajo el tema "La capacidad de crear industrias exportadoras desde cero", Iván Marambio puso el foco no en el tamaño de cada sector sino en la habilidad de levantar sectores inexistentes: "Somos capaces de crear industrias nuevas desde cero". Su argumento es un inventario cronológico —no había cereza hace 20 años, ni arándanos hace 30, ni un solo salmón en 1989— y de ahí concluye que el activo del modelo es el proceso, no la foto. Agregó que eso convirtió a la población mundial en consumidor, con el 90% del PIB global relacionado comercialmente con el país, y que no tiene comparación en el hemisferio sur ni en América Latina.

Vale la pena traducir sus dos afirmaciones. La del 90% remite a la red de acuerdos comerciales: lo que se mide no es cuánto compra el mundo, sino qué proporción del producto mundial está cubierta por tratados vigentes. Es un dato de acceso, condición necesaria y no suficiente. Y la del salmón calza con la historia documentada del autodescubrimiento: el experimento inicial no lo hizo un privado maximizando, lo hizo Fundación Chile, que creó Salmones Antártica en 1982 y la vendió en 1988 —justo el patrón que predice Hausmann y Rodrik, con un actor semipúblico absorbiendo el costo del primer intento y el sector privado escalando después. Que Marambio elija el proceso por sobre el stock es, en clave teórica, elegir la capacidad de descubrir por sobre la dotación descubierta.

Relación con otros conceptos

Se apoya en la ventaja comparativa, pero la trata como resultado y no como dato. Convive con la política industrial moderna, entendida como subsidio al experimento con criterio de salida, y con el problema de la enfermedad holandesa, donde un sector primario muy rentable aprecia el tipo de cambio real y ahoga a los transables jóvenes: la diversificación exportadora es, en parte, la defensa contra eso. Se conecta con la complejidad económica, con los rendimientos crecientes a escala y con la teoría de los costos hundidos, y por el lado macro con la cuenta corriente y los términos de intercambio, que castigan a la canasta concentrada. Su contracara institucional son los bienes públicos sectoriales —sanidad vegetal y animal, certificación, I+D aplicada— sin los cuales el descubrimiento no escala.

Fuentes y lecturas

  • Hausmann, R. y Rodrik, D. (2003), Economic development as self-discovery, Journal of Development Economics 72(2).
  • Hidalgo, C., Klinger, B., Barabási, A.-L. y Hausmann, R. (2007), The Product Space Conditions the Development of Nations, Science 317.
  • Melitz, M. (2003), The Impact of Trade on Intra-Industry Reallocations and Aggregate Industry Productivity, Econometrica 71(6).
  • Krugman, P., Obstfeld, M. y Melitz, M., Economía internacional: teoría y política, Pearson (manual estándar; capítulos de economías de escala y comercio).
  • Meller, P. (1996), Un siglo de economía política chilena (1890-1990), Editorial Andrés Bello.

Apariciones