Teoría
Infraestructura digital como factor de localización de la inversión
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Qué es
La teoría de la localización pregunta por qué una actividad productiva se instala en un lugar y no en otro. La respuesta clásica la dio Alfred Weber (1909): la firma elige el punto que minimiza el costo de transporte de sus insumos y de su producto, de modo que manda el insumo caro de mover. Las industrias que pierden peso en el proceso —fundir mineral, secar remolacha— se pegan a la materia prima; las que ganan peso —embotellar bebidas— se pegan al mercado. Un siglo después, el mismo razonamiento explica dónde se instalan los centros de datos, con un giro: el producto (bits) viaja prácticamente gratis, así que la decisión la dictan los insumos que no viajan.
Esos insumos son cuatro: energía eléctrica abundante y barata, conectividad de baja latencia hacia los mercados de destino, terreno con agua y permisos, y estabilidad regulatoria de largo plazo. La energía es el equivalente moderno del mineral pesado: no se puede exportar sin pérdidas ni almacenar barato, así que el cómputo se muda hacia ella. Es la misma lógica que llevó la fundición de aluminio a Islandia y Noruega, y la que hoy explica por qué la inversión en cómputo mira desiertos con radiación solar alta y no capitales financieras.
En la teoría de la inversión extranjera, esto tiene nombre propio. El paradigma ecléctico de John Dunning (1980; 1993) descompone la decisión de una multinacional en tres ventajas: de propiedad (O), de internalización (I) y de localización (L). La infraestructura digital es una ventaja de tipo L: no pertenece a la firma, pertenece al territorio, y es lo único de la tríada que un país puede construir deliberadamente. Michael Porter (1990) hace una distinción útil aquí entre factores básicos —clima, minerales, mano de obra no calificada, que se heredan— y factores avanzados —infraestructura de comunicaciones, capital humano, institucionalidad—, que se crean y que son los que sostienen una ventaja difícil de copiar.
La evidencia empírica apunta en la misma dirección. Aschauer (1989) abrió la discusión moderna sobre el capital público como insumo productivo; Röller y Waverman (2001) mostraron que la infraestructura de telecomunicaciones tiene un efecto causal sobre el crecimiento, pero solo pasada una masa crítica de despliegue; y Czernich, Falck, Kretschmer y Woessmann (2011) estimaron que aumentos en la penetración de banda ancha elevan el crecimiento del PIB per cápita. Antes que todos ellos, Hirschman (1958) había formulado la intuición central: el capital social básico —caminos, puertos, energía, hoy fibra— no produce nada por sí mismo, pero baja el costo de todo lo demás y induce la inversión directamente productiva.
Dos advertencias que la teoría también entrega. La primera: la infraestructura es condición necesaria y no suficiente. Sin capital humano que opere y aproveche el activo, sin certeza tributaria y sin permisos predecibles, el mismo endowment físico rinde una fracción. La segunda: lo que se atrae con insumos baratos es, por definición, footloose. Una industria que llegó por la energía se va cuando aparece energía más barata en otra parte, y puede quedar como enclave con pocos encadenamientos hacia el resto de la economía —la preocupación clásica de Hirschman sobre los linkages—. Contra eso juega la causalidad circular acumulativa de Krugman (1991): los cables submarinos aterrizan donde ya hay tráfico y los operadores se instalan donde ya hay operadores, de modo que el primero en llegar hereda una ventaja que se refuerza sola. Eso convierte la decisión en una ventana temporal, no en una opción permanente.
Cómo lo explicó el programa
En Buenas Tardes Mercado del 9 de septiembre de 2026, en el tema "La ventaja chilena en la economía de los centros de datos", Manuel Bengolea planteó que Chile tiene resuelto el lado físico de la próxima ola tecnológica: "Chile tiene la matriz de energía solar más eficiente del mundo en el desierto de Atacama".
El argumento del programa fue un inventario de factores de localización, no una lista de virtudes: más de 68% de generación limpia, la matriz solar de Atacama, potencial eólico austral, un gigavatio de capacidad de datos en desarrollo, 62.000 kilómetros de fibra conectada a redes submarinas, además de cobre y litio. La conclusión que sacó es la que importa desde el punto de vista de la teoría: es una posición que ningún otro país de la región tiene, es decir, una ventaja de localización relativa a los competidores directos por la misma inversión. Nótese que la lista es exactamente la de Weber —el insumo que no viaja (energía) y el que sí (la fibra que la conecta con el mercado)— y que el "lado físico" es una calificación deliberada: deja abierto qué falta del lado no físico.
Relación con otros conceptos
Este concepto es la contracara territorial de la energía como restricción del cómputo: si la electricidad es el cuello de botella de la inteligencia artificial, entonces la geografía de la energía es la geografía de la inversión. Se apoya en la noción de ventaja comparativa —Chile no compite por ser mejor en todo, sino por ser relativamente barato en el insumo que decide— y en la de economías de aglomeración, que explican por qué las ventajas iniciales se amplifican. Del lado de las condiciones que faltan, dialoga con el capital humano como factor complementario y con la complementariedad de factores: la productividad marginal de la fibra depende de quién la usa. Y del lado de los riesgos, con el enclave exportador y los encadenamientos productivos, que distinguen una inversión que transforma la economía de una que solo la ocupa.
Fuentes y lecturas
- Weber, A. (1929), Theory of the Location of Industries (traducción de C. Friedrich del original de 1909), University of Chicago Press.
- Hirschman, A. O. (1958), The Strategy of Economic Development, Yale University Press. (Hay edición en español del Fondo de Cultura Económica: La estrategia del desarrollo económico.)
- Krugman, P. (1991), "Increasing Returns and Economic Geography", Journal of Political Economy, 99(3).
- Dunning, J. H. (1993), Multinational Enterprises and the Global Economy, Addison-Wesley.
- Czernich, N., Falck, O., Kretschmer, T. y Woessmann, L. (2011), "Broadband Infrastructure and Economic Growth", The Economic Journal, 121(552).