Teoría
Sobreinversión en infraestructura de una tecnología emergente
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Qué es
La sobreinversión en infraestructura de una tecnología emergente es el episodio, recurrente en la historia económica, en que el capital instalado para sostener una tecnología nueva crece más rápido —y más allá— de lo que la demanda solvente por sus servicios puede remunerar en el horizonte en que esa inversión debe pagarse. No es simplemente "gastar de más": es una desincronización entre dos relojes. El de la construcción del activo físico, que responde a decisiones tomadas hoy con expectativas sobre una década, y el de la monetización, que depende de que aparezcan modelos de negocio, usuarios y precios que nadie puede observar todavía.
La forma canónica del fenómeno se asocia a las tecnologías de propósito general: aquellas que no resuelven un problema, sino que habilitan innovaciones complementarias en toda la economía (Bresnahan y Trajtenberg, 1995). El ferrocarril, la electrificación, el telégrafo, la fibra óptica y —según la hipótesis que hoy se está probando con dinero real— la inteligencia artificial comparten esa estructura: exigen una capa física costosa, irreversible y de larga vida útil antes de que existan las aplicaciones que la justifiquen.
Tres mecanismos explican por qué la sobreinversión es un resultado esperable y no una anomalía de irracionalidad.
El primero es la preempción bajo rendimientos crecientes. Si el mercado tiende a concentrarse en pocos ganadores por efectos de red, escala y aprendizaje (Arthur, 1989), cada participante enfrenta un cálculo asimétrico: construir de más cuesta capital, pero construir de menos cuesta el mercado entero. La suma de decisiones individualmente defendibles produce una capacidad agregada que ninguno habría elegido de coordinarse.
El segundo es la irreversibilidad. La inversión en infraestructura es capital hundido: un centro de datos, como un tendido de rieles, no se devuelve ni se reasigna a otro uso. La teoría de la inversión bajo incertidumbre muestra que esa irreversibilidad, combinada con la opción de esperar, debería elevar el umbral de rentabilidad exigido muy por encima del costo de capital contable (Dixit y Pindyck, 1994). Cuando la carrera competitiva anula la opción de esperar, ese margen de seguridad desaparece.
El tercero es la estructura de financiamiento. Mientras la expansión se financia con capital propio y flujos operativos, el riesgo lo absorbe el accionista, que además posee la opción de crecimiento. Cuando el ciclo migra hacia deuda, la fragilidad se vuelve sistémica en el sentido de Minsky (1986): unidades que antes cubrían intereses y amortización con caja pasan a depender de refinanciamiento y de la revalorización del activo. Kindleberger (1978) describe el mismo arco —desplazamiento tecnológico, euforia, apalancamiento, revulsión— como el patrón histórico de las manías.
De ahí un punto que suele perderse: el precio de la deuda informa antes y mejor que el precio de la acción. En el modelo estructural de crédito (Merton, 1974), la acción equivale a una opción de compra sobre los activos de la firma, de modo que la incertidumbre puede incluso sostenerla; el acreedor, en cambio, no tiene participación en el escenario bueno y toda dispersión adicional lo perjudica. Un spread que se abre solo para un grupo de emisores, y no para el resto del sistema, indica que el mercado ya no está repreciando el nivel general de tasas, sino la capacidad específica de esos deudores de servir su deuda con los flujos que ese capital genere.
Finalmente, conviene separar dos preguntas que la palabra "burbuja" confunde. La rentabilidad privada de los constructores puede ser catastrófica y, aun así, el excedente social ser enorme: la infraestructura sobrevive a la quiebra de quien la levantó y pasa, a valor de liquidación, a manos que la explotan con una base de costos mucho menor. El debate sobre cuánto aportó realmente el ferrocarril al crecimiento estadounidense (Fogel, 1964) y la evidencia sobre el rezago entre instalación y productividad medida (David, 1990) muestran que el veredicto llega tarde, y casi nunca coincide con el juicio de los accionistas de la época. Carlota Pérez (2002) formaliza esa secuencia como dos fases: una de instalación, financiada por capital especulativo y culminada en un colapso, y otra de despliegue, donde la sociedad cosecha lo instalado.
Cómo lo explicó el programa
En Buenas Tardes Mercado del 17 de agosto de 2026, el panel abordó por qué el mercado dejó de tratar a las llamadas "Magníficas 7" como un bloque: la pregunta que empezó a separarlas es cómo se rentabilizarán inversiones superiores al trillón de dólares en inteligencia artificial. La observación más fina del análisis no estuvo en la renta variable sino en el crédito. Manuel Bengolea lo puso así: "la tasa de interés que se le exige a estos deudores ha aumentado en forma muy significativa, cosa que no ha sucedido con el resto". Es exactamente la señal idiosincrática que anticipa el enfoque estructural: no un movimiento general de tasas, sino un castigo dirigido a los hiperescaladores.
El episodio cerró con la analogía histórica pertinente: los rieles hacia el oeste estadounidense a partir de 1850, donde "muchas compañías cayeron envueltas en llamas" y, a la larga, el resultado fue un gran salto adelante para Estados Unidos. La analogía es correcta justamente porque distingue las dos preguntas: quiénes perdieron el capital y qué quedó instalado.
Relación con otros conceptos
El fenómeno se apoya en la noción de tecnología de propósito general y en la paradoja de la productividad —el desfase entre la inversión y su registro en las cuentas nacionales—. Su dimensión financiera conecta con el ciclo de crédito y la hipótesis de inestabilidad financiera, con el spread crediticio como indicador adelantado, y con la q de Tobin, que compara el valor de mercado del capital instalado con su costo de reposición. Del lado de la decisión de invertir, dialoga con los costos hundidos, el valor de la opción de esperar y las externalidades de red. En el plano estructural, es una manifestación de la destrucción creativa schumpeteriana: la eliminación de los operadores no impide, y a veces habilita, la difusión de la tecnología.
Fuentes y lecturas
- Pérez, Carlota (2002), Technological Revolutions and Financial Capital: The Dynamics of Bubbles and Golden Ages, Edward Elgar. Edición en español: Revoluciones tecnológicas y capital financiero, Siglo XXI Editores (2004).
- Kindleberger, Charles P. (1978), Manias, Panics, and Crashes: A History of Financial Crises, Basic Books. Edición en español: Manías, pánicos y cracs, Ariel.
- Dixit, Avinash K. y Pindyck, Robert S. (1994), Investment Under Uncertainty, Princeton University Press.
- Fogel, Robert W. (1964), Railroads and American Economic Growth: Essays in Econometric History, Johns Hopkins Press.
- Brealey, Richard; Myers, Stewart y Allen, Franklin, Principios de finanzas corporativas, McGraw-Hill (capítulos de presupuesto de capital y estructura de financiamiento).