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Teoría

Negociación legislativa en un Congreso fragmentado

Visto en 1 aparición de los programas.

Qué es

La negociación legislativa en un Congreso fragmentado es el proceso por el que un gobierno sin mayoría propia consigue aprobar leyes. Como ninguna bancada alcanza sola los votos necesarios, cada proyecto obliga a armar una coalición nueva o a sostener una existente, y eso tiene un costo: el gobierno cede parte de lo que proponía a cambio de los votos que le faltan.

La teoría formal parte de una idea simple. Cuantos más actores deben aprobar un cambio, más difícil es moverse del statu quo. Tsebelis (2002) llamó jugadores con veto (veto players) a esos actores y mostró que, mientras más numerosos y más distantes ideológicamente sean, más estrecho es el conjunto de políticas capaces de reemplazar a la vigente. Un Congreso fragmentado multiplica los jugadores con veto partidarios. Por eso las reformas son más lentas y suelen salir más moderadas que el proyecto original.

Hay tres resultados clásicos que ayudan a entender la mecánica:

  • Coaliciones mínimas ganadoras. Riker (1962) planteó que los actores racionales tienden a formar la coalición más chica que alcanza la mayoría, porque cada socio extra diluye lo que se reparte. En la práctica los gobiernos suelen pagar votos por encima de ese mínimo para cubrirse ante deserciones, pero la intuición sigue: cada voto tiene precio.
  • El poder de agenda. Romer y Rosenthal (1978) mostraron que quien hace la propuesta tiene ventaja cuando la alternativa al rechazo es mala para los demás. Si fracasar significa quedarse con un statu quo que nadie quiere, el proponente puede pedir más. El modelo de negociación legislativa de Baron y Ferejohn (1989) formaliza el mismo punto: quien tiene el derecho de proponer se queda con una parte desproporcionada del excedente.
  • El intercambio de votos (logrolling). Tullock (1959) y Buchanan y Tullock (1962) describieron cómo los legisladores intercambian apoyos entre temas: «te apoyo en lo tuyo si me apoyas en lo mío». En un Congreso fragmentado ese intercambio es la moneda corriente, y explica por qué una ley de presupuesto termina con partidas que reflejan acuerdos de otros proyectos.

En los sistemas presidenciales el problema se agrava. Mainwaring (1993) advirtió que la combinación de presidencialismo y multipartidismo es especialmente difícil: el Ejecutivo tiene mandato fijo pero no controla el Legislativo, y los incentivos de los partidos para cooperar con él son más débiles que en un régimen parlamentario.

En Chile, la ley de presupuesto tiene reglas propias que cambian la negociación. El Congreso solo puede reducir los gastos que propone el Ejecutivo, no aumentarlos ni crear otros nuevos. Además, si no despacha el proyecto dentro de 60 días, rige la propuesta del Presidente (artículo 67 de la Constitución). Esas reglas le dan al gobierno un poder de agenda considerable: el piso de la negociación es su propio proyecto. Pero el Congreso conserva el poder de recortar partidas, condicionar glosas y trabar otros proyectos que al gobierno le importan, así que la negociación existe igual.

Cómo lo explicó el programa

En Buenas Tardes Mercado del 6 de octubre de 2026 ([btm-2026-10-06]), a propósito de la discusión del presupuesto, Pepe Arias planteó el punto central del concepto: sin mayorías, el gobierno tiene que asumir que la ley de presupuesto es una negociación, en la que perderá algunas cosas y debe procurar ganar más de lo que pierde. En sus palabras, «hay que tener la inteligencia suficiente para plantear que esto es un proceso de negociación».

La frase coincide con lo que predice la teoría. El objetivo realista de un gobierno minoritario no es aprobar su proyecto intacto, sino maximizar el saldo neto: decidir de antemano qué partidas son prescindibles y cuáles son irrenunciables, y usar las primeras como moneda de cambio. Un gobierno que presenta el presupuesto como un todo innegociable deja de aprovechar su poder de agenda y empuja al Congreso hacia los recortes, que es la única herramienta que le da la Constitución.

Relación con otros conceptos

El concepto se cruza con la economía política del presupuesto: lo que finalmente se gasta refleja tanto prioridades técnicas como el precio de los votos. También se relaciona con el problema del fondo común (common pool) en las finanzas públicas: cuando cada legislador ve el beneficio concentrado de una partida para su distrito, pero el costo se reparte entre todos los contribuyentes, la presión es hacia más gasto. En Chile, la prohibición de aumentar gastos existe justamente para contener esa presión.

Se vincula además con las reglas fiscales y la meta de balance estructural, que fijan un techo antes de que empiece la negociación y limitan cuánto puede ceder el gobierno sin romper su compromiso de responsabilidad fiscal. Por último, toca la credibilidad de la política fiscal: un presupuesto aprobado con concesiones que desordenan las cuentas puede elevar la prima por riesgo y el costo de financiamiento del fisco. Por eso la negociación también tiene una dimensión que miran los mercados.

Fuentes y lecturas

  • Tsebelis, G. (2002), Veto Players: How Political Institutions Work, Princeton University Press.
  • Riker, W. H. (1962), The Theory of Political Coalitions, Yale University Press.
  • Baron, D. P. y Ferejohn, J. A. (1989), «Bargaining in Legislatures», American Political Science Review, 83(4).
  • Mainwaring, S. (1993), «Presidentialism, Multipartism, and Democracy: The Difficult Combination», Comparative Political Studies, 26(2).
  • Siavelis, P. M. (2000), The President and Congress in Postauthoritarian Chile: Institutional Constraints to Democratic Consolidation, Penn State University Press.

Apariciones