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Teoría

Saliencia del precio de la gasolina en la percepción de inflación

Visto en 1 aparición de los programas.

Qué es

La saliencia del precio de la gasolina es el peso desproporcionado que tiene ese precio en la forma en que los hogares perciben la inflación. Es mucho mayor que su participación real en la canasta del IPC. Un hogar promedio gasta en combustible una fracción acotada de su presupuesto. Aun así, cuando le preguntan si los precios están subiendo, la gasolina suele ser lo primero que tiene en la cabeza.

La explicación viene de la economía del comportamiento. Una persona no calcula la inflación ponderando cientos de precios. Se forma una impresión con los que ve con más frecuencia y más claridad. La gasolina reúne casi todas las condiciones para destacar:

  • Se compra seguido. Para muchos hogares es una compra semanal.
  • El precio está a la vista de todos. Aparece en letreros grandes en la calle, aunque uno no esté cargando.
  • Es un producto homogéneo. Un litro de 95 octanos es igual hoy y en seis meses, así que el cambio de precio no se confunde con un cambio de calidad, como pasa con la ropa o la tecnología.
  • Es volátil. Se mueve rápido y en cifras redondas que se recuerdan.

En psicología cognitiva, este mecanismo se parece a la heurística de disponibilidad: juzgamos la frecuencia o la importancia de algo según la facilidad con que nos vienen ejemplos a la mente (Tversky y Kahneman, 1973). En economía, Bordalo, Gennaioli y Shleifer (2013) formalizaron cómo los atributos que más destacan en una situación pesan de más en las decisiones del consumidor.

La consecuencia macroeconómica importa. Coibion y Gorodnichenko (2015) mostraron que las expectativas de inflación de los hogares en Estados Unidos siguen de cerca el precio del petróleo y la gasolina. Con eso explicaron por qué las expectativas no cayeron tanto como se esperaba después de la crisis de 2008. Binder (2018) documentó que los hogares ajustan sus expectativas de inflación según lo que pagan en la bomba, y que lo hacen con más fuerza cuando el precio sube que cuando baja. En la misma línea, D'Acunto, Malmendier, Ospina y Weber (2021) encontraron que lo que mueve las expectativas son los precios que cada persona ve en sus compras habituales, y no el IPC oficial.

Para un banco central esto no es un detalle. Si los hogares creen que la inflación es alta porque subió la gasolina, pueden pedir más reajuste salarial, adelantar compras o desconfiar de las cifras oficiales. Así, un shock de un solo precio se transmite a las expectativas generales y puede volverse inflación persistente. Por eso las autoridades vigilan la inflación subyacente (sin energía ni alimentos) y también las expectativas declaradas en encuestas a hogares.

Cómo lo explicó el programa

En Buenas Tardes Mercado del 2 de octubre de 2026 (btm-2026-10-02), Ahmed Riesgo tomó el concepto para explicar cómo los conflictos internacionales llegan al bolsillo de los estadounidenses. En el tema «La gasolina como canal de la guerra hacia el consumidor», planteó que el consumidor siente la inflación sobre todo a través de un precio:

«el precio que más ve porque es el precio que lo siente todos los días es el precio de la gasolina»

Según su lectura, la guerra con Irán entró a los hogares de Estados Unidos por la bomba de combustible. Un conflicto lejano, que en las estadísticas aparece como un shock al precio del crudo, el ciudadano común lo vive como una cifra que cambia en el letrero de la estación de servicio. Riesgo agregó que la guerra comercial también subió precios, pero por un camino menos visible: los aranceles encarecen bienes importados que se compran con menos frecuencia y cuyo aumento se nota menos.

El contraste entre los dos canales ilustra bien el concepto. Ambos suben precios, pero la gasolina define la percepción del costo de la vida mucho más que los aranceles.

Relación con otros conceptos

La saliencia de la gasolina es un caso particular de las expectativas de inflación y de su desanclaje. Por eso se relaciona con la discusión sobre la credibilidad del banco central y con la curva de Phillips aumentada por expectativas: si las expectativas de los hogares suben por un precio visible, la inflación efectiva puede seguirlas.

También conversa con la distinción entre inflación total e inflación subyacente, que existe justamente para separar los movimientos volátiles de energía y alimentos de la tendencia de fondo. Y con los shocks de oferta del petróleo, cuyo traspaso directo a precios es rápido mientras el traspaso indirecto, vía expectativas y salarios, es el que preocupa a la política monetaria.

Por el lado del comportamiento, se emparenta con la racionalidad limitada y la inatención racional, que explican por qué el consumidor no sigue todos los precios. Se relaciona también con el aprendizaje por experiencia: Malmendier y Nagel (2016) mostraron que las personas forman sus expectativas de inflación según la inflación que vivieron en carne propia. Finalmente, tiene un paralelo en finanzas públicas en la saliencia de los impuestos: Chetty, Looney y Kroft (2009) mostraron que los consumidores reaccionan más a los impuestos que ven en la etiqueta que a los que se cobran en la caja.

Fuentes y lecturas

  • Tversky, A. y Kahneman, D. (1973), «Availability: A heuristic for judging frequency and probability», Cognitive Psychology, 5(2).
  • Bordalo, P., Gennaioli, N. y Shleifer, A. (2013), «Salience and Consumer Choice», Journal of Political Economy, 121(5).
  • Coibion, O. y Gorodnichenko, Y. (2015), «Is the Phillips Curve Alive and Well after All? Inflation Expectations and the Missing Disinflation», American Economic Journal: Macroeconomics, 7(1).
  • Binder, C. (2018), «Inflation expectations and the price at the pump», Journal of Macroeconomics, 58.
  • D'Acunto, F., Malmendier, U., Ospina, J. y Weber, M. (2021), «Exposure to Grocery Prices and Inflation Expectations», Journal of Political Economy, 129(5).

Apariciones