Teoría
Estándares ambientales y etapa de desarrollo
Visto en 1 aparición de los programas.
Qué es
Detrás del reclamo de que "nos exigen lo que ellos no cumplieron" hay una regularidad empírica bien documentada y una discusión normativa que no se resuelve con ella.
La regularidad se conoce como curva ambiental de Kuznets: al graficar la degradación ambiental contra el ingreso per cápita de un país, muchas mediciones dibujan una U invertida. En las primeras etapas de industrialización la contaminación sube con el ingreso; pasado cierto umbral, empieza a bajar. El hallazgo se popularizó con el trabajo de Grossman y Krueger (1991), hecho para evaluar los efectos ambientales del tratado de libre comercio norteamericano, y desarrollado luego en Grossman y Krueger (1995); el nombre lo acuñó Panayotou (1993), por analogía con la U invertida que Kuznets (1955) había propuesto para la desigualdad.
El mecanismo se descompone en tres efectos. El efecto escala: más producción, más emisiones. El efecto composición: al crecer, la economía se mueve de agricultura a industria pesada y después a servicios, y la etapa intermedia es la sucia. El efecto técnica: a mayor ingreso, la sociedad demanda y puede pagar tecnología de abatimiento, y además regula, porque la calidad ambiental se comporta como un bien de demanda creciente en el ingreso —cuando la alternativa es no comer, nadie paga por aire limpio—. Copeland y Taylor (2003) formalizan esta descomposición y muestran que el punto de quiebre no es un destino automático: depende de que existan instituciones capaces de traducir la demanda ciudadana en regulación efectiva.
Hasta ahí, el argumento de "primero crecer, después limpiar" tiene respaldo. Pero la literatura posterior le puso tres condiciones que importan mucho.
Primero, la curva no aplica a todo contaminante. Se cumple con bastante robustez para contaminantes locales de efecto visible y de corto plazo —material particulado, dióxido de azufre, calidad del agua—, donde quien contamina y quien respira son el mismo grupo. No se cumple para el CO₂ ni para contaminantes de acumulación global, cuyo daño es difuso, diferido e internacional. Stern (2004) mostró además que buena parte de la evidencia original era estadísticamente frágil. La consecuencia es incómoda para ambos lados de la discusión: el "crecer primero" funciona justo donde la externalidad es local, y falla donde la externalidad es global.
Segundo, parte de la mejora de los países ricos es contable, no real. Si la industria sucia se traslada a jurisdicciones con estándares laxos, el país de origen mejora sus indicadores sin que el planeta mejore. Es la hipótesis del refugio de contaminación (Copeland y Taylor, 1994). La evidencia de su magnitud es discutida, pero el punto conceptual se sostiene: la rama descendente de la curva mezcla limpieza genuina con deslocalización.
Tercero, el problema es de acervo, no de flujo. El clima responde al carbono acumulado, no al emitido este año. Eso convierte la secuencia histórica en un argumento de justicia distributiva, no solo de eficiencia: quien ya usó el presupuesto de carbono disponible tiene una posición de partida distinta. Ese es el fundamento del principio de responsabilidades comunes pero diferenciadas (Declaración de Río, 1992, Principio 7), que reconoce explícitamente la asimetría.
La contracara es igual de real. Un país que no exige nada a sus importaciones subsidia implícitamente la producción sucia extranjera y castiga a su propia industria regulada: es la fuga de carbono. Mecanismos como el ajuste en frontera por carbono de la Unión Europea (Reglamento UE 2023/956) o el reglamento de deforestación (UE 2023/1115) se justifican en esa lógica, y Nordhaus (2015) propuso una versión sistemática —los "clubes climáticos"— donde la sanción comercial es lo único que hace creíble un acuerdo del que todos quieren ser polizones. Que la justificación sea coherente no garantiza que el instrumento no opere, en la práctica, como barrera no arancelaria: el diseño concreto —qué se mide, quién certifica, quién paga la auditoría— decide si es política ambiental o proteccionismo con otra bandera.
Cómo lo explicó el programa
En Buenos Días Mercado del 19 de agosto de 2026 ([bdm-2026-08-19]), Willy Díaz planteó la asimetría en su forma más directa: "Nos quieren imponer condiciones que ellos hoy día cumplen, pero cuando no tenían esas tasas de crecimiento no las cumplían."
El contexto de la discusión era la presión que llega desde Europa, los países nórdicos y Estados Unidos sobre economías que todavía están en el camino al desarrollo —Chile entre ellas, con una canasta exportadora concentrada en minería, forestal y acuicultura, los tres sectores más expuestos a exigencias de trazabilidad ambiental—. El argumento del programa es exactamente la lectura política de la curva ambiental de Kuznets: los países hoy exigentes destruyeron su entorno, crecieron con eso, y recién desde el otro lado del umbral adoptaron el estándar que ahora universalizan.
Es una observación históricamente correcta. Lo que la teoría agrega es dónde el argumento aguanta y dónde no: aguanta como reclamo de equidad sobre el acervo acumulado y sobre quién paga la transición; aguanta menos como programa de acción, porque la parte de la curva que sí baja sola es la de contaminantes locales, y el carbono no está en esa categoría.
Relación con otros conceptos
Se apoya en la teoría de externalidades —el daño ambiental es un costo que el productor no paga y que alguien más absorbe, la base pigouviana de todo impuesto verde— y se cruza con la ventaja comparativa: si un país es competitivo en parte porque no internaliza ese costo, su ventaja es real en el mercado pero espuria en términos de bienestar. Conecta con la curva de Kuznets original sobre desigualdad, de la que toma prestada la forma y el escepticismo posterior. Toca la fuga de carbono y las barreras no arancelarias, dos caras del mismo instrumento. Y termina en el descuento intertemporal: cuánto vale hoy un daño que se paga en treinta años es, literalmente, el parámetro que decide si conviene crecer primero.
Fuentes y lecturas
- Grossman, G. y Krueger, A. (1995), Economic Growth and the Environment, Quarterly Journal of Economics 110(2).
- Panayotou, T. (1993), Empirical Tests and Policy Analysis of Environmental Degradation at Different Stages of Economic Development, Working Paper WEP 2-22/WP.238, Organización Internacional del Trabajo.
- Stern, D. (2004), The Rise and Fall of the Environmental Kuznets Curve, World Development 32(8).
- Copeland, B. y Taylor, M. S. (2003), Trade and the Environment: Theory and Evidence, Princeton University Press.
- Nordhaus, W. (2015), Climate Clubs: Overcoming Free-riding in International Climate Policy, American Economic Review 105(4).