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Teoría

Legitimidad por desempeño económico en regímenes sin elecciones

Visto en 1 aparición de los programas.

Qué es

Todo poder que manda necesita una razón por la cual se le obedece sin tener que reprimir a cada paso. Weber ordenó esas razones en tres familias —la tradición, el carisma y la norma legal-racional (Weber, 1922)—, pero ninguna resuelve el caso del régimen moderno que gobierna una economía grande y no somete su continuidad a una votación. Ahí la justificación tiene que venir de otro lado: de lo que el gobierno entrega. Esa es la legitimidad por desempeño.

La distinción analítica que hizo escuela es la de Lipset (1959), que separó eficacia de legitimidad: la eficacia es instrumental —¿el sistema cumple lo que promete: empleo, ingreso, orden?— y la legitimidad es valórica —¿la gente cree que este es el arreglo institucional apropiado, aunque falle?—. Un régimen con legitimidad y sin eficacia sobrevive a una recesión. Uno con eficacia y sin legitimidad sobrevive mientras haya eficacia. Scharpf (1999) le puso el nombre que hoy se usa más: legitimidad de input (el procedimiento por el cual se decide) frente a legitimidad de output (la calidad de lo decidido). Una elección produce input; una tasa de crecimiento produce output.

Aplicado a China, el trabajo de referencia es el de Zhao (2009), que muestra cómo la legitimación por desempeño no es un invento del período reformista sino una reformulación del viejo Mandato del Cielo: el gobernante conserva el derecho a gobernar mientras el reino prospera, y lo pierde cuando vienen las hambrunas. La versión contemporánea sustituye la cosecha por el PIB.

De ahí se siguen tres consecuencias que son las que interesan a un economista.

Primera: el crecimiento deja de ser un objetivo económico y pasa a ser una variable de supervivencia política. La meta anual no se deriva de un ejercicio técnico sobre la capacidad de la economía; se fija arriba y después el aparato tiene que alcanzarla. Eso explica por qué una meta se defiende con estímulo crediticio e inversión en infraestructura mucho después de que su rentabilidad marginal se haya desplomado.

Segunda: la estadística cambia de naturaleza. Cuando el número que mide el desempeño es la prueba de legitimidad, y lo produce el mismo actor que necesita esa prueba, la medición se degrada. Es la ley de Goodhart (1975) en su forma más pura: una regularidad estadística se rompe apenas se la usa como instrumento de control. Wallace (2022) formaliza el dilema informacional que esto le crea al régimen: necesita datos verdaderos para gobernar y datos buenos para legitimarse, y son incompatibles porque el cuadro provincial que reporta hacia arriba asciende por la cifra, no por su exactitud. La evidencia empírica es abundante y vieja: Rawski (2001) mostró la inconsistencia entre el crecimiento reportado a fines de los noventa y el consumo de energía; Martínez (2022) comparó crecimiento declarado con luminosidad nocturna satelital y encontró que las autocracias sobreestiman de manera sistemática. La respuesta práctica de los analistas fue construir termómetros difíciles de falsear —consumo eléctrico, carga ferroviaria, importaciones registradas por los socios comerciales, no por China—.

Tercera: es una trampa de largo plazo. Huntington (1991) la llamó el dilema del desempeño. Si el régimen fracasa económicamente, se queda sin argumento y no tiene otro de repuesto. Y si tiene éxito, tampoco se salva: el éxito eleva las expectativas, crea una clase media que pide participación y, sobre todo, se agota solo, porque los rendimientos decrecientes del capital hacen que ninguna economía crezca al 10% para siempre. Por eso la caída de la tasa tendencial no es solo un dato macro: es la erosión del único fundamento disponible. Los sustitutos habituales cuando el desempeño se acaba son el nacionalismo, la seguridad y las campañas anticorrupción.

Cómo lo explicó el programa

En el BTM del 7 de septiembre de 2026 (btm-2026-09-07), al comentar las cifras chinas, el panel armó exactamente esta cadena: sin elecciones que le den legitimidad, la autoridad china necesita mostrar que su modelo funciona, y de ahí la obsesión con los números. El punto que remató Pepe Arias es el problema del auditor ausente —"porque esta estadística la publican ellos mismos, y andas a ver tú si es 12"—, que es el dilema informacional de Wallace dicho en dos líneas: no hay tercero independiente que valide la cifra que sostiene al régimen.

Lo interesante es el segundo tramo del comentario, que apunta al dilema del desempeño más que a la falsificación: las cifras han ido ajustándose a la baja con el tiempo —del 15% al 12% y al 8%—, o sea que la tendencia de crecimiento que muestra China tampoco es buena. Aunque uno le creyera todo, la serie va en la dirección incómoda. Para Chile eso importa por una vía muy concreta: China es el destino de cerca de un tercio de las exportaciones y el principal demandante mundial de cobre, así que la aritmética política de Beijing termina en el precio que fija el ingreso fiscal.

Relación con otros conceptos

Se apoya directamente en el crecimiento económico y en cómo se mide con el producto interno bruto, y hereda todas las patologías de la ley de Goodhart y de la asimetría de información entre principal y agente. Su límite superior lo pone la convergencia y los rendimientos decrecientes del capital, que explican por qué el crecimiento de dos dígitos siempre termina, y su fondo institucional se discute mejor con la distinción entre instituciones extractivas e inclusivas y con la trampa del ingreso medio. Por el lado chileno, conecta con el precio del cobre, los términos de intercambio y el ciclo económico chino como fuente de shock externo.

Fuentes y lecturas

  • Lipset, S. M. (1959), "Some Social Requisites of Democracy: Economic Development and Political Legitimacy", American Political Science Review 53(1).
  • Scharpf, F. W. (1999), Governing in Europe: Effective and Democratic?, Oxford University Press.
  • Zhao, D. (2009), "The Mandate of Heaven and Performance Legitimation in Historical and Contemporary China", American Behavioral Scientist 53(3).
  • Wallace, J. L. (2022), Seeking Truth and Hiding Facts: Information, Ideology, and Authoritarianism in China, Oxford University Press.
  • Martínez, L. R. (2022), "How Much Should We Trust the Dictator's GDP Growth Estimates?", Journal of Political Economy 130(10).

Apariciones