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Teoría

Aversión a la pérdida

Visto en 1 aparición de los programas.

Qué es

La aversión a la pérdida es la observación de que las personas reaccionan con más fuerza a un empeoramiento que a una mejora del mismo tamaño: perder cien mil pesos duele más de lo que alegra ganarlos. No es lo mismo que la aversión al riesgo. La aversión al riesgo clásica se deriva de la utilidad decreciente de la riqueza total: quien tiene más, valora menos el peso adicional. La aversión a la pérdida, en cambio, dice que lo que evaluamos no son niveles de riqueza sino cambios respecto de un punto de referencia, y que la curva del valor tiene un quiebre en ese punto: es más empinada hacia abajo que hacia arriba.

La formulación canónica es la teoría de las perspectivas de Kahneman y Tversky (1979), que reemplaza la función de utilidad sobre riqueza por una función de valor sobre ganancias y pérdidas con tres rasgos: dependencia del punto de referencia, sensibilidad decreciente a medida que uno se aleja de él, y una pendiente mayor en el tramo de las pérdidas. Tversky y Kahneman (1991) extendieron la idea a elecciones sin riesgo, y en una estimación posterior (1992) fijaron el coeficiente de asimetría en torno a λ ≈ 2,25: la pérdida pesa algo más del doble que la ganancia equivalente. Ese número se cita mucho y conviene tomarlo como orden de magnitud, no como constante física.

De la asimetría se siguen varias consecuencias que se miden bien. El efecto dotación —valorar más un bien por el solo hecho de poseerlo— aparece en el experimento de las tazas de Kahneman, Knetsch y Thaler (1990), donde el precio mínimo de venta duplicaba el precio máximo de compra. El sesgo de statu quo hace que la opción por defecto gane cuota simplemente por ser el default. En finanzas, Benartzi y Thaler (1995) mostraron que una aversión a la pérdida de ese orden, combinada con revisar la cartera una vez al año en vez de mirar el horizonte largo (aversión miope a la pérdida), basta para explicar por qué las acciones han rendido históricamente tanto más que los bonos: si duele mirar, se exige una prima alta por aguantar. Y el efecto de disposición —vender los ganadores temprano y quedarse con los perdedores, descrito por Shefrin y Statman (1985) y medido por Odean (1998) en miles de cuentas reales— es aversión a la pérdida aplicada al precio de compra como referencia: mientras no se vende, la pérdida no se "realiza" mentalmente.

Dos advertencias honestas. Primera: la teoría no dice de dónde sale el punto de referencia, que es justamente lo que decide el signo de todo el ejercicio; Kőszegi y Rabin (2006) propusieron endogeneizarlo en las expectativas recientes, y sigue siendo terreno abierto. Segunda: la evidencia no es unánime. Gal y Rucker (2018) argumentan que buena parte de lo atribuido a aversión a la pérdida se explica mejor por inercia y por búsqueda de statu quo, y Barberis (2013), en su balance a treinta años, distingue con cuidado los usos donde la teoría predice bien de aquellos donde solo describe.

Cómo lo explicó el programa

En Buenas Tardes Mercado del 10 de septiembre de 2026 (btm-2026-09-10), en un bloque sobre percepción, incertidumbre y decisiones de las personas, Pepe Arias lo puso en una frase que resume la asimetría mejor que cualquier gráfico: "No hay nada más cobarde que un millón de dólares". El argumento del panel iba así: la economía se mueve fundamentalmente por la percepción que la gente tiene de lo que está pasando, y durante episodios de tensión cada persona medianamente informada tomó decisiones de consumir o no consumir, invertir o no invertir, o llevar sus platas a un lugar seguro. Lo caro de conseguir el capital es lo que lo vuelve esquivo: cuesta tanto tenerlo que ante el riesgo sale corriendo, aunque la percepción sea errada.

Vale la pena desarmar la frase, porque contiene la teoría completa. "Cuesta tanto tenerlo" es el punto de referencia: el millón acumulado se vuelve la línea desde la cual se mide todo, y cualquier movimiento hacia abajo se registra como pérdida, no como un nivel de riqueza algo menor. "Sale corriendo" es la pendiente asimétrica: la reacción no es un reprecio proporcional al riesgo, es una fuga. Y "aunque la percepción sea errada" es la parte que suele omitirse en las versiones divulgadas: el punto de referencia y la magnitud percibida del peligro son subjetivos, así que la conducta puede ser desproporcionada respecto de los fundamentos y perfectamente entendible respecto de cómo se está midiendo. Ese es el puente entre el sesgo individual y su versión agregada, la huida a la calidad que se observa en los mercados cuando el dólar y los papeles del Tesoro se encarecen sin que ningún dato nuevo lo justifique.

Relación con otros conceptos

La aversión a la pérdida es la pieza central de la teoría de las perspectivas y una de las columnas de la economía del comportamiento; en el vocabulario de los sesgos cognitivos, opera desde el pensamiento rápido y automático más que desde el cálculo deliberado. Se distingue de la aversión al riesgo de la teoría de utilidad esperada, y explica anomalías que esa teoría no acomoda: el efecto dotación, el sesgo de statu quo, el efecto de disposición y la prima por riesgo accionario.

Del lado macro, conecta con la incertidumbre en el sentido de Knight —riesgo no cuantificable— y con el valor de opción de esperar de la teoría de la inversión irreversible: cuando el futuro se vuelve ambiguo, postergar tiene valor y la inversión se congela, sin necesidad de invocar sesgos. Ambos mecanismos empujan en la misma dirección y son difíciles de separar en los datos. También toca la preferencia por liquidez y la huida a la calidad, la contabilidad mental que decide qué se cuenta como pérdida y en qué cuenta, y el diseño de políticas por arquitectura de decisiones, donde la asimetría se usa deliberadamente en la elección del default.

Fuentes y lecturas

  • Kahneman, D. y Tversky, A. (1979), Prospect Theory: An Analysis of Decision under Risk, Econometrica 47(2).
  • Tversky, A. y Kahneman, D. (1991), Loss Aversion in Riskless Choice: A Reference-Dependent Model, Quarterly Journal of Economics 106(4).
  • Benartzi, S. y Thaler, R. (1995), Myopic Loss Aversion and the Equity Premium Puzzle, Quarterly Journal of Economics 110(1).
  • Barberis, N. (2013), Thirty Years of Prospect Theory in Economics: A Review and Assessment, Journal of Economic Perspectives 27(1).
  • Kahneman, D. (2011), Pensar rápido, pensar despacio, Debate (edición española de Thinking, Fast and Slow).

Apariciones