Teoría
Terapia de shock versus gradualismo en el ajuste
Visto en 1 aparición de los programas.
Qué es
Frente a un desequilibrio que hay que corregir —una inflación alta, un déficit fiscal insostenible, un tipo de cambio artificial, un precio regulado bajo su costo— el diseñador de política enfrenta una decisión que no es sobre el qué sino sobre el cuándo y cuánto: aplicar el ajuste completo de una vez (terapia de shock) o repartirlo en dosis a lo largo del tiempo (gradualismo). La magnitud final del ajuste puede ser idéntica en ambos casos; lo que cambia es la trayectoria, y la trayectoria altera lo que la gente espera.
El argumento a favor del shock descansa en la credibilidad. Si los agentes forman expectativas usando toda la información disponible —incluida su lectura de las intenciones del gobierno—, entonces un ajuste anunciado en cuotas invita a apostar a que las cuotas siguientes no llegarán. Kydland y Prescott (1977) formalizaron por qué: el plan óptimo de hoy deja de ser óptimo mañana, así que un gobierno con discrecionalidad tiene incentivo a incumplirlo, y todos lo saben de antemano. Barro y Gordon (1983) extendieron el punto a la política monetaria: sin un mecanismo que ate las manos, la promesa de desinflar no se cree y la inflación se enquista sin ganancia alguna. Sargent (1982), estudiando el fin de cuatro hiperinflaciones europeas de los años veinte, mostró que esos episodios terminaron de golpe y con un costo en producto mucho menor al que predecían los modelos de inercia, porque lo que cambió no fue el ritmo del ajuste sino el régimen: un cambio fiscal y monetario simultáneo, visible y verificable.
La contraparte empírica es el costo de sacrificio (sacrifice ratio), la razón entre puntos de producto perdidos y puntos de inflación reducidos, noción que Okun (1978) ayudó a instalar. Ball (1994), sobre una muestra amplia de desinflaciones en países de la OCDE, encontró que las desinflaciones rápidas tendieron a exhibir razones de sacrificio menores que las lentas, y que el costo cae donde los contratos salariales son más cortos y flexibles. Es evidencia favorable al shock, pero condicional: presupone que el anuncio se cree y que los precios y salarios pueden reajustarse rápido.
El caso del gradualismo no es una concesión política, es un argumento de información. Dewatripont y Roland (1992, 1995) mostraron que cuando el resultado de una reforma es incierto y revertirla es caro, conviene secuenciarla: cada tramo entrega información sobre si el diseño funciona y preserva la opción de detenerse. Un shock que resulta mal es un shock que se paga entero. A eso se suma el problema inverso al de Sargent: Calvo (1986) mostró que una estabilización que el público percibe como temporal genera un auge de consumo seguido de una recesión, es decir, la falta de credibilidad puede arruinar tanto al shock como al gradualismo.
Chile es el laboratorio obligado. El programa de abril de 1975 fue shock puro —recorte fiscal drástico y contracción monetaria—; el producto cayó cerca de 13% ese año y la inflación, aunque bajó con fuerza, tardó casi un lustro en llegar a un dígito. Ni el manual del shock ni el del gradualismo salen indemnes de ese episodio.
Cómo lo explicó el programa
En Buenas Tardes Mercado del 17 de agosto de 2026, el panel discutió cómo debía aplicarse un ajuste ya dado por inevitable, y Manuel Bengolea lo redujo a una pregunta que el auditor puede contestar sin saber macroeconomía:
"¿usted qué prefiere? ¿diez palitos o un puro palo?"
Su respuesta es que la mayoría de los consumidores toma el palo completo de una vez, porque después ya se sabe con qué lidiar. El costo del ajuste gradual, en su lectura, no está solo en los golpes: está en que cada golpe reabre la incertidumbre sobre cuántos faltan, y esa incertidumbre paraliza decisiones que el ajuste supuestamente venía a destrabar. Bengolea ancló el punto en la literatura de expectativas racionales —cuyo peso académico ilustró recordando que acumula varios premios Nobel, entre ellos Lucas en 1995, Kydland y Prescott en 2004 y Sargent en 2011— y lo cerró con la analogía del náufrago que raciona su comida sin saber cuándo lo rescatan: sin horizonte definido, el racionamiento óptimo se vuelve indeterminado y la conducta se distorsiona.
La analogía tiene sustento fuera de la macro: Loewenstein (1987) documentó que las personas están dispuestas a pagar por adelantar un evento desagradable, un patrón que la teoría del descuento estándar no explica y que empuja exactamente hacia el "puro palo".
Relación con otros conceptos
El eje que ordena todo esto es la credibilidad de la política económica y su prima hermana, la inconsistencia temporal: sin un compromiso creíble, ni el shock ni el gradualismo compran desinflación barata. De ahí se desprende la razón de sacrificio, que mide el precio en actividad y empleo de cada punto de inflación reducido, y el anclaje de expectativas, que explica por qué una autoridad con reputación paga menos por el mismo ajuste. Por el lado de los hogares, la incertidumbre sobre el horizonte del ajuste opera como ahorro precautorio y como valor de opción de esperar: mientras no se sepa cuántos golpes faltan, conviene postergar consumo e inversión, lo que agrava el costo del propio gradualismo. Finalmente, la elección se cruza con la secuencia de reformas: qué se libera primero (cuenta corriente, cuenta de capitales, mercado laboral) puede importar más que la velocidad.
Fuentes y lecturas
- Sargent, T. (1982), "The Ends of Four Big Inflations", en R. Hall (ed.), Inflation: Causes and Effects, University of Chicago Press / NBER.
- Kydland, F. y Prescott, E. (1977), "Rules Rather than Discretion: The Inconsistency of Optimal Plans", Journal of Political Economy 85(3).
- Ball, L. (1994), "What Determines the Sacrifice Ratio?", en N. G. Mankiw (ed.), Monetary Policy, University of Chicago Press.
- Dewatripont, M. y Roland, G. (1995), "The Design of Reform Packages under Uncertainty", American Economic Review 85(5).
- Edwards, S. y Cox Edwards, A. (1987), Monetarism and Liberalization: The Chilean Experiment, Ballinger.
- Blanchard, O., Macroeconomía (capítulos sobre desinflación y credibilidad), Pearson.