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Teoría

Ley de oferta y demanda

Visto en 1 aparición de los programas.

Qué es

La ley de oferta y demanda describe cómo se forma el precio en un mercado competitivo: la cantidad que los compradores quieren adquirir cae cuando el precio sube, la cantidad que los vendedores quieren ofrecer aumenta cuando el precio sube, y el precio que iguala ambas cantidades —el precio de equilibrio— es el único que no deja transacciones frustradas en ninguno de los dos lados.

No es una ley en el sentido físico. Es una condición de equilibrio que se deduce de dos comportamientos: consumidores que maximizan utilidad sujetos a un presupuesto y productores que maximizan beneficios sujetos a una función de costos. La curva de demanda es el mapa de esas decisiones de compra a cada precio; la de oferta, el de las decisiones de venta. Que se crucen no es un hecho de la naturaleza sino la consecuencia de que exista un mecanismo —un mercado— donde las dos partes se enteran del precio y pueden reaccionar a él.

La formulación matemática moderna arranca con Cournot (1838), que fue el primero en escribir la demanda como una función del precio y trabajarla con cálculo. Pero la síntesis que hoy se enseña es de Marshall (1890), y su aporte central fue quitarle el falso dilema a la discusión: preguntarse si el valor lo determina la utilidad o el costo de producción es tan estéril, escribió, como preguntarse cuál de las dos hojas de una tijera corta el papel. Antes de él la economía clásica —Smith (1776) incluido— tendía a resolver el precio por el lado del costo. Marshall dejó ambos lados operando a la vez y agregó una distinción que sigue siendo la más útil de todas: la elasticidad, es decir, cuánto responde cada lado, no solo en qué dirección.

Tres precisiones que la versión de manual suele saltarse y que importan cuando uno lleva la herramienta al mundo real:

El equilibrio es un punto de llegada, no un punto de partida. La ley no dice a qué velocidad ni por qué camino se llega al precio que despeja el mercado. Walras (1874) tuvo que inventar un subastador ficticio —el tâtonnement— para contar esa historia, y ese subastador no existe. En mercados con inventarios, contratos o información escasa, el ajuste puede tardar trimestres, y durante ese tiempo el precio observado no es el de equilibrio.

"Todo lo demás constante" hace casi todo el trabajo. Un movimiento sobre la curva (cambio de precio) y un desplazamiento de la curva (cambio de ingreso, expectativas, costos, precios de sustitutos) se ven igual en los datos: un par precio-cantidad. Distinguirlos es el problema de identificación más viejo de la econometría, y no se resuelve mirando el gráfico.

El resultado es más frágil de lo que parece al agregar. La pendiente negativa de la demanda individual ya requiere supuestos —el efecto ingreso puede dominar al efecto sustitución, que es el caso Giffen—, y al sumar consumidores heterogéneos el problema empeora: los resultados de Sonnenschein (1972), Mantel (1974) y Debreu (1974) muestran que la demanda agregada de una economía casi no hereda estructura de las preferencias individuales. En la práctica el marco funciona igual, pero conviene saber que su respaldo teórico es un supuesto de trabajo y no un teorema.

Cómo lo explicó el programa

En bdm-2026-08-19, discutiendo por qué el tipo de cambio no calzaba con los fundamentos del comercio exterior, el programa aplicó la ley al mercado más líquido de todos. El razonamiento fue directo: la mayor entrada de divisas de Chile es el cobre y la mayor salida es el combustible; con el cobre en US$6,50 y el petróleo en 85, la oferta y la demanda de dólares originadas en el intercambio de bienes deberían dejar un precio más bajo que el observado. Como resume Willy Díaz: "Esa combinación no explica 920 pesos, está el tipo de cambio."

Lo valioso del pasaje es el uso del marco como detector de residuo, no como predictor. Si el mercado de divisas responde a oferta y demanda como cualquier otro —y responde—, entonces una brecha entre el precio que explican los flujos comerciales y el precio que marca la pantalla no invalida la ley: prueba que hay oferentes y demandantes que el analista no está contando. En el caso del peso, esos son los flujos financieros —posiciones de fondos de pensiones, carry, cobertura, diferencial de tasas con la Reserva Federal, prima de riesgo político—, cuyo volumen diario supera con holgura al del comercio de bienes. El tipo de cambio se comporta menos como el precio de un flujo y más como el precio de un activo, que incorpora expectativas sobre el futuro y no solo transacciones del presente.

Esa intuición tiene respaldo formal. Dornbusch (1976) mostró cómo el tipo de cambio puede sobrerreaccionar respecto de su valor de largo plazo cuando los precios de bienes son rígidos y los de activos flexibles: el mercado financiero ajusta primero y de más. Y Meese & Rogoff (1983) establecieron el hallazgo más incómodo de la literatura: fuera de muestra, los modelos basados en fundamentos no le ganan a una caminata aleatoria. Que los términos de intercambio no expliquen los 920 pesos es, entonces, exactamente lo que la evidencia empírica anticipa.

Relación con otros conceptos

La elasticidad precio es la magnitud que la ley deja sin especificar: dice hacia dónde se mueve la cantidad, no cuánto, y de esa magnitud dependen la incidencia de un impuesto y el efecto real de un subsidio. El excedente del consumidor y del productor son la lectura de bienestar del mismo gráfico, y sostienen el argumento estándar contra los precios máximos y mínimos, que producen escasez o excedentes precisamente porque impiden que el precio despeje. En el caso cambiario, los términos de intercambio son el canal por el que el cobre y el petróleo entran al análisis; la paridad descubierta de tasas de interés y la paridad de poder de compra son los dos anclajes teóricos alternativos —financiero uno, real el otro— que compiten por explicar el residuo. Y el tipo de cambio real es el recordatorio de que el precio nominal solo importa comparado con los precios internos y externos.

Fuentes y lecturas

  • Marshall, A. (1890), Principles of Economics, Macmillan. La formulación clásica del cruce y la metáfora de la tijera.
  • Mankiw, N. G. (2020), Principles of Economics, 9ª ed., Cengage Learning. Tratamiento introductorio estándar (caps. 4–6).
  • Varian, H. R. (2014), Intermediate Microeconomics: A Modern Approach, 9ª ed., W. W. Norton. La derivación desde preferencias y costos, con los casos límite.
  • De Gregorio, J. (2012), Macroeconomía: Teoría y Políticas, Pearson. Manual en español, con capítulos de tipo de cambio escritos desde la experiencia chilena.
  • Meese, R. & Rogoff, K. (1983), "Empirical Exchange Rate Models of the Seventies: Do They Fit Out of Sample?", Journal of International Economics, 14(1–2). El resultado que explica por qué los fundamentos no cuadran con la pantalla.

Apariciones