Teoría
Capital diplomático y respaldo a candidaturas internacionales
Visto en 2 apariciones de los programas.
Qué es
El capital diplomático es el acervo intangible de influencia que un país acumula en el sistema internacional: credibilidad en el cumplimiento de acuerdos, favores prestados y por cobrar, presencia en redes de negociación, contribuciones a operaciones de paz y a organismos multilaterales. La palabra "capital" no es metáfora decorativa: se comporta como un activo. Se acumula con inversión costosa y sostenida, se deprecia si no se mantiene, rinde de forma discontinua —sirve cuando hay que cobrarlo, no todos los días— y, a diferencia del capital físico, no tiene mercado donde venderse ni precio observable. Es la versión medible-a-medias de lo que Nye (1990, 2004) llamó soft power: la capacidad de obtener resultados por atracción y legitimidad en vez de coerción o pago.
El respaldo a una candidatura internacional —un secretario general, un director de organismo, un juez de tribunal— es el momento en que ese capital se gasta. Y se gasta a lo grande: postular a un connacional obliga a pedir votos uno por uno, a ofrecer reciprocidad futura y a comprometer al servicio exterior entero durante meses. La literatura de elección pública describe esa mecánica como intercambio de votos o logrolling (Buchanan y Tullock, 1962): agentes con intensidades distintas de preferencia se ceden apoyo mutuo en votaciones separadas. En el plano internacional el intercambio a veces es descaradamente material; Kuziemko y Werker (2006) mostraron que la ayuda externa de Estados Unidos hacia un país aumenta de manera significativa justo durante sus dos años como miembro no permanente del Consejo de Seguridad, y cae al terminar el período.
Tres rasgos institucionales explican por qué estas elecciones no se ganan sumando apoyos.
El poder de veto cambia el criterio de selección. Shapley y Shubik (1954) formalizaron la distribución de poder en comités con su índice de poder y usaron el propio Consejo de Seguridad como ejemplo: los miembros permanentes concentran casi todo el poder efectivo, y los demás casi nada. Con jugadores de veto (Tsebelis, 2002), el ganador no es el candidato con más respaldos sino el que minimiza el rechazo máximo: el menos objetable. Un candidato fuerte, con trayectoria marcada y patrocinadores grandes, ofrece más superficie de objeción que uno de perfil bajo.
Las rondas informales de votación producen cascadas. Cuando la votación se repite y es observable, cada ronda revela información privada y los apoyos tibios se reacomodan mirando lo que hicieron los demás, no solo sus propias preferencias: es el mecanismo de cascada informacional de Bikhchandani, Hirshleifer y Welch (1992). Por eso una candidatura no se desinfla de a poco: colapsa.
La política doméstica es parte del tablero. Putnam (1988) describió la negociación internacional como un juego de dos niveles: lo que un gobierno puede prometer afuera está acotado por lo que puede ratificar adentro. Si el conjunto de acuerdos viables en casa es vacío —porque cambia el gobierno y el nuevo no comparte nada con el candidato—, el respaldo externo se vuelve no creíble aunque nadie lo retire formalmente. Es también un problema de inconsistencia temporal en el sentido de Kydland y Prescott (1977): un compromiso que depende de quién gobierna no es un compromiso. La respuesta institucional conocida es convertir la candidatura en política de Estado antes de lanzarla, no después.
Cómo lo explicó el programa
En Buenos Días Mercado del 21 de septiembre de 2026, al analizar la candidatura de Michelle Bachelet a la Secretaría General de la ONU, el programa leyó los sondeos informales del Consejo de Seguridad como un balance de capital que se estaba liquidando: la caída de seis apoyos a uno, y de cinco votos adversos a once en tres rondas, no es un traspié sino una debacle —y con once en contra, por simple aritmética sobre quince miembros, hay necesariamente al menos un permanente con derecho a veto en el grupo adverso. El dato que el panel subrayó es quiénes quedaron mejor posicionadas: la candidata costarricense y la de Guyana, países de influencia muy menor que Brasil y México, que fueron los patrocinadores. Ahí está el punto de la lógica de veto —gana el menos objetable— y también el costo asumido por los patrocinadores. Como lo puso Juan José Lavín: "México y Brasil se tuvieron que dar cuenta a costa de Bachelet que están absolutamente solos en Sudamérica". El respaldo fallido funcionó como una prueba de resistencia: reveló que el capital diplomático regional que ambos creían tener no existía.
Sobre el segundo nivel del juego, el del gobierno entrante que no respaldó la candidatura, el programa fue igual de directo: esperar ese apoyo era no entender la política chilena, porque no hay nada en común entre los planteamientos económicos y políticos de una y otra administración, y quien sostiene que las reformas aplicadas desde 2014 dañaron económicamente al país difícilmente va a querer exportarlas al mundo. Embarcarse en una candidatura ya fracasada, recién instalado, habría sido gastar capital propio en un activo con valor residual cercano a cero. En palabras de Willy Díaz: "no existía ninguna razón para que esta administración quisiera que la expresidenta Bachelet fuera presidenta del Consejo". Es, en términos económicos, la negativa a incurrir en costos hundidos adicionales: lo ya gastado no se recupera apostando más.
Relación con otros conceptos
El capital diplomático es un caso particular de capital reputacional, con las mismas propiedades de acumulación lenta y destrucción rápida, y se emparenta con la señalización costosa: lanzar una candidatura es una apuesta observable e irreversible cuyo fracaso informa al resto sobre la verdadera red de aliados del patrocinador. Su gasto se decide —o debería decidirse— por costo de oportunidad y no por lo ya invertido, que es el terreno de los costos hundidos. En el plano internacional se cruza con el alineamiento político y los bloques comerciales, porque los votos que se piden en un foro se pagan con posiciones en otro, y con la dependencia asimétrica descrita por Hirschman (1945), donde el comercio y la ayuda se convierten en palanca política. Finalmente, el problema de sostener una candidatura a través de un cambio de gobierno es una aplicación de la credibilidad de los compromisos y de la inconsistencia temporal de la política pública.
Fuentes y lecturas
- Buchanan, J. y Tullock, G. (1962), The Calculus of Consent: Logical Foundations of Constitutional Democracy, University of Michigan Press.
- Kuziemko, I. y Werker, E. (2006), "How Much Is a Seat on the Security Council Worth? Foreign Aid and Bribery at the United Nations", Journal of Political Economy, 114(5).
- Putnam, R. (1988), "Diplomacy and Domestic Politics: The Logic of Two-Level Games", International Organization, 42(3).
- Nye, J. (2004), Soft Power: The Means to Success in World Politics, PublicAffairs.
- Tsebelis, G. (2002), Veto Players: How Political Institutions Work, Princeton University Press.