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Teoría

Seguridad de suministro eléctrico

Visto en 1 aparición de los programas.

Qué es

La seguridad de suministro eléctrico es la capacidad de un sistema para entregar energía a los consumidores de manera continua, en la cantidad demandada y a un precio que no destruya la actividad que la usa. Conviene separar dos dimensiones que en la conversación pública se confunden. La suficiencia es de largo plazo: si el parque de generación y las redes instaladas alcanzan para servir la demanda máxima esperable dentro de varios años. La seguridad propiamente tal es de corto plazo: si el sistema soporta una contingencia —una central que sale, una línea que cae, un año hidrológico malo— sin cortar clientes. Un sistema puede tener capacidad de sobra y aun así ser inseguro si todo depende de un único punto de falla.

La razón por la que esto es un problema económico, y no solo de ingeniería, está en tres rasgos poco habituales del producto. La electricidad no se almacena en volumen a costo razonable, de modo que oferta y demanda deben calzar instante a instante. La demanda de corto plazo es casi perfectamente inelástica: nadie mira el precio antes de encender la luz. Y, decisivo, cuando el sistema no da abasto el racionamiento es indiscriminado: no se puede cortar solo a quienes no pagaron por confiabilidad y seguir sirviendo a quienes sí lo hicieron. Joskow y Tirole (2007) formalizaron esa consecuencia: dentro de una red, la confiabilidad se comporta como un bien público local, con las fallas de provisión que eso implica. Nadie tiene incentivo individual a pagar por una reserva de la que se beneficia todo el sistema.

De ahí se sigue el resto. Como los reguladores suelen topar el precio en las horas críticas para evitar rentas extraordinarias, el generador que existiría precisamente para operar esas pocas horas al año no alcanza a recuperar su inversión: es el missing money que describe Stoft (2002), y el origen de los pagos por capacidad —en Chile, el pago por potencia de suficiencia— con que casi todos los mercados eléctricos del mundo remiendan el problema. El antecedente teórico es más antiguo: Boiteux (1960) y Steiner (1957) ya habían establecido que el costo de la capacidad necesaria para servir la punta debe imputarse a quien consume en la punta, no diluirse en la tarifa media. Schweppe y coautores (1988) llevaron esa lógica al extremo operativo, mostrando cómo el precio spot puede incorporar en tiempo real las restricciones de red y la escasez.

El parámetro que ordena todo el diseño es el costo de la energía no suministrada (VOLL, value of lost load): lo que vale para un usuario la energía que no recibió. Ese número es uno o dos órdenes de magnitud mayor que el costo marginal de producirla. La asimetría explica por qué el óptimo social no es cero apagones —evitar el último apagón cuesta infinito— pero tampoco es dejar que el mercado despeje sin más: la pérdida por falla es tan grande que justifica sostener reservas que, en operación normal, se ven como capacidad ociosa cara.

Las interconexiones son un instrumento particular dentro de esta familia. Su valor no es principalmente traer energía barata, aunque suela venderse así, sino de portafolio: al unir dos sistemas cuyas demandas y cuyas hidrologías no están perfectamente correlacionadas, la reserva total requerida para alcanzar un mismo nivel de confiabilidad cae. Es diversificación aplicada a una red física, y el respaldo mutuo vale sobre todo en el escenario en que el sistema propio falla. Una interconexión es además una inversión irreversible y de larga maduración; Dixit y Pindyck (1994) mostraron que, bajo incertidumbre, la irreversibilidad eleva el umbral de rentabilidad exigido antes de invertir. La incertidumbre regulatoria entra por esa misma puerta: si el permiso puede caerse después de años de tramitación, el costo de capital de todo proyecto futuro sube, y el efecto no se limita al proyecto rechazado.

Cómo lo explicó el programa

El caso apareció en Buenos Días Mercado del 20 de agosto de 2026, a propósito del rechazo ambiental a un proyecto de interconexión con el sistema argentino en la Región del Maule. Juan José Lavín resumió la decisión en una frase que traslada el asunto del terreno técnico al institucional: "la Comisión de Evaluación Ambiental del Maule decidió no dar esa seguridad energética".

El detalle que hace económico el episodio es la secuencia. El proyecto tenía todos sus informes sectoriales previos favorables y fue rechazado por una especie que no había aparecido en cinco años de tramitación. La lectura no obliga a discutir si la protección ambiental era procedente —ese es un juicio distinto—, sino a notar dos costos que la decisión traslada. Uno es el costo directo: una región que ya convive con racionamiento queda sin la fuente de respaldo, y ese costo se mide en energía no suministrada, no en megavatios instalados. El otro es el costo de opción: un antecedente favorable revertido tarde encarece el capital de cualquier obra de red posterior. La seguridad de suministro, en la práctica chilena, se decide tanto en la sala de una comisión evaluadora como en un despacho económico.

Relación con otros conceptos

Conecta directamente con la noción de bien público y con la de externalidad, porque tanto la confiabilidad que se deja de proveer como el daño ambiental que se busca evitar son efectos que no pasan por el precio. Se apoya en la tarificación en punta y en el costo marginal de corto plazo para entender por qué la escasez debe tener precio. Toca la inversión irreversible bajo incertidumbre y el riesgo regulatorio, que fijan el umbral desde el cual un privado construye infraestructura. Y en su dimensión internacional es un caso de ganancias del comercio: dos sistemas se interconectan por la misma razón por la que dos países comercian, porque sus escaseces no ocurren al mismo tiempo.

Fuentes y lecturas

  • Stoft, S. (2002), Power System Economics: Designing Markets for Electricity, IEEE Press / Wiley. El manual estándar; los capítulos sobre confiabilidad y missing money son el punto de partida obligado.
  • Joskow, P. y Tirole, J. (2007), "Reliability and Competitive Electricity Markets", RAND Journal of Economics, 38(1), pp. 60–84.
  • Schweppe, F., Caramanis, M., Tabors, R. y Bohn, R. (1988), Spot Pricing of Electricity, Kluwer Academic Publishers.
  • Boiteux, M. (1960), "Peak-Load Pricing", The Journal of Business, 33(2), pp. 157–179 (traducción del original francés de 1949).
  • Dixit, A. y Pindyck, R. (1994), Investment under Uncertainty, Princeton University Press.

Apariciones