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Teoría

Sesgo de deseabilidad social en encuestas (voto oculto)

Visto en 1 aparición de los programas.

Qué es

El sesgo de deseabilidad social es la tendencia de las personas a responder encuestas de la forma que creen que será mejor vista, en lugar de decir lo que realmente piensan o hacen. No siempre es una mentira consciente. A veces la persona ajusta su respuesta para no quedar mal frente al encuestador, y otras veces se convence a sí misma de una versión más "presentable" de sus preferencias.

La psicología lo estudia hace décadas. Edwards (1957) mostró que la probabilidad de que alguien se atribuya un rasgo en un cuestionario depende en buena medida de cuán socialmente deseable es ese rasgo. Poco después, Crowne y Marlowe (1960) propusieron una escala para medir cuánto tiende cada persona a dar respuestas "correctas". Esa escala se sigue usando hoy para detectar y controlar el fenómeno.

En encuestas electorales, el sesgo toma la forma del llamado voto oculto: una parte del electorado prefiere a un candidato u opción que percibe como impopular, polémica o mal vista en su entorno, y lo esconde. Esta conducta se manifiesta de tres maneras principales:

  1. Declaración falsa: el encuestado dice que votará por otra opción.
  2. Refugio en el "no sabe / no responde": no miente, pero tampoco revela su preferencia.
  3. No respuesta total: directamente evita contestar la encuesta.

Las dos últimas son especialmente difíciles de corregir. El problema deja de ser solo lo que la gente responde y pasa a ser también quién responde. Si quienes rechazan contestar son sistemáticamente distintos de quienes sí lo hacen, la muestra deja de ser representativa.

Lo clave es que se trata de un error sistemático y no aleatorio. Aumentar el tamaño de la muestra reduce el error aleatorio, pero no corrige un sesgo que empuja siempre en la misma dirección. Una encuesta de 5.000 casos con voto oculto puede equivocarse con mucha "precisión".

Una revisión de referencia sobre preguntas sensibles (Tourangeau y Yan, 2007) concluye que el sesgo crece cuando hay un encuestador presente y disminuye con modos autoadministrados, como los cuestionarios web o en papel sin testigos. Para reducirlo existen técnicas específicas. Una de ellas es la respuesta aleatorizada propuesta por Warner (1965): el encuestado lanza una moneda en privado para decidir a qué pregunta responde. Así el encuestador nunca sabe qué contestó cada persona, aunque sí puede estimar la proporción agregada.

Conviene no sobreestimar el fenómeno. Tras varias elecciones famosas por errores de encuestas, se habló mucho de votantes "tímidos". Sin embargo, evaluaciones posteriores, como la de la elección estadounidense de 2016 (Kennedy et al., 2018), encontraron que factores como los indecisos de última hora y la ponderación inadecuada por nivel educacional explicaban buena parte del error. El voto oculto explicaba menos de lo que se creía. Es un sesgo real, pero no la única explicación cada vez que una encuesta falla.

Cómo lo explicó el programa

En el episodio del 3 de noviembre de 2026 ([btm-2026-11-03]), dentro del tema "Casas de apuestas versus encuestas", el programa abordó el fenómeno con tres ideas.

El voto oculto es esperable. Se planteó que es natural que parte de los votantes esquive las encuestas o no declare su preferencia. Esto calza con las tres formas del sesgo descritas arriba.

La metodología constante ayuda. Se destacó que mantener una metodología estable en el tiempo ayuda a controlar el error sistemático. Si el sesgo es relativamente estable, una encuestadora que no cambia su método puede detectar tendencias e incluso calibrar sus resultados contra elecciones anteriores. Cambiar de método a cada rato hace imposible distinguir el sesgo del movimiento real de la opinión.

Las apuestas como contraste. Pepe Arias argumentó que las casas de apuestas reflejarían mejor lo que la gente piensa, porque quien arriesga dinero propio tiene incentivos para pensar con más cuidado:

"si yo tengo que poner plata mía y estoy dispuesto a perderla bueno le hago un poquitito más de análisis"

El programa matizó de inmediato que las apuestas no son infalibles. Además, advirtió que podrían usarse estratégicamente para instalar la idea de que una opción va ganando. Es decir, un mercado de apuestas también puede ser manipulado o usado como herramienta de campaña.

Relación con otros conceptos

El contraste entre encuestas y apuestas remite a la distinción económica entre preferencias declaradas y preferencias reveladas. Desde Samuelson (1938), la economía tiende a confiar más en lo que las personas hacen con su dinero que en lo que dicen. Una encuesta mide preferencias declaradas, gratuitas y vulnerables a la deseabilidad social. Una apuesta revela una creencia respaldada por un costo.

Esto conecta con los mercados de predicción, cuya lógica revisan Wolfers y Zitzewitz (2004). Su idea central es que los precios agregan información dispersa entre muchos participantes, en la línea de lo planteado por Hayek (1945) sobre el sistema de precios. Hay un matiz importante: un mercado de apuestas no pregunta "¿por quién vas a votar?", sino "¿quién crees que va a ganar?". Esa pregunta es menos sensible a la deseabilidad social, porque el apostador no revela su propio voto.

También se relaciona con los incentivos y la información asimétrica. Quien apuesta tiene incentivos para informarse, pero un actor con más recursos o información puede mover precios en mercados poco líquidos. Esa es justamente la advertencia de manipulación que hizo el programa.

Finalmente, la no respuesta selectiva es un caso de sesgo de selección, un problema clásico de la econometría. La muestra observada no representa a la población porque el mecanismo que determina quién aparece en ella está correlacionado con la variable que se quiere medir.

Fuentes y lecturas

  • Crowne, D. P. y Marlowe, D. (1960), "A new scale of social desirability independent of psychopathology", Journal of Consulting Psychology, 24(4), 349–354. https://doi.org/10.1037/h0047358
  • Edwards, A. L. (1957), The Social Desirability Variable in Personality Assessment and Research, Dryden Press.
  • Tourangeau, R. y Yan, T. (2007), "Sensitive Questions in Surveys", Psychological Bulletin, 133(5), 859–883.
  • Warner, S. L. (1965), "Randomized Response: A Survey Technique for Eliminating Evasive Answer Bias", Journal of the American Statistical Association, 60(309), 63–69.
  • Wolfers, J. y Zitzewitz, E. (2004), "Prediction Markets", Journal of Economic Perspectives, 18(2), 107–126.

Apariciones