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Teoría

Obsolescencia institucional

Visto en 1 aparición de los programas.

Qué es

Una institución, en el sentido preciso que le dio North (1990), son las reglas del juego: las restricciones formales e informales que estructuran la interacción humana y reducen la incertidumbre sobre lo que hará el otro. Esas reglas no se diseñan en el vacío. Se diseñan para resolver los problemas de coordinación de un momento histórico concreto, con la distribución de poder, la tecnología y las amenazas de ese momento. La obsolescencia institucional es la brecha que se abre cuando el entorno cambia y la regla no: la institución sigue funcionando —incluso funcionando bien según su propio diseño— pero ya no resuelve el problema que la sociedad tiene hoy.

Lo contraintuitivo es que la obsolescencia no es lo mismo que la ineficiencia. Un organismo obsoleto puede ser impecable ejecutando su mandato; el problema es que el mandato envejeció. Por eso el diagnóstico exige comparar la institución contra el entorno actual, no contra su propio manual de operaciones.

La pregunta interesante no es por qué las instituciones se vuelven obsoletas —el mundo cambia, eso es barato de explicar—, sino por qué sobreviven a su obsolescencia. La respuesta de la economía institucional reúne varios mecanismos que empujan en la misma dirección:

Costos de transacción del rediseño. Renegociar una regla común exige acuerdo entre muchas partes con intereses divergentes. Keohane (1984) formuló el argumento canónico para el orden internacional: los regímenes persisten después de que desaparece la distribución de poder que los creó, porque crear una institución nueva es mucho más caro que seguir usando la que ya existe, aunque calce mal. La inercia no prueba que la institución sirva; prueba que reemplazarla es caro.

Dependencia de la trayectoria. North (1990), apoyándose en la lógica que David (1985) ilustró con el teclado QWERTY, mostró que el cambio institucional es incremental y está limitado por la historia: las organizaciones, los contratos y las carreras profesionales que crecieron alrededor de una regla tienen todos interés en que esa regla siga en pie.

Los ganadores del diseño viejo tienen poder de veto. Acemoglu y Robinson (2012) sistematizaron por qué instituciones que empobrecen al conjunto se sostienen igual: quienes capturan sus rentas son exactamente quienes controlan la llave del cambio. Y aquí opera además la aritmética constitucional de Buchanan y Tullock (1962): mientras más alta la mayoría exigida para decidir, más bajo el riesgo de que a uno le impongan algo, pero más alto el costo de decidir cualquier cosa. En el límite —la unanimidad, o el veto individual— el costo de decidir tiende a infinito y la institución queda congelada en su configuración fundacional.

Acumulación de coaliciones distributivas. Olson (1982) llamó esclerosis institucional al proceso por el cual, en ambientes estables y prolongados, se van sedimentando grupos organizados que capturan porciones del arreglo y bloquean cualquier reforma que los afecte. No hace falta que nadie actúe de mala fe: basta el paso del tiempo.

Hirschman (1970) aporta el mapa de salidas. Frente a una organización que se deteriora, sus miembros tienen tres caminos: voz (reclamar y reformar), salida (irse o dejar de financiarla) y lealtad, que retrasa las otras dos. Cuando la voz está bloqueada por diseño —porque el reclamo debe dirigirse a quienes vetan el cambio—, la presión se traslada mecánicamente a la salida. Ese desplazamiento no es un capricho: es la consecuencia predecible de haber cerrado el otro canal.

Cómo lo explicó el programa

En el BDM del 23 de septiembre de 2026, a propósito de la Asamblea General, Pepe Arias planteó el caso más nítido de esta categoría: la ONU "fue creada con el mundo post segunda guerra mundial, hoy día no tiene nada que hacer en el mundo que estamos viviendo".

El argumento del panel recorre exactamente los mecanismos anteriores. Un organismo diseñado para el mundo de 1945 hoy no le sirve ni a los países grandes ni a los chicos, y la razón estructural es que quienes pasan por encima de las normas ocupan asientos permanentes con veto en el Consejo de Seguridad: el canal de reclamo apunta a los mismos que tendrían que autorizar la reforma. De ahí la disyuntiva que dejó planteada el programa —reformular el organismo de verdad o reconocer que no cumple función alguna— y de ahí también que, si el canal de voz está clausurado, el cuestionamiento al financiamiento aparezca como la jugada consistente: es la salida de Hirschman cuando la voz no tiene destinatario.

Una advertencia que el marco teórico impone sobre el juicio: "no cumple función alguna" es una afirmación empírica que se evalúa función por función. Una institución grande puede estar obsoleta en su núcleo —la seguridad colectiva— y seguir entregando servicios residuales valiosos en sus agencias técnicas. Defundir el conjunto por la obsolescencia de una parte es un error de agregación.

Relación con otros conceptos

La obsolescencia institucional es el diagnóstico; la dependencia de la trayectoria explica por qué el diagnóstico no se traduce en cambio. Los costos de transacción miden cuán caro es renegociar el arreglo, y la acción colectiva explica por qué el grupo difuso que se beneficiaría de la reforma está peor organizado que la minoría que vive del statu quo — el mismo mecanismo de la captura regulatoria y de la búsqueda de rentas. En organismos internacionales se cruza además con el problema del principal-agente (los estados miembros son principales dispersos frente a una burocracia con información propia) y con la provisión de bienes públicos globales, donde el free riding en el financiamiento y la salida por hartazgo se ven idénticos desde afuera.

Fuentes y lecturas

  • North, D. C. (1991), "Institutions", Journal of Economic Perspectives, 5(1), 97–112. — La síntesis breve y accesible de Institutions, Institutional Change and Economic Performance (Cambridge University Press, 1990).
  • Olson, M. (1982), The Rise and Decline of Nations: Economic Growth, Stagflation, and Social Rigidities, Yale University Press.
  • Hirschman, A. O. (1970), Exit, Voice, and Loyalty: Responses to Decline in Firms, Organizations, and States, Harvard University Press. — Hay traducción al español: Salida, voz y lealtad, Fondo de Cultura Económica.
  • Keohane, R. O. (1984), After Hegemony: Cooperation and Discord in the World Political Economy, Princeton University Press.
  • Acemoglu, D. y Robinson, J. A. (2012), Why Nations Fail: The Origins of Power, Prosperity and Poverty, Crown Business. — En español: Por qué fracasan los países, Deusto.
  • Buchanan, J. M. y Tullock, G. (1962), The Calculus of Consent: Logical Foundations of Constitutional Democracy, University of Michigan Press.

Apariciones