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Teoría

Deslocalización de la producción (offshoring)

Visto en 1 aparición de los programas.

Qué es

La deslocalización de la producción —offshoring— es el traslado de etapas del proceso productivo fuera de las fronteras del país donde la empresa vende o tiene su casa matriz. Conviene separarla de dos cosas con las que se la confunde. No es lo mismo que la externalización (outsourcing), que se refiere a quién ejecuta la tarea —la propia firma u otra—; la deslocalización se refiere a dónde. Cruzando ambos ejes quedan cuatro casos: producir en casa con gente propia, encargarlo a un tercero local, abrir una filial en el extranjero (offshoring cautivo) o comprarle a un proveedor extranjero independiente. Y tampoco es sinónimo de "importar": lo distintivo es que se fragmenta una cadena que antes era indivisible, de modo que el bien final cruza la frontera varias veces en distintos estados de terminación.

La base teórica es antigua. Ricardo (1817) mostró que a dos países les conviene especializarse según su ventaja comparativa, y el modelo de dotaciones de factores de Ohlin (1933) predice que cada país se especializa en lo que usa intensivamente el factor que tiene en abundancia. Lo nuevo del último medio siglo es la unidad de análisis: ya no se comercian bienes completos, sino tareas. Grossman y Rossi-Hansberg (2008) formalizaron ese giro y mostraron que, junto al efecto habitual sobre los precios relativos, la deslocalización produce un "efecto productividad" que puede subir el salario incluso del factor cuyas tareas se van al extranjero. Feenstra (1998) había descrito el fenómeno como la paradoja de una economía mundial con integración del comercio y desintegración de la producción. Vernon (1966) ya lo anticipaba con su ciclo del producto: lo que se inventa en un país rico termina fabricándose donde es barato, una vez que el diseño se estandariza. Y Baldwin (2016) lo ordena como un "segundo desacople": la primera globalización abarató mover mercancías, la segunda abarató mover ideas y coordinación, lo que permitió separar geográficamente fábrica y conocimiento sin perder el control.

Que una etapa se deslocalice y además se le encargue a un tercero depende de los costos de transacción. Coase (1937) planteó que la frontera de la empresa está donde coordinar internamente cuesta lo mismo que comprar en el mercado; Williamson (1985) agregó que la especificidad de los activos y el riesgo de oportunismo empujan a integrar. Por eso una marca externaliza el ensamblaje y casi nunca el diseño ni el control de calidad crítico.

Las consecuencias distributivas son la parte incómoda. Feenstra y Hanson (1996) mostraron que la deslocalización de las etapas menos calificadas eleva la demanda relativa de trabajo calificado en el país de origen, y Autor, Dorn y Hanson (2013) midieron que el shock de las importaciones chinas dejó efectos locales persistentes en empleo y salarios, no un reacomodo rápido como suponía el modelo de libro. Blinder (2006) hizo notar algo que sigue siendo útil: lo que determina si un empleo es deslocalizable no es su nivel de calificación, sino si el servicio se entrega en persona o puede entregarse por un cable. Un contador puede estar más expuesto que un maestro gásfiter.

Cómo lo explicó el programa

En Buenos Días Mercado del 11 de septiembre de 2026, bajo el tema "De la sociedad fabril a la economía de servicios", Willy Díaz usó la deslocalización como bisagra de un argumento más amplio sobre cambio estructural. Partió del contraste con la organización del trabajo heredada de Taylor (1911) y Fayol (1916), pensada para la fábrica, para describir hacia dónde se movió el peso de la economía: "vamos migrando a una sociedad donde el sector de los servicios son mucho más relevantes que las capacidades productivas en lo tradicional".

El ejemplo que dio es preciso y vale la pena retenerlo, porque es exactamente el fenómeno que en la literatura se llama factoryless goods producer: hay empresas que cerraron su producción y siguen vendiendo lo mismo, ahora importado desde China o India. La marca, el diseño, la distribución y el servicio postventa se quedaron; la línea de montaje se fue. Vista desde la contabilidad nacional, esa empresa dejó de ser industria y pasó a ser comercio o servicios sin que el cliente notara diferencia alguna. Es la "curva sonriente" que popularizó Stan Shih: el valor agregado se concentra en los extremos de la cadena —investigación y diseño por un lado, marca y distribución por el otro— y se adelgaza justo en el medio, que es donde estaba el empleo fabril.

De ahí Díaz sacó la conclusión operativa: eso obliga a que universidades y centros de formación técnica corran la barrera de habilidades y aptitudes. Si las tareas que sobreviven localmente son las no deslocalizables —las que exigen presencia, coordinación, trato con personas o juicio no rutinario—, el sistema formativo no puede seguir entrenando para el puesto que se fue.

Relación con otros conceptos

La deslocalización es el mecanismo concreto detrás de las cadenas globales de valor y una de las causas del cambio estructural hacia servicios que describieron Clark (1940) y, en su versión de costos, Baumol (1967). Se conecta con la polarización del empleo, porque las tareas rutinarias son a la vez las más automatizables y las más deslocalizables (Autor, Levy y Murnane, 2003), y por esa vía con el capital humano y el calce de competencias: el argumento formativo del programa es su corolario directo. En el plano de la empresa dialoga con la teoría de los costos de transacción y las fronteras de la firma. Para economías como la chilena, el concepto vecino obligado es la desindustrialización prematura (Rodrik, 2016): perder participación manufacturera con un ingreso per cápita muy inferior al que tenían los países ricos cuando les pasó lo mismo. Y su reverso contemporáneo es el reshoring y el friend-shoring, donde el costo laboral deja de ser el único criterio y entra la resiliencia de la cadena.

Fuentes y lecturas

  • Krugman, P., Obstfeld, M. y Melitz, M. (2018), Economía internacional: teoría y política, 11ª ed., Pearson. — El manual estándar; los capítulos de fragmentación de la producción y de distribución del ingreso son el punto de entrada.
  • Grossman, G. y Rossi-Hansberg, E. (2008), "Trading Tasks: A Simple Theory of Offshoring", American Economic Review 98(5). https://doi.org/10.1257/aer.98.5.1978
  • Feenstra, R. (1998), "Integration of Trade and Disintegration of Production in the Global Economy", Journal of Economic Perspectives 12(4).
  • Baldwin, R. (2016), The Great Convergence: Information Technology and the New Globalization, Harvard University Press.
  • Rodrik, D. (2016), "Premature Deindustrialization", Journal of Economic Growth 21(1).

Apariciones