Teoría
Expectativas y decisiones económicas de empresas y personas
Visto en 1 aparición de los programas.
Qué es
Casi ninguna decisión económica importante se toma mirando solo el presente. Cuando una empresa decide contratar, invertir en maquinaria o ampliar inventarios, y cuando una familia decide endeudarse, ahorrar o postergar una compra, lo que pesa es lo que creen que va a pasar: cuánto venderán, cuánto ganarán, cómo se moverán los precios, la tasa de interés o el dólar. Esas creencias sobre el futuro son las expectativas, y la teoría económica las trata como un determinante central del gasto, la inversión y los precios.
La idea tiene una larga historia. Keynes (1936) subrayó que la inversión depende de expectativas de largo plazo sobre rendimientos inciertos. Como no hay forma de calcularlos con precisión, parte de las decisiones descansa en lo que llamó animal spirits, un impulso espontáneo a actuar en vez de quedarse quieto. Del lado de los hogares, Friedman (1957) planteó con su hipótesis del ingreso permanente que las personas ajustan su consumo según el ingreso que esperan tener en el tiempo y no según el de un mes puntual. Por eso un alza transitoria del sueldo mueve poco el consumo, mientras que una mejora percibida como duradera lo mueve bastante.
La pregunta siguiente es cómo se forman esas expectativas. La teoría ofrece dos enfoques clásicos:
- Expectativas adaptativas. Las personas corrigen su pronóstico según el error que cometieron en el pasado. Si la inflación resultó mayor de lo que esperaban, suben su expectativa para el próximo período. Cagan (1956) usó este esquema para estudiar hiperinflaciones.
- Expectativas racionales. Los agentes usan toda la información disponible y un entendimiento razonable de cómo funciona la economía, de modo que no cometen errores sistemáticos. Muth (1961) formuló la idea, y Lucas (1976) mostró una de sus consecuencias más importantes: si las expectativas responden a la política económica, no se puede evaluar una política nueva con relaciones estimadas bajo la política anterior, porque la gente cambiará su comportamiento.
Ninguno de los dos enfoques describe perfectamente la realidad. La literatura más reciente reconoce que las expectativas también se ven afectadas por la atención limitada, la información desigual y el ánimo colectivo, una línea que Akerlof y Shiller (2009) retomaron explícitamente desde Keynes.
En la práctica, los bancos centrales y los analistas miden expectativas mediante encuestas a empresas, consumidores y expertos. En Chile, el Banco Central publica el Informe de Percepciones de Negocios (IPN), basado en entrevistas a empresas de distintos sectores y regiones. Estas mediciones sirven como indicador adelantado: si las empresas se vuelven pesimistas, es probable que posterguen inversión y contrataciones antes de que eso aparezca en las cifras de actividad.
Una distinción útil al leer estas encuestas es la que hay entre expectativas sobre el entorno (la economía del país, la política, el tipo de cambio) y evaluación de la situación propia (las ventas, los costos, la caja de la propia empresa). Las dos no siempre se mueven juntas, y las decisiones concretas suelen responder más a la segunda.
Cómo lo explicó el programa
En el episodio del 6 de noviembre de 2026 ([bdm-2026-11-06]), en el bloque dedicado al IPN del Banco Central y la diferencia entre la preocupación general y la situación propia, el programa revisó cómo cambiaron las respuestas de las empresas entre julio y octubre. En casi todos los ítems consultados aumentó la proporción de empresas "muy preocupadas": combustibles, economía nacional, economía internacional, política y dólar. La excepción fue la capacidad de cubrir sus propios costos, donde esa preocupación bajó.
Willy Díaz lo resumió así:
"es curioso que habiendo preocupación por todo lo demás cuando le preguntan si va a ser capaz de cubrir sus costos disminuye"
La lectura del programa fue que en ese ítem las empresas evalúan su situación propia y no el entorno. Que esa evaluación mejore mientras crece la inquietud general confirma que las decisiones se toman mirando hacia adelante, a partir de lo que cada empresa proyecta para sí misma. El caso ilustra la distinción descrita arriba: un clima de preocupación generalizada no se traduce automáticamente en pesimismo sobre el propio negocio. Para anticipar inversión y empleo conviene mirar ambas dimensiones por separado.
Relación con otros conceptos
Las expectativas atraviesan buena parte de la macroeconomía. En la curva de Phillips aumentada por expectativas, desarrollada por Friedman (1968) y Phelps (1967), la inflación esperada desplaza la relación entre inflación y desempleo. Por eso la política monetaria moderna pone tanto énfasis en el anclaje de expectativas de inflación: si el público confía en que el banco central cumplirá su meta, cuesta menos mantener la inflación bajo control. En la inversión, la rentabilidad esperada de un proyecto se compara con la tasa de interés o el costo de capital mediante el valor presente, de modo que cambios en las expectativas de ventas o de tasas alteran qué proyectos se ejecutan. En el consumo, la hipótesis del ingreso permanente y la del ciclo de vida explican por qué los hogares suavizan el gasto según su ingreso esperado. Por último, la incertidumbre se distingue de las expectativas: no se refiere a qué se espera, sino a cuán seguro se está de ello. Una incertidumbre alta tiende a hacer que empresas y familias posterguen decisiones difíciles de revertir.
Fuentes y lecturas
- Keynes, J. M. (1936), The General Theory of Employment, Interest and Money, Macmillan.
- Friedman, M. (1957), A Theory of the Consumption Function, Princeton University Press.
- Muth, J. F. (1961), "Rational Expectations and the Theory of Price Movements", Econometrica, 29(3), 315–335.
- Lucas, R. E. (1976), "Econometric Policy Evaluation: A Critique", Carnegie-Rochester Conference Series on Public Policy, 1, 19–46.
- Blanchard, O. (2017), Macroeconomics (7.ª ed.), Pearson. Los capítulos sobre expectativas, consumo e inversión son especialmente pertinentes.