Teoría
Postergación de la compra de bienes durables
Visto en 1 aparición de los programas.
Qué es
Un bien durable es aquel que se compra una vez y presta servicios durante años: un auto, un refrigerador, un televisor, un teléfono. Esa característica —que el gasto ocurre hoy pero el consumo se reparte en el futuro— es la que vuelve la decisión de comprarlo mucho más parecida a una inversión que a un acto de consumo. Y las inversiones se pueden aplazar.
La postergación de la compra de bienes durables es, entonces, la respuesta más natural de un hogar que ve deteriorarse su ingreso, su empleo o su certeza sobre ambos. Como el refrigerador viejo sigue funcionando, el costo de esperar un trimestre más es bajo: el hogar no deja de consumir frío, solo deja de renovar el aparato que lo produce. Browning y Crossley (2000) formalizaron exactamente esta intuición —su paper se llama, sin rodeos, "los lujos son más fáciles de postergar"— y mostraron que un hogar golpeado por el desempleo recorta con fuerza estos gastos porque el costo en bienestar de hacerlo es pequeño, mientras que recortar comida o arriendo sería devastador.
El corolario macroeconómico es incómodo y bien conocido: el gasto en durables es el componente más volátil del consumo agregado, y cae mucho antes y mucho más fuerte que el PIB. Mankiw (1982) fue de los primeros en mostrar formalmente que tratar los durables como consumo corriente lleva a conclusiones equivocadas: lo que la teoría del ingreso permanente (Friedman, 1957) predice suave es el flujo de servicios, no el desembolso, y el desembolso puede ser todo lo brusco que quiera. Bernanke (1985) llevó eso a un modelo con costos de ajuste.
De ahí sale la segunda pieza. Comprar un durable tiene costos fijos y es en buena medida irreversible: el auto pierde valor al salir de la automotora, no hay mercado líquido para el refrigerador usado. Bajo ese supuesto, la conducta óptima no es ajustar el stock un poquito cada mes, sino no hacer nada durante mucho tiempo y de pronto ajustar de golpe —lo que en la literatura se conoce como reglas (S,s). Grossman y Laroque (1990) lo demostraron para bienes durables ilíquidos; Bar-Ilan y Blinder (1992) titularon su evidencia empírica de la manera más elocuente posible: "lo óptimo es, habitualmente, no hacer nada"; y Eberly (1994) lo verificó sobre compras de automóviles. La consecuencia es que el hogar tolera una banda amplia de "desajuste" antes de moverse, y esa banda se ensancha cuando sube la incertidumbre, porque esperar tiene un valor de opción (Dixit y Pindyck, 1994; el argumento paralelo para inversión de empresas está en Bernanke, 1983).
Lo importante para leer coyuntura es que la postergación no destruye la demanda, la acumula. El stock se sigue depreciando mientras nadie compra, así que se va formando una deuda de reposición —demanda reprimida— que aparece de golpe cuando el ingreso o el crédito se normalizan. Por eso los durables son a la vez el mejor termómetro anticipado del deterioro y el motor más rápido de la recuperación.
Cómo lo explicó el programa
En Buenas Tardes Mercado del 7 de agosto de 2026, al comentar la composición de las ventas del cyber como señal de demanda, Pepe Arias lo resumió en una frase: "la gente en el cyber compró arroz, aceite".
El punto del panel no era el volumen vendido sino la canasta. En las plataformas de los supermercados lo más vendido fueron productos absolutamente básicos —arroz, aceite— aprovechando el descuento, y no autos, televisores ni teléfonos. Es decir: frente a una rebaja transversal, el hogar chileno no usó la oportunidad para renovar bienes durables sino para abastecerse de lo que iba a consumir igual. La lectura del programa fue que eso indica un mercado muy apretado por el lado de la demanda.
Vale la pena notar que ese comportamiento es doblemente informativo. Comprar arroz y aceite en oferta también es una decisión intertemporal —el hogar adelanta compras de un bien almacenable para arbitrar contra el precio futuro—, solo que se juega en un horizonte de semanas y con un desembolso chico. Que la sustitución intertemporal se exprese en el aceite y no en el televisor dice algo preciso sobre la restricción que enfrenta el presupuesto: hay margen para adelantar cien lucas, no para comprometer un millón.
Relación con otros conceptos
El fenómeno se apoya en la ley de Engel: cuando el ingreso disponible se estrecha, la participación de los bienes de primera necesidad en el gasto sube, aun cuando el gasto absoluto en ellos no crezca. Convive con el ahorro precautorio, que es la otra cara del mismo miedo, y con la restricción de liquidez, que explica por qué el hogar no puede simplemente endeudarse para suavizar. Del lado de las empresas, el análogo exacto es la irreversibilidad de la inversión y el mismo valor de opción de esperar.
Por el canal de la política monetaria, los durables son el componente más sensible a la tasa de interés —se compran a crédito—, así que son el eslabón donde primero se ve el efecto de un ciclo de alzas y donde primero se ve el alivio de los recortes. Y hacia el ciclo, la demanda reprimida acumulada es la que alimenta después el acelerador de la recuperación.
Fuentes y lecturas
- Mankiw, N. G. (1982), "Hall's Consumption Hypothesis and Durable Goods", Journal of Monetary Economics 10(3).
- Bar-Ilan, A. y Blinder, A. S. (1992), "Consumer Durables: Evidence on the Optimality of Usually Doing Nothing", Journal of Money, Credit and Banking 24(2).
- Browning, M. y Crossley, T. F. (2000), "Luxuries Are Easier to Postpone: A Proof", Journal of Political Economy 108(5).
- Dixit, A. K. y Pindyck, R. S. (1994), Investment under Uncertainty, Princeton University Press.
- Blanchard, O. (2017), Macroeconomía (7.ª ed.), Pearson — capítulos de consumo e inversión.