Teoría
Realismo de las proyecciones oficiales de crecimiento
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Qué es
El realismo de las proyecciones oficiales de crecimiento es el grado en que las cifras de crecimiento del PIB que publica un gobierno se acercan a lo que de verdad cabe esperar, y no a lo que conviene anunciar. Importa porque esas cifras no son un pronóstico más. Sobre ellas se calculan los ingresos tributarios esperados, el gasto que se puede comprometer en el presupuesto y la trayectoria de la deuda pública.
Si un ministerio de Hacienda proyecta un crecimiento más alto que el probable, el presupuesto aparenta tener más ingresos de los que llegarán. El gasto se aprueba sobre esa base. Cuando la economía crece menos, aparece un déficit que nadie votó de forma explícita y que termina financiándose con deuda o con recortes apurados a mitad de año.
La evidencia sistemática sobre este sesgo la sistematizó Jeffrey Frankel (2011). Con datos de decenas de países, mostró que las proyecciones oficiales de crecimiento y de balance fiscal tienden a ser más optimistas que lo que efectivamente ocurre. El sesgo crece con el horizonte de la proyección y es mayor justo en los auges, cuando es más fácil creer que el buen momento durará. Frankel y Schreger (2013) encontraron además que en la zona euro el optimismo era más marcado en los países que estaban por encima del límite de déficit del Pacto de Estabilidad. Si la regla castiga el déficit, la tentación es "cumplirla" en el papel inflando el crecimiento esperado.
El problema de fondo es de incentivos y de credibilidad, emparentado con la inconsistencia temporal que formalizaron Kydland y Prescott (1977). Al gobierno de turno le conviene, hoy, una proyección generosa que le dé holgura de gasto, aunque mañana eso erosione la confianza en todas sus cifras. Una proyección inflada sirve una vez. Después, el mercado y los analistas aprenden a descontarla, y el instrumento pierde su utilidad principal, que es anclar expectativas.
Chile aparece en ese debate como un caso de estudio. Frankel (2011) lo destacó como excepción: desde la década de 2000, la regla de balance estructural calcula el gasto sobre parámetros de mediano plazo (el PIB tendencial y el precio de referencia del cobre) que estiman comités de expertos independientes, no el propio Ministerio. La metodología original está descrita en Marcel y coautores (2001). Más tarde, la Ley 21.148 (2019) creó el Consejo Fiscal Autónomo, que entre otras tareas evalúa los supuestos macroeconómicos del presupuesto. La lógica institucional es sacar el número clave de las manos de quien tiene incentivo a inflarlo.
Un contraste natural para cualquier proyección de Hacienda es la del Banco Central, que publica sus rangos en el Informe de Política Monetaria (IPoM). El banco es autónomo, no aprueba presupuestos y su prestigio depende de acertar. Cuando la cifra de Hacienda queda por encima del rango del Banco Central, la diferencia funciona como señal de alerta. Cuando la converge, aunque sea a la baja, la señal es de credibilidad.
Cómo lo explicó el programa
En Buenas Tardes Mercado del 6 de octubre de 2026 (btm-2026-10-06), el panel comentó la rebaja de la proyección oficial de crecimiento para 2026 a 0,7%. La lectura fue de dos caras. La cifra en sí es mala noticia, porque refleja una economía casi estancada. Pero que Hacienda alinee su proyección con el rango del Banco Central es sano, porque deja el presupuesto apoyado en un número creíble y no en un deseo.
Pepe Arias lo resumió con una expresión muy chilena: "lo que necesitamos es no hacernos trampas en el solitario". La imagen calza con la teoría. Una proyección optimista no engaña a los mercados por mucho tiempo, pero sí permite que el propio gobierno se autoengañe al planificar el gasto. Reconocer la cifra baja cuesta políticamente hoy y evita el ajuste forzado de mañana.
Relación con otros conceptos
El concepto se apoya directamente en las reglas fiscales, que buscan limitar la discrecionalidad del gasto y cuya eficacia depende de que los supuestos de entrada sean honestos. En Chile, la conexión pasa por el balance estructural y el PIB tendencial: si el crecimiento potencial se sobreestima, el gasto "estructural" permitido queda inflado aunque la regla se cumpla formalmente.
También se vincula con la credibilidad institucional y la inconsistencia temporal. Cuanto más se percibe que un gobierno maquilla sus cifras, menos sirven sus anuncios para anclar expectativas. Por eso se relaciona con la autonomía de los bancos centrales y de los consejos fiscales, que existen para separar el pronóstico técnico del ciclo político. Por último, toca el ciclo político presupuestario: la tentación del optimismo suele crecer cerca de las elecciones o cuando hay presión por financiar compromisos nuevos.
Fuentes y lecturas
- Frankel, J. (2011), "Over-optimism in forecasts by official budget agencies and its implications", Oxford Review of Economic Policy, 27(4).
- Frankel, J. y Schreger, J. (2013), "Over-optimistic official forecasts and fiscal rules in the eurozone", Review of World Economics, 149(2).
- Kydland, F. y Prescott, E. (1977), "Rules rather than discretion: The inconsistency of optimal plans", Journal of Political Economy, 85(3).
- Marcel, M., Tokman, M., Valdés, R. y Benavides, P. (2001), Balance estructural del Gobierno Central: metodología y estimaciones para Chile 1987-2000, Dirección de Presupuestos, Estudios de Finanzas Públicas.
- Blanchard, O. (2021), Macroeconomics (8.ª ed.), Pearson: capítulos sobre política fiscal y deuda pública.