Teoría
Oferta laboral y horas trabajadas
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Qué es
La oferta laboral es la decisión de cuánto tiempo una persona está dispuesta a vender en el mercado, y tiene dos márgenes que conviene no confundir: el extensivo (participar o no) y el intensivo (cuántas horas, dado que se participa). El modelo canónico trata al trabajador como un consumidor que reparte una dotación fija de tiempo entre trabajo remunerado y usos alternativos —ocio, cuidado, estudio, producción doméstica— sujeto a una restricción presupuestaria en la que el salario por hora es, literalmente, el precio del tiempo no trabajado.
De ahí salen dos resultados que hacen todo el trabajo analítico. El primero es el salario de reserva: por debajo de cierto valor de la hora, la persona no entra al mercado, porque su tiempo rinde más en otro uso. El segundo es la ambigüedad de la respuesta al salario. Un alza de la hora encarece el ocio y empuja a trabajar más (efecto sustitución), pero también hace más rica a la persona y, si el ocio es un bien normal, la empuja a trabajar menos (efecto ingreso). El signo neto no lo decide la teoría sino los datos, y cuando el segundo domina la curva de oferta se dobla hacia atrás —la backward-bending supply curve que formalizó Robbins (1930)—.
Becker (1965) reencuadró el problema: no hay un "ocio" residual, sino un hogar que combina tiempo y bienes para producir lo que efectivamente consume, de modo que el costo de una hora fuera del mercado incluye lo que esa hora produce en casa. Mincer (1962) había llevado esa lógica a la participación laboral de las mujeres casadas y mostró que su oferta responde a las horas y al ingreso del resto del hogar, no solo al salario propio. Los tratamientos modernos —Killingsworth (1983), Blundell y MaCurdy (1999)— ordenan la evidencia empírica alrededor de un hecho robusto: la elasticidad de la oferta laboral es baja en el margen intensivo de los hombres adultos y bastante mayor en el margen extensivo, sobre todo de las mujeres.
Falta un supuesto que el modelo básico esconde: que las horas se eligen con libertad. No es así. La jornada legal, los turnos, los contratos y los costos fijos de trabajar (traslado, cuidado infantil) hacen que las horas se apiñen en unos pocos valores. En Chile eso es visible: la jornada ordinaria era de 45 horas y baja gradualmente a 40 por la Ley 21.561 (2023), y el contrato de jornada parcial tiene tope de 30 horas. Por eso la Encuesta Nacional de Empleo del INE reporta tramos —hasta 30, de 31 a 44, 45, 46 y más— y no una distribución continua.
La consecuencia de medición es directa: el ingreso mensual es un producto, precio por hora multiplicado por cantidad de horas. Comparar ingresos mensuales entre dos grupos cuyas distribuciones de horas difieren mezcla las dos cosas y llama "brecha de precio" a lo que puede ser diferencia de cantidad. A eso se suma que quienes están ocupados no son una muestra aleatoria de la población: el sesgo de selección que formalizó Heckman (1979) implica que el salario observado ya está condicionado por la decisión de participar.
Hay un matiz que impide tomar la corrección por horas como el final del asunto. Goldin (2014) documentó que en varias ocupaciones el pago por hora no es lineal en las horas: los trabajos que exigen disponibilidad continua pagan una prima por jornadas largas e inflexibles, de manera que las horas y el precio de la hora están correlacionados por diseño. Corregir por horas es necesario; suponer que con eso queda aislado el "precio puro" del trabajo, no.
Cómo lo explicó el programa
Willy Díaz llevó exactamente ese punto al aire en Buenos Días Mercado del 28-08-2026 (bdm-2026-08-28), en el tema "La brecha de ingresos entre hombres y mujeres está mal medida":
"tú no puedes comparar la mediana ni el promedio de hombres contra mujeres si no corriges por la cantidad de horas"
El argumento se apoyó en la propia distribución de la encuesta de empleo del INE: muchas más mujeres en los tramos de pocas horas y muchos más hombres en el tramo normal de 31 a 44. Si ante una misma remuneración por hora las mujeres trabajan menos horas, la comparación en bruto de medianas o promedios está midiendo, en buena parte, la diferencia de horas. Y el panelista fue más lejos que la corrección de magnitud: sostuvo que corregido por horas el efecto podría incluso invertirse, es decir, cambiar de signo y no solo achicarse. Esa es una afirmación cuantitativa, contrastable con la Encuesta Suplementaria de Ingresos, y conviene tratarla como tal y no como corolario de la teoría: lo que la teoría garantiza es que el ingreso mensual mezcla precio y cantidad, no cuál de las dos domina.
Relación con otros conceptos
Se apoya en la restricción presupuestaria intertemporal del hogar y en la descomposición en efectos ingreso y sustitución, la misma que ordena la demanda de cualquier bien. Por el lado del mercado, se cruza con la demanda de trabajo y con la determinación del salario de equilibrio, y con el capital humano en la explicación de por qué los precios de la hora difieren entre personas. En el terreno de la medición, dialoga con las descomposiciones de brechas salariales (separar la parte atribuible a características observables de la que queda como residuo) y con el sesgo de selección. En agregado, alimenta la fuerza de trabajo y la tasa de participación, insumos de la tasa de desempleo y del producto potencial.
Fuentes y lecturas
- Robbins, L. (1930), On the Elasticity of Demand for Income in Terms of Effort, Economica.
- Mincer, J. (1962), Labor Force Participation of Married Women: A Study of Labor Supply, en Aspects of Labor Economics, NBER / Princeton University Press.
- Becker, G. (1965), A Theory of the Allocation of Time, The Economic Journal 75(299).
- Blundell, R. y MaCurdy, T. (1999), Labor Supply: A Review of Alternative Approaches, en Handbook of Labor Economics, vol. 3A, Elsevier.
- Goldin, C. (2014), A Grand Gender Convergence: Its Last Chapter, American Economic Review 104(4).
- Borjas, G. (2016), Labor Economics, McGraw-Hill (manual estándar, capítulos de oferta laboral y de diferencias salariales).