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Teoría

Datos personales como activo empresarial

Visto en 1 aparición de los programas.

Qué es

Una base de datos de clientes es un activo en el sentido económico estricto: un stock acumulado que rinde un flujo de servicios futuros. Lo particular es que casi nunca se compra —se produce como subproducto de otra actividad—. La empresa vende pan, seguros o pasajes, y al hacerlo registra nombres, direcciones, frecuencias de compra, montos y medios de pago. Nadie decidió invertir en esa base; se formó sola, y su costo marginal de producción es prácticamente cero porque el registro ya era necesario para despachar, facturar o cobrar.

De ahí sale su rentabilidad. La información reduce el costo de búsqueda de las dos partes de un mercado (Stigler, 1961): una empresa que sabe quién compra qué, cuándo y a qué precio deja de prospectar a ciegas. Y le permite pasar de un precio único a cobrar según la disposición a pagar de cada segmento —lo que Pigou (1920) llamó discriminación de precios de tercer grado—, que es la forma más directa de convertir información en margen. El manual de la economía de la información describe ese mismo movimiento como versionado y personalización: con costos marginales cercanos a cero, la ventaja competitiva se juega en conocer al comprador, no en producir la unidad siguiente (Shapiro y Varian, 1999).

La segunda propiedad es la que explica que estas bases se transen. Los datos son no rivales: que una empresa los use no impide que otra los use al mismo tiempo, de modo que el mismo registro puede venderse muchas veces sin agotarse. Jones y Tonetti (2020) muestran que justamente por eso la asignación de mercado tiende a ser ineficiente, y que quién sea el dueño del dato —la empresa, el intermediario o la persona— cambia el resultado agregado, no solo el reparto.

La tercera es una externalidad. Cuando dos empresas se venden una base entre sí, la transacción tiene un tercero afectado que no está en la mesa: el titular. En el marco de Coase (1960), si negociar fuera gratis daría lo mismo a quién se le asigne el derecho, porque las partes lo comprarían hasta llegar al uso más valioso. Pero acá los costos de transacción son enormes —millones de titulares, con un interés individual chico y difuso frente a un interés corporativo concentrado—, así que la negociación no ocurre nunca y el derecho se asigna por regulación en vez de por contrato. Posner (1981) defendió que restringir esa circulación reduce eficiencia, porque permite ocultar información relevante; la revisión de literatura de Acquisti, Taylor y Wagman (2016) concluye que el efecto neto sobre el bienestar es ambiguo y depende del contexto: hay usos que abaratan el crédito y otros que solo redistribuyen excedente desde el consumidor hacia la empresa.

Un detalle contable cierra el cuadro y explica por qué el activo es invisible. La NIC 38 prohíbe reconocer como intangible una lista de clientes generada internamente. O sea: la base más valiosa de una empresa no figura en su balance mientras la empresa siga en manos de su dueño, y aparece recién cuando alguien la compra, disuelta dentro del goodwill. El activo existe económicamente mucho antes de existir contablemente. Y trae adosado un pasivo contingente —multas, filtraciones, pérdida reputacional— que tampoco se provisiona hasta que se materializa.

En Chile el marco cambió: a la vieja Ley 19.628 sobre protección de la vida privada se suma la Ley 21.719, publicada en diciembre de 2024, que crea una Agencia de Protección de Datos Personales con potestad sancionatoria y entra en vigencia de forma diferida. Con eso, tratar la base como un activo transable sin control deja de ser un asunto reputacional y pasa a ser un riesgo cuantificable.

Cómo lo explicó el programa

En Buenas Tardes Mercado del 2 de septiembre de 2026 (btm-2026-09-02), el panel dedicó el tema «Las bases de datos como el gran activo de las empresas» exactamente a este punto: cualquier empresa que vende termina acumulando, sin proponérselo, una base con nombre, dirección, hábitos y medio de pago de sus clientes, y esas bases se transan como producto entre industrias.

El programa puso el acento en la consecuencia para el tercero que no está en la transacción. Libardo Buitrago lo resumió así: «para quienes nos están escuchando ya todos estamos perfilados». La frase describe con precisión el estado final de un mercado donde el bien es no rival y la negociación con el titular es prohibitivamente cara: el perfil no se construye en un lugar, se reconstruye por agregación en muchos, y el titular pierde de vista dónde terminan sus datos porque nunca participó en ninguno de esos traspasos.

Relación con otros conceptos

El puente natural es con la asimetría de información: la base invierte quién sabe más en la transacción, y una empresa que conoce el historial de pagos de alguien enfrenta un problema de selección adversa mucho menor que quien no lo conoce. De ahí que estas bases sean el insumo de los registros de crédito y de la evaluación de riesgo.

Del lado de la empresa, conecta con las economías de escala y las externalidades de red: cada usuario nuevo mejora el servicio para todos, lo que refuerza posiciones dominantes y lleva la discusión al terreno de las barreras a la entrada y la libre competencia. Y por su carácter no rival y acumulable, la base se comporta como capital intangible, con la misma dificultad de medición que tienen las marcas o el conocimiento organizacional en la contabilidad del crecimiento.

Fuentes y lecturas

  • Stigler, G. (1961), The Economics of Information, Journal of Political Economy 69(3).
  • Pigou, A. C. (1920), The Economics of Welfare, Macmillan (libro III, sobre discriminación de precios).
  • Shapiro, C. y Varian, H. (1999), Information Rules: A Strategic Guide to the Network Economy, Harvard Business School Press.
  • Acquisti, A., Taylor, C. y Wagman, L. (2016), The Economics of Privacy, Journal of Economic Literature 54(2).
  • Jones, C. y Tonetti, C. (2020), Nonrivalry and the Economics of Data, American Economic Review 110(9).

Apariciones