Teoría
Desigualdad regional del ingreso dentro de un país
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Qué es
La desigualdad regional del ingreso mide cuán distinto es el ingreso por habitante entre los territorios de un mismo país. No es lo mismo que la desigualdad personal —dos países con idéntico Gini de hogares pueden tener uno un mapa parejo y el otro un archipiélago de bolsones ricos rodeados de pobreza— y por eso se mide aparte: dispersión del PIB o del ingreso per cápita entre regiones (ponderada por población), o un índice de Theil, que tiene la propiedad útil de descomponerse en la parte que ocurre entre regiones y la que ocurre dentro de cada una. Esa descomposición es la que decide si un problema se ataca con política territorial o con política de ingresos.
La discusión teórica lleva medio siglo tensada entre dos fuerzas. La primera empuja hacia la igualación: en el modelo neoclásico de crecimiento el capital rinde más donde es escaso, así que debería fluir hacia las regiones pobres y hacer que crezcan más rápido que las ricas. Es la hipótesis de convergencia, que Barro y Sala-i-Martin (1991) midieron sobre los estados de Estados Unidos y las regiones europeas y encontraron real pero lenta: alrededor de 2% anual de cierre de la brecha, lo que significa medio siglo para eliminar la mitad de una diferencia.
La segunda fuerza empuja al revés. Myrdal (1957) la llamó causación circular acumulativa: la región que parte adelante atrae capital, talento y servicios, y ese atractivo la refuerza. Krugman (1991) le dio forma formal en la nueva geografía económica, mostrando cómo la interacción entre rendimientos crecientes, costos de transporte y movilidad del trabajo produce concentración en equilibrio —la aglomeración no es un accidente institucional, es lo que ocurre cuando conviene producir cerca del mercado y el mercado está donde ya hay gente produciendo—. Williamson (1965) propuso que ambas fuerzas se turnan: la desigualdad regional sube en las primeras etapas del desarrollo y baja después, una U invertida en el espacio análoga a la que Kuznets había propuesto para las personas.
Hay una tercera pieza, y es la que más importa para el caso chino. Lewis (1954) describió una economía dual: un sector moderno de alta productividad y otro de subsistencia con enormes excedentes de mano de obra, donde el ingreso no se fija por productividad marginal sino por costumbre. Mientras exista ese reservorio, el sector moderno puede crecer sin que los salarios suban —y sin que el consumo interno crezue al ritmo de la producción—. Cuando la desigualdad regional coincide con esa dualidad, deja de ser un problema de equidad y pasa a ser un problema macroeconómico: un país puede tener un mercado interno mucho más chico que su población, porque la mitad de esa población no participa en él con capacidad de gasto.
Cómo lo explicó el programa
El 7 de septiembre de 2026, en Buenas Tardes Mercado, el tema fue por qué el consumo chino no está tomando la posta del crecimiento. Manuel Bengolea planteó que el problema no es que falten habitantes, sino dónde están y con qué cuentan: "si tú te metes a la China del centro y a la China profunda, no tienen con qué consumir".
El argumento tiene dos mitades. La primera: el consumo de la franja este —las provincias costeras, las que concentran la industria exportadora y las grandes ciudades— ya es alto y luce agotado como fuente de crecimiento adicional. La segunda: en la China central y profunda viven entre 400 y 500 millones de personas cuyo ingreso simplemente no da para sostener demanda agregada relevante. Sumadas, describen exactamente la asimetría espacial que la teoría anticipa cuando la aglomeración gana y la convergencia llega tarde.
De ahí sale la parte más filosa de la exposición: trasladar población a los departamentos vacíos —el enorme excedente inmobiliario chino— no resuelve nada, porque el punto no es la vivienda sino de qué van a vivir y en qué van a trabajar esas personas una vez instaladas. Mover gente cambia la geografía de la pobreza, no el ingreso. Sin un empleo que pague, la vivienda es un activo que se ocupa, no un consumidor que se crea.
Relación con otros conceptos
Este concepto es la cara espacial de la desigualdad del ingreso medida sobre personas, y comparte con ella instrumentos (coeficiente de Gini, índice de Theil) pero no diagnóstico. Se apoya en la hipótesis de convergencia del crecimiento neoclásico y en su contracara, las economías de aglomeración de la nueva geografía económica. La lectura de Bengolea la conecta directamente con el consumo como componente de la demanda agregada y con la propensión marginal a consumir, que es alta en los hogares de ingreso bajo pero irrelevante si el ingreso no existe. También toca la economía dual de Lewis, la migración rural-urbana y —en el caso chino— el rebalanceo de la economía hacia el consumo interno, junto con el problema de qué hacer con el exceso de capacidad instalada que dejó el ciclo inmobiliario.
Fuentes y lecturas
- Jeffrey G. Williamson (1965), Regional Inequality and the Process of National Development: A Description of the Patterns, Economic Development and Cultural Change 13(4).
- Robert Barro y Xavier Sala-i-Martin (1991), Convergence across States and Regions, Brookings Papers on Economic Activity 1991(1).
- Paul Krugman (1991), Increasing Returns and Economic Geography, Journal of Political Economy 99(3).
- W. Arthur Lewis (1954), Economic Development with Unlimited Supplies of Labour, The Manchester School 22(2).
- Ravi Kanbur y Anthony Venables, eds. (2005), Spatial Inequality and Development, Oxford University Press.
- Michael Pettis (2013), The Great Rebalancing: Trade, Conflict, and the Perilous Road Ahead for the World Economy, Princeton University Press.