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Teoría

Empobrecimiento relativo por depreciación del ingreso medido en moneda local

Visto en 2 apariciones de los programas.

Qué es

El empobrecimiento relativo por depreciación del ingreso medido en moneda local es la pérdida de poder adquisitivo internacional que sufre un hogar, una empresa o un país cuando su moneda se deprecia frente a una divisa de referencia —típicamente el dólar— mientras sus ingresos siguen denominados en moneda nacional. No es un empobrecimiento "absoluto" en el sentido de que la persona reciba menos pesos: es que los mismos pesos compran menos de todo aquello cuyo precio está anclado, directa o indirectamente, al dólar.

La distinción clave es entre ingreso nominal, poder adquisitivo interno y poder adquisitivo externo. Si el tipo de cambio pasa de $860 a $959 por dólar y el sueldo de una persona no se mueve, su ingreso medido en dólares cayó 10,3% —de US$1.163 a US$1.043 para un sueldo de $1.000.000— aun cuando la inflación interna sea baja. La disolución de esa aparente paradoja está en la teoría de la paridad de poder de compra y en su fracaso empírico de corto plazo: los precios internos son rígidos y se ajustan lentamente, mientras el tipo de cambio nominal salta en cuestión de días. Rogoff (1996) documentó el "enigma de la paridad de poder de compra": las desviaciones del tipo de cambio real respecto de su nivel de equilibrio tardan entre tres y cinco años en disiparse a la mitad. Durante ese intervalo, el empobrecimiento en dólares es real y persistente.

El canal de transmisión hacia el bolsillo opera por el traspaso cambiario (exchange rate pass-through): la proporción de la depreciación que termina en los precios domésticos. Ese traspaso no es uno a uno ni inmediato —Campa y Goldberg (2005) lo estimaron incompleto y heterogéneo entre países y categorías de bienes— y por eso la pérdida se siente primero en lo transable (pasajes, electrónica, combustibles, viajes, insumos importados) y solo después, parcialmente, en el resto de la canasta. Para una economía pequeña y abierta como la chilena, donde la matriz de consumo tiene un componente importado significativo, la depreciación equivale a un deterioro de los términos de intercambio percibidos por el consumidor, aunque las exportaciones estén mejor.

Hay una segunda capa, distributiva, que suele quedar oculta. La depreciación redistribuye: favorece a quienes tienen ingresos o activos en dólares —exportadores, tenedores de activos externos, el fisco cuando recauda por cobre— y perjudica a quienes tienen ingresos en pesos y obligaciones o consumos dolarizados. Por eso el efecto agregado sobre el producto puede ser expansivo mientras el efecto sobre el asalariado promedio es contractivo. Krugman y Taylor (1978) formalizaron la posibilidad de devaluaciones contractivas: si la propensión a ahorrar de los ganadores (empresas, exportadores) supera la de los perdedores (asalariados), la redistribución del ingreso deprime la demanda agregada en vez de estimularla.

Finalmente, conviene separar la causa. Una depreciación puede originarse en un shock local —deterioro fiscal, incertidumbre política, caída del precio del cobre— o en un movimiento global del dólar contra todas las monedas. El empobrecimiento relativo se siente igual en ambos casos, pero el diagnóstico y la política son distintos: contra un shock global, la pregunta es cuánto de la volatilidad conviene absorber con reservas y cuánto dejar que el tipo de cambio flexible haga su trabajo de amortiguador, que es precisamente la función que Friedman (1953) le asignó al régimen flotante.

Cómo lo explicó el programa

En el capítulo del 17 de septiembre de 2026 de Buenas Tardes Mercado, el tema fue por qué nadie le acierta al dólar y qué lo está moviendo. Pepe Arias abrió con una advertencia de método antes que de pronóstico: "El que intente predecir el valor del dólar se va a pillar los dedos."

El argumento del panel es interesante porque separa las dos cosas que el concepto exige separar: predecir el nivel del tipo de cambio es imposible, pero identificar las variables que lo empujan es perfectamente factible y están a la vista. En el recuento del programa, el dinero se está encareciendo en Estados Unidos por dos vías simultáneas —el peso de su propia deuda y la demanda de financiamiento que está generando la inversión en inteligencia artificial—, y a eso se suman el conflicto bélico, el petróleo y el reconocimiento tardío del nivel de endeudamiento estadounidense, cuyos intereses anuales, según el dato que manejó el panel, equivalen a unas tres veces el PIB de Chile. El salto de $860 en febrero a $959 en septiembre se describió como un efecto dominó de esos factores.

La conclusión del programa es exactamente la definición del concepto, dicha sin tecnicismos: quienes vivimos en pesos somos más pobres. No porque alguien haya perdido el empleo ni porque la inflación interna se haya disparado, sino porque el mismo ingreso, medido contra la divisa que fija el precio de buena parte de lo que se consume e invierte, vale un 10% menos que a comienzos de año.

Relación con otros conceptos

Este concepto es la cara doméstica del traspaso cambiario a precios: sin traspaso completo, el empobrecimiento aparece primero como pérdida de poder de compra externo y solo después como inflación. Se apoya en la paridad de poder de compra como referencia teórica y en su incumplimiento de corto plazo como explicación de por qué la pérdida no se corrige sola. Está emparentado con el tipo de cambio real —el precio relativo de los bienes transables contra los no transables—, cuyo aumento es justamente lo que mide la caída del salario en dólares.

Se conecta también con el shock de costos y su dilema para el banco central: si la depreciación viene de afuera, subir la tasa para defender la moneda sacrifica actividad sin atacar la causa. Y con la discusión de términos de intercambio, porque una depreciación que acompaña un alza del cobre tiene efectos netos distintos de una que acompaña su caída. Finalmente, el descalce de monedas describe la versión corporativa y fiscal del mismo problema: ingresos en una moneda y obligaciones en otra.

Fuentes y lecturas

  • Blanchard, O. y Johnson, D. (2013), Macroeconomics, 6ª ed., Pearson. Capítulos de economía abierta: tipo de cambio nominal, real y efectos de una depreciación sobre el ingreso.
  • Rogoff, K. (1996), "The Purchasing Power Parity Puzzle", Journal of Economic Literature, 34(2), pp. 647-668.
  • Campa, J. M. y Goldberg, L. S. (2005), "Exchange Rate Pass-Through into Import Prices", The Review of Economics and Statistics, 87(4), pp. 679-690.
  • Krugman, P. y Taylor, L. (1978), "Contractionary Effects of Devaluation", Journal of International Economics, 8(3), pp. 445-456.
  • Friedman, M. (1953), "The Case for Flexible Exchange Rates", en Essays in Positive Economics, University of Chicago Press.
  • Banco Central de Chile, Informe de Política Monetaria, publicación trimestral. Capítulo de escenario internacional y recuadros sobre traspaso cambiario en Chile.

Apariciones