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Teoría

Empleo público versus empleo privado como fuente de riqueza

Visto en 1 aparición de los programas.

Qué es

La pregunta detrás de este concepto es vieja y sigue viva: ¿todo trabajo remunerado crea riqueza, o hay trabajo que solo la traslada? Adam Smith la formuló en 1776 al distinguir entre trabajo productivo —el que se fija en un bien vendible y repone con creces lo que costó— y trabajo improductivo, categoría en la que puso explícitamente al soberano, sus funcionarios y sus ejércitos: útiles, incluso indispensables, pero mantenidos "por una parte del producto anual del trabajo de otros" (Smith, 1776). La distinción de Smith es tosca —hoy nadie diría que un juez o una profesora no producen valor— pero apunta a algo que la contabilidad nacional todavía arrastra.

El punto contable es este: el sistema de cuentas nacionales valora la producción no transada en mercado al costo de sus insumos, principalmente remuneraciones. No hay precio de mercado para "un año de fiscalización tributaria", así que el PIB registra lo que se pagó por producirla. La consecuencia es incómoda y no ideológica: contratar cien mil funcionarios aumenta el PIB medido por construcción, cualquiera sea el valor que esos funcionarios agreguen, mientras que contratar cien mil trabajadores privados aumenta el PIB solo si alguien está dispuesto a pagar por lo que producen. Por eso el empleo público es una mala variable para leer creación de riqueza, y una razonable para leer decisión política de gasto.

El segundo hilo es el desplazamiento (crowding out). El empleo público se financia con impuestos, deuda o inflación, y las tres cosas salen del mismo sector transable que emplea al resto. Además compite por los mismos trabajadores: si el Estado ofrece salarios y estabilidad por sobre el equilibrio de mercado, sube el salario de reserva y encarece la contratación privada. Algan, Cahuc y Zylberberg (2002) estimaron sobre un panel de países de la OCDE que la creación de empleo público no solo no reduce el desempleo, sino que desplaza empleo privado en una proporción cercana a uno y medio por uno. El resultado es discutido y depende fuertemente del período y de la especificación, pero la dirección se ha replicado en trabajos posteriores; Behar y Mok (2013) encuentran desplazamiento parcial y más débil en países en desarrollo, donde el sector formal es chico y el margen ocioso es mayor.

El tercer hilo corrige a los dos anteriores y es el que impide que esto se vuelva una consigna. Barro (1990) modeló el gasto público separando el improductivo del que entra directamente en la función de producción privada —infraestructura, seguridad, justicia, definición y defensa de derechos de propiedad—. En ese modelo existe un tamaño del Estado que maximiza el crecimiento: por debajo de él, más Estado hace crecer más rápido; por encima, la carga tributaria que lo financia pesa más que el servicio que presta. Con North (1990) el argumento se completa: las reglas —el orden institucional que baja los costos de transacción— son un insumo productivo y las produce el sector público. Un fiscalizador que reduce la evasión, un juez civil que hace cumplir contratos y un regulador que abre un mercado a la competencia habilitan riqueza privada que no existiría sin ellos.

De modo que la pregunta correcta no es "público o privado", sino qué hace cada empleo público en el margen: si compra reglas que habilitan producción privada, o si compra actividad que la desplaza. Y ahí la literatura de elección pública advierte que el margen tiende a moverse hacia arriba por razones internas: el burócrata maximiza presupuesto y planta, no producto (Niskanen, 1971), y el empleo público sirve además como mecanismo de redistribución regional y clientelar difícil de revertir, porque cada plaza tiene un beneficiario concentrado y un costo difuso (Alesina, Danninger y Rostagno, 2001).

Cómo lo explicó el programa

En Buenas Tardes Mercado del 10 de septiembre de 2026, bajo el tema "Origen del empleo y del crecimiento", Libardo Buitrago apuntó justamente contra el supuesto implícito que hace innecesaria toda esta discusión: "Como que si el empleo se genera de manera espontánea y ahí está, se genera el empleo y listo". El argumento del panel fue que en la experiencia comparada el crecimiento lo empuja el sector privado operando bajo reglas claras que fija el sector público —el reparto de papeles de Barro y North, dicho en radio—, y que el empleo requiere que las empresas crezcan y que aparezca emprendimiento nuevo, no que alguien lo decrete.

Sobre esa base, el panel sostuvo que la expansión del Estado —hasta cien mil funcionarios contratados en los últimos años, según la cifra que se manejó al aire— "no produce riqueza sino que la quita". Conviene leer esa frase con la distinción del apartado anterior a la vista: en su versión fuerte es la tesis de Smith, discutible; en su versión defendible es la observación contable y de desplazamiento, que sí se sostiene. La cifra citada es la afirmación del panelista y merece verificarse contra la estadística de empleo del INE y las dotaciones de la Dipres antes de darla por establecida.

Relación con otros conceptos

Este concepto se apoya en el efecto desplazamiento, que es su mecanismo central, y en la restricción presupuestaria intertemporal del Estado, que explica por qué una contratación de hoy es un impuesto de mañana. Se cruza con la productividad total de factores: si el empleo agregado crece más rápido que el producto, la productividad media cae, y da lo mismo de qué sector venga el empleo. La enfermedad de costos de Baumol explica por qué el gasto público en servicios intensivos en trabajo —salud, educación, justicia— sube su costo relativo sin que nadie esté siendo ineficiente. Del lado que justifica al Estado están los bienes públicos y las fallas de mercado, junto con la teoría de los derechos de propiedad y los costos de transacción. Y del lado que lo vigila, la búsqueda de rentas y la asimetría entre beneficios concentrados y costos difusos, que es la razón por la que una planta pública es fácil de crear y casi imposible de reducir.

Fuentes y lecturas

  • Smith, A. (1776), An Inquiry into the Nature and Causes of the Wealth of Nations, Libro II, cap. III (trabajo productivo e improductivo).
  • Barro, R. J. (1990), "Government Spending in a Simple Model of Endogenous Growth", Journal of Political Economy 98(5), S103–S125.
  • Algan, Y., Cahuc, P. y Zylberberg, A. (2002), "Public Employment and Labour Market Performance", Economic Policy 17(34), 7–65.
  • Alesina, A., Danninger, S. y Rostagno, M. (2001), "Redistribution Through Public Employment: The Case of Italy", IMF Staff Papers 48(3).
  • Stiglitz, J. E. y Rosengard, J. K. (2015), Economics of the Public Sector, 4.ª ed., W. W. Norton (manual estándar sobre qué justifica y qué no la provisión estatal).

Apariciones