Teoría
Crecimiento como fuente de financiamiento del gasto social
Visto en 1 aparición de los programas.
Qué es
La idea es simple: el gasto social permanente se paga con ingresos permanentes, y la fuente más sostenible de ingresos públicos es una economía que crece. Cuando el PIB aumenta, la recaudación tributaria sube sin necesidad de cambiar las tasas de impuestos, porque crecen las ventas, los sueldos y las utilidades que se gravan. Con una economía estancada, el Estado tiene tres caminos para financiar más gasto: subir impuestos, endeudarse o recortar otras partidas. Los tres tienen costos y límites.
Hay tres mecanismos que conviene distinguir.
1. Recaudación que acompaña al producto. La carga tributaria (impuestos como porcentaje del PIB) es relativamente estable en el corto plazo. Si el PIB crece 4% al año, la recaudación tiende a crecer en torno a ese ritmo. Eso abre "espacio fiscal" para nuevos programas sin subir tasas. Si el PIB crece 0%, ese espacio desaparece y cada peso nuevo de gasto debe salir de otra parte.
2. La dinámica de la deuda. La deuda pública medida como porcentaje del PIB evoluciona aproximadamente según la siguiente relación, presente en cualquier manual de macroeconomía intermedia (Blanchard, 2017):
Δ(deuda/PIB) ≈ (r − g) × (deuda/PIB) − superávit primario/PIB
Aquí r es la tasa de interés real que paga el Estado y g la tasa de crecimiento real de la economía. Si el crecimiento supera a la tasa de interés, la razón deuda/PIB puede estabilizarse e incluso caer aunque el fisco tenga un pequeño déficit primario. Si el crecimiento es bajo y la tasa de interés es mayor, la deuda "se come sola": se necesitan superávits cada vez mayores solo para que no siga subiendo. Blanchard (2019) analizó cómo un escenario de r < g reduce el costo fiscal de la deuda, y subrayó también que esa condición no está garantizada y puede revertirse.
3. El mercado laboral. Más crecimiento significa más empleo formal, y eso afecta al fisco por los dos lados. Más personas cotizan y pagan impuestos, y menos personas necesitan transferencias o subsidios. La relación empírica entre producto y desempleo se conoce como ley de Okun (Okun, 1962). En el caso de las pensiones de reparto o mixtas, el empleo formal es además la base sobre la que se calculan las cotizaciones.
La relación también funciona en sentido inverso. Una parte del gasto público, como infraestructura, educación o seguridad, puede elevar la productividad y, por esa vía, el crecimiento. Barro (1990) formalizó este canal en un modelo de crecimiento endógeno: hasta cierto nivel, el gasto productivo financiado con impuestos aumenta el crecimiento, y más allá de ese punto el costo distorsionador de los impuestos domina. No todo gasto es productivo, y la forma de financiarlo importa.
Por último, el crecimiento depende en buena medida de la inversión, y la inversión depende de reglas del juego estables. La literatura institucional, con North (1990) como referencia clásica, sostiene que los derechos de propiedad seguros, el cumplimiento de contratos y la previsibilidad regulatoria reducen la incertidumbre y los costos de transacción, y que eso favorece la acumulación de capital.
Cómo lo explicó el programa
En el episodio del 19 de octubre de 2026 (bdm-2026-10-19), bajo el tema "Las demandas de 2019 no se financian sin crecimiento", el programa aplicó esta lógica a la situación chilena. El diagnóstico presentado combinaba un crecimiento cercano a cero, una inversión estancada, un desempleo alto y una deuda pública de 42% del PIB. Con ese escenario, se planteó que ninguna reforma de pensiones, plan de salud ni alza del salario mínimo es sostenible si la economía no vuelve a crecer.
La lectura conecta directamente con los tres mecanismos descritos:
- sin crecimiento no hay aumento automático de recaudación;
- con una deuda ya relevante y un g bajo, el endeudamiento adicional pierde margen;
- sin empleo, la base de cotizantes y contribuyentes no se expande.
La salida propuesta apuntaba a las condiciones para que vuelva la inversión: recuperar el orden público, despejar los permisos y dar certeza jurídica. En términos de la sección anterior, son los factores institucionales que bajan el riesgo de invertir.
Pepe Arias lo resumió así:
"la frustración se puede entender pero la destrucción no paga las cuentas"
La frase separa la legitimidad de las demandas sociales del problema de cómo financiarlas. Que una demanda sea legítima no genera por sí solo los recursos para cumplirla.
Relación con otros conceptos
Este concepto se apoya en la restricción presupuestaria intertemporal del gobierno: lo que el Estado gasta hoy por sobre lo que recauda debe pagarse más adelante, con mayores impuestos, menor gasto o, idealmente, con una economía más grande. De ahí su vínculo con la sostenibilidad de la deuda pública y con el diferencial r − g.
Se relaciona también con el balance estructural, la regla fiscal que Chile usa para separar los ingresos permanentes de los transitorios, como los asociados a un precio del cobre excepcionalmente alto. Comprometer gasto permanente con ingresos cíclicos es un error clásico de política fiscal. Lo mismo vale para el PIB potencial o tendencial: lo que importa para financiar gasto de largo plazo es el crecimiento sostenido, no un rebote de un año.
Por el lado del crecimiento, el concepto conecta con la inversión y la productividad total de factores, que en los modelos neoclásicos son los determinantes del crecimiento de largo plazo, y con la incertidumbre como factor que posterga decisiones de inversión. Finalmente, se cruza con la ley de Okun y con la informalidad laboral, que determinan cuánto del crecimiento se traduce en cotizaciones y recaudación.
Fuentes y lecturas
- Blanchard, O. (2017), Macroeconomics (7.ª ed.), Pearson.
- De Gregorio, J. (2007), Macroeconomía. Teoría y políticas, Pearson Educación.
- Blanchard, O. (2019), "Public Debt and Low Interest Rates", American Economic Review, 109(4). https://doi.org/10.1257/aer.109.4.1197
- Barro, R. J. (1990), "Government Spending in a Simple Model of Endogenous Growth", Journal of Political Economy, 98(5).
- North, D. C. (1990), Institutions, Institutional Change and Economic Performance, Cambridge University Press.