Teoría
Inercia de la economía entre gobiernos
Visto en 2 apariciones de los programas.
Qué es
La inercia de la economía entre gobiernos es la idea de que el desempeño macroeconómico observado en un período determinado no fue producido en ese período. Cuando cambia una administración, el nuevo gobierno hereda una trayectoria —de crecimiento, de inversión, de expectativas, de reglas— cuyos determinantes se fijaron años antes. Atribuirle a un ministro el crecimiento de su primer semestre, o culparlo de la recesión que empezó antes de que asumiera, es un error de contabilidad temporal: se confunde el momento en que un resultado se observa con el momento en que se decidió.
Formalmente, la inercia tiene tres fuentes distintas y conviene no mezclarlas.
La primera es puramente estadística: las series macroeconómicas están autocorrelacionadas. El PIB de este trimestre se parece al del anterior porque el stock de capital, la fuerza laboral empleada y los contratos vigentes son casi los mismos. La formalización estándar es que el producto sigue un proceso persistente —la discusión clásica sobre si esa persistencia refleja fluctuaciones transitorias alrededor de una tendencia o cambios permanentes en el nivel de la tendencia misma es el debate abierto por Nelson y Plosser (1982) y ampliado por Campbell y Mankiw (1987)—. La conclusión práctica es la misma en ambos casos: buena parte de lo que se observa hoy es simple continuación de ayer.
La segunda es la estructura de rezagos de la política económica. Milton Friedman (1961) los llamó long and variable lags: entre que una medida se toma y sus efectos aparecen en los datos pasan trimestres, y ese plazo no es constante. Un cambio de tasa de política monetaria demora entre cuatro y ocho trimestres en volcarse plenamente sobre la inflación; una reforma tributaria altera la inversión con un rezago aún mayor, porque los proyectos de capital fijo se diseñan, permisan y ejecutan en horizontes de años. Blanchard trata este punto como una advertencia central de política: el policymaker actúa hoy sobre datos que reflejan decisiones viejas y verá los suyos recién en el mandato siguiente.
La tercera es institucional y de expectativas: las reglas del juego —el régimen tributario, la regulación sectorial, la calidad del proceso de permisos, la credibilidad de la autoridad monetaria— se deterioran o se reconstruyen lentamente, y son ellas las que determinan el crecimiento de mediano plazo, no la coyuntura. La tradición que va de North (1990) a Acemoglu, Johnson y Robinson (2001) sostiene que las instituciones son el determinante profundo del ingreso, y las instituciones no responden a un ciclo electoral de cuatro años. Kydland y Prescott (1977) aportan el complemento: si un gobierno se aparta de una regla creíble, la pérdida de credibilidad sobrevive al gobierno que la causó.
Hay un cuarto fenómeno relacionado y distinto, la histéresis: cuando una recesión prolongada destruye capital humano y organizacional de forma que el daño no se revierte al recuperarse la demanda (Blanchard y Summers, 1986). La inercia dice que las cosas se mueven despacio; la histéresis dice que a veces no vuelven.
De aquí se sigue una regla de lectura incómoda para el debate público. Los primeros doce a dieciocho meses de un gobierno son, en lo esencial, herencia. Y como el juicio político se emite mucho antes de ese plazo, la evaluación se hace sistemáticamente sobre el período en que el gobierno menos influye.
Cómo lo explicó el programa
En el BDM del 10 de septiembre de 2026, el panel dedicó dos bloques a este punto, y lo hizo por la vía más limpia: comparar qué economía recibió cada ministro.
Willy Díaz lo planteó en el tema "La economía es continua: qué economía recibió cada ministro", contra la costumbre de leer los primeros meses como currículum del ministro entrante: "cuando la economía te la entregan creciendo al 5% es re fácil administrar el vuelito". Su ejemplo fue de contraste directo: Marcel recibió de Piñera una economía que venía creciendo 5,7% y que siguió cerca del 5% buena parte de su primer semestre, con el deterioro apareciendo recién después del primer año; Quiroz, en cambio, recibió una que caía en torno a 1,5%. La conclusión que dejó es la que importa: ni el mérito ni el demérito de los primeros meses pertenecen al ministro que llega. El vuelito es exactamente la autocorrelación de la serie, dicha en chileno.
Pepe Arias tomó el otro extremo del mismo argumento en "Doce años de cambios versus cinco meses de gobierno", ahora sobre las expectativas del público: "suponer que 12 años de cambio en la economía chilena para mal van a ser revertidos en 5 meses". Su lectura es que desde 2014 se modificaron —para mal, en su juicio— las formas en que Chile había manejado su economía durante veinte o veinticinco años exitosos, y que exigirle a un gobierno revertir eso en cuatro o cinco meses, con la ley de reconstrucción aprobada hace apenas un par de semanas, es una comparación injusta desde el punto de vista de la opinión pública.
Las dos intervenciones son la misma tesis mirada desde lados opuestos: la inercia protege al que llega en buen momento y condena al que llega en mal momento, y en ambos casos el juicio temprano mide la herencia, no la gestión. Nótese que Arias hace además una afirmación de causalidad histórica —qué cambió desde 2014 y si fue para mal— que es materia de juicio político y no se sigue de la inercia; lo que sí se sigue del argumento es la aritmética de los plazos.
Relación con otros conceptos
La inercia es el reverso temporal de los rezagos de la política monetaria y de los rezagos fiscales: si una medida demora seis trimestres en verse, entonces todo dato que uno mira hoy es efecto de medidas viejas. Se conecta con el crecimiento potencial, porque lo que un gobierno puede efectivamente mover en su mandato es la brecha del producto, no la tendencia; la tendencia depende de productividad e instituciones y se mueve en décadas. Emparenta con la credibilidad y la consistencia temporal de la política, donde el activo que un gobierno hereda o dilapida es reputacional. Se distingue de la histéresis, que es persistencia irreversible y no mera lentitud. Y explica por qué el ciclo político-económico —el incentivo a estimular antes de una elección— es tentador: los costos aparecen en el mandato del sucesor.
Fuentes y lecturas
- Blanchard, O. (2021), Macroeconomics, 8ª ed., Pearson. Capítulos sobre política monetaria y fiscal: tratamiento estándar de rezagos y de la distinción producto potencial/brecha.
- Friedman, M. (1961), "The Lag in Effect of Monetary Policy", Journal of Political Economy, 69(5). El origen de los long and variable lags.
- Nelson, C. y Plosser, C. (1982), "Trends and Random Walks in Macroeconomic Time Series", Journal of Monetary Economics, 10(2). La persistencia de las series agregadas.
- Kydland, F. y Prescott, E. (1977), "Rules Rather than Discretion: The Inconsistency of Optimal Plans", Journal of Political Economy, 85(3). Por qué la credibilidad es un stock heredado.
- Blanchard, O. y Summers, L. (1986), "Hysteresis and the European Unemployment Problem", NBER Macroeconomics Annual, vol. 1. La versión fuerte: persistencia que no se revierte.
- North, D. (1990), Institutions, Institutional Change and Economic Performance, Cambridge University Press. El marco de por qué las reglas cambian despacio.