Teoría
El crecimiento como variable resultante
Visto en 1 aparición de los programas.
Qué es
Hay dos maneras de mirar el crecimiento económico. La primera lo trata como un objetivo que se persigue de frente: si la economía crece poco, se la empuja. La segunda lo trata como un resultado contable y causal de otras variables que sí son manejables —cuánto se invierte, cuánta gente trabaja, con qué productividad—, y en la que la cifra de crecimiento no es una palanca sino un marcador.
La segunda mirada tiene una formalización explícita. La contabilidad del crecimiento descompone la variación del producto en la contribución del capital, la del trabajo y un residuo que recoge todo lo demás; el modelo que le dio estructura es el de Solow (1956), donde el producto por trabajador de largo plazo queda determinado por la tasa de ahorro/inversión, el crecimiento de la población y la depreciación, y donde el crecimiento sostenido del ingreso por persona solo puede venir del progreso técnico. Ese residuo —la productividad total de factores— se llama justamente "residuo de Solow" porque es lo que queda después de contar lo demás: la definición misma de variable resultante. Mankiw, Romer y Weil (1992) mostraron que una versión ampliada con capital humano explica una porción sustancial de las diferencias de ingreso entre países, y Romer (1990) hizo endógeno el progreso técnico, pero ninguna de esas extensiones cambia la gramática: el crecimiento sigue siendo el output del sistema, no su input.
Conviene ser honesto con la tensión que esto esconde, porque no es una verdad absoluta sino una verdad de horizonte. En el corto plazo la demanda agregada sí mueve la actividad: un impulso fiscal o una baja de tasas cambia el producto observado, y esa es exactamente la lógica del multiplicador de Keynes (1936) y del acelerador de la inversión formalizado por Samuelson (1939). Lo que dice la teoría del crecimiento es que ese margen es transitorio y acotado: por encima del producto potencial, el estímulo se traduce en inflación antes que en crecimiento —la idea de tasa natural de Friedman (1968)—, y la trayectoria de largo plazo vuelve a quedar gobernada por inversión, empleo y productividad. Blanchard organiza los manuales modernos justamente sobre esa separación de plazos: corto plazo demanda, mediano plazo oferta, largo plazo crecimiento.
El puente entre empleo y actividad no es retórico, tiene una regularidad empírica con nombre: la ley de Okun (1962), que vincula variaciones del desempleo con variaciones del producto. Y hay un elemento aritmético que suele confundirse con crecimiento genuino: el arrastre estadístico (o efecto base). Cuando un período de comparación fue muy malo, la variación en doce meses del período siguiente sale alta aunque el nivel de actividad apenas se haya movido. Es un artefacto de la base de comparación, no una mejora de las condiciones productivas —aunque, en un punto que el programa subraya bien, sí tiene consecuencias reales sobre expectativas y sobre las cifras que se arrastran al año siguiente.
Cómo lo explicó el programa
En Buenos Días Mercado del 10 de agosto de 2026, bajo el tema "El crecimiento económico es un resultado, no un estímulo", Willy Díaz puso la idea en una frase que resume el concepto completo: "hay que pensar siempre que el crecimiento económico es el resultado de cómo se hagan las cosas".
El desarrollo del punto siguió la cadena causal en el orden correcto. El IMACEC —el indicador mensual de actividad del Banco Central— no mejora porque se lo empuje: es el resultado de otras cosas, fundamentalmente la inversión y el empleo. El mecanismo que describió para el empleo es el más concreto de todos: el trabajo pone a gastar a gente que antes no tenía ingresos, y ese gasto es el que enciende el círculo virtuoso. Sobre la inversión, apuntó a los proyectos destrabados —varios miles de millones de dólares— como el motor que debería activar la economía.
A eso el programa le sumó, con la distinción bien hecha, el componente aritmético: como el primer semestre fue muy negativo y el año anterior terminó mal, en algún mes se podría llegar a crecer 2% o 3% por efecto base, y ese "vuelito" se arrastra al 2027. Es una lectura fiel del arrastre estadístico: no se presentó la cifra alta como prueba de una economía sana, sino como un número que en parte viene de la base de comparación.
Relación con otros conceptos
El concepto se apoya en el producto potencial, que es el techo desde el cual el estímulo deja de producir crecimiento y empieza a producir inflación, y por lo tanto se conecta con la brecha de actividad que guía la política monetaria. La formación bruta de capital fijo y la tasa de inversión son sus insumos directos, igual que la productividad total de factores, que es donde se juega el crecimiento de largo plazo una vez agotada la acumulación de factores. Por el lado del trabajo, enlaza con el desempleo y la participación laboral a través de la ley de Okun, y con el multiplicador del gasto cuando el ingreso nuevo se convierte en consumo. Finalmente, el arrastre estadístico es su complemento incómodo: obliga a distinguir la variación medida del nivel de actividad, que es lo único que se traduce en bienestar.
Fuentes y lecturas
- Solow, R. (1956), A Contribution to the Theory of Economic Growth, Quarterly Journal of Economics, 70(1).
- Okun, A. (1962), Potential GNP: Its Measurement and Significance, Proceedings of the Business and Economic Statistics Section, American Statistical Association.
- Mankiw, N. G., Romer, D. y Weil, D. (1992), A Contribution to the Empirics of Economic Growth, Quarterly Journal of Economics, 107(2).
- De Gregorio, J. (2007), Macroeconomía: Teoría y Políticas, Pearson–Prentice Hall. (Manual escrito desde y para el caso chileno, por un ex presidente del Banco Central de Chile.)
- Blanchard, O., Macroeconomía, Pearson. (Capítulos de mediano y largo plazo, donde se separa lo que la demanda puede mover de lo que no.)