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Teoría

Complementariedad entre el aporte humano y la tecnología

Visto en 1 aparición de los programas.

Qué es

La complementariedad entre el aporte humano y la tecnología es la idea de que capital y trabajo no siempre compiten: bajo ciertas condiciones, una unidad más de tecnología aumenta el valor de la hora humana en vez de reemplazarla. Formalmente, dos insumos son complementarios cuando la productividad marginal de uno crece al aumentar el otro. Si la tecnología fuera puramente sustituta, cada máquina desplazaría trabajadores y la participación del trabajo en el producto caería; si es complementaria, el mismo avance sube salarios y demanda de trabajo en las tareas que la máquina no cubre.

La formulación estándar del caso trabajo-tecnología es el cambio técnico sesgado por habilidades (skill-biased technical change): la tecnología no es neutral entre tipos de trabajador, sino que favorece a quienes pueden operarla y decidir sobre ella. Katz y Murphy (1992) mostraron que la demanda relativa por trabajadores calificados en Estados Unidos creció de forma sostenida durante décadas, y que la prima salarial universitaria se explica mejor por una carrera entre educación y tecnología que por comercio internacional o instituciones laborales. Goldin y Katz (2008) desarrollaron esa metáfora —the race between education and technology— con datos de un siglo: cuando la oferta educativa corre más rápido que la tecnología, la desigualdad cae; cuando se queda atrás, la prima se dispara. La complementariedad no es entonces una promesa de que todos ganan, sino una descripción de quién gana.

El refinamiento más útil vino después. Autor, Levy y Murnane (2003) reemplazaron el eje "calificado/no calificado" por un eje de tareas: lo que la tecnología sustituye son tareas rutinarias —codificables en reglas explícitas— y lo que complementa son tareas no rutinarias, tanto analíticas como manuales-interactivas. Eso explica por qué la automatización vació el centro de la distribución salarial (empleos administrativos y de producción) y dejó crecer los extremos. Acemoglu y Restrepo (2019) formalizaron la tensión como el balance entre un efecto desplazamiento (la máquina toma tareas) y un efecto restitución (aparecen tareas nuevas donde el humano vuelve a ser indispensable): si solo opera el primero, la tecnología es un cortador de costos; si opera el segundo, es una fuerza de crecimiento del empleo.

Hay un corolario que suele perderse en la discusión de escritorio: la complementariedad no ocurre solo entre software y personas. Ocurre también entre software y cosas físicas. Una unidad más de capacidad de cómputo exige memoria, electricidad, refrigeración, cables, subestaciones. El insumo escaso deja de ser el algoritmo y pasa a ser el metal. Cuando esa cadena aprieta, la teoría de complementariedad predice exactamente lo que se observa: los precios de los insumos complementarios suben, no bajan, cuando la tecnología avanza.

Cómo lo explicó el programa

Manuel Bengolea llevó esa cadena hasta el final en btm-2026-08-17, en el tema "El cuello de botella de la IA es el compute: memoria, energía y enfriamiento". Su punto de partida fue qué hace que la IA sea un aporte y no un buscador con mejor gramática: para agregar valor real necesita acumular historia de las consultas —si no, dijo, es lo mismo que Google—, y esa acumulación exige memoria. De ahí la explosión de las empresas de memoria, con almacenamiento y RAM carísimos y la demanda prácticamente agotada.

Lo interesante es dónde termina el argumento. Las trabas del compute, planteó, no son de diseño de modelos sino de energía y enfriamiento. Y ahí cerró la cadena con una frase que vale la pena leer literal: "cuando digo energía y enfriamiento, estoy hablando de cobre". La demanda de cobre que hasta hace poco se justificaba por electromovilidad encontró una segunda derivada en la IA —un centro de datos es conductor, transformadores y disipación—, y eso sigue beneficiando a Chile.

El movimiento conceptual del panel es el que interesa aquí: la IA no aparece como una fuerza que reemplaza gente, sino como una fuerza cuya utilidad depende de acumular contexto humano (la historia de las consultas) y cuya expansión física es limitada por un insumo que Chile exporta. Complementariedad en las dos direcciones: hacia arriba con quien la usa, hacia abajo con la materia prima que la hace posible.

Relación con otros conceptos

Se conecta directamente con la función de producción y la elasticidad de sustitución entre insumos: complementariedad y sustitución no son etiquetas, son casos del mismo parámetro. Con la productividad total de factores, porque el efecto restitución es la vía por la que un avance técnico se traduce en crecimiento y no solo en redistribución. Con la polarización del mercado laboral, que es la huella empírica del enfoque por tareas. Con la prima salarial por educación, el precio que el mercado le pone a la habilidad complementaria escasa. Y con la demanda derivada: el cobre no se demanda por sí mismo, sino por lo que permite producir, que es justamente por qué un salto en IA se transmite al precio de un metal.

Fuentes y lecturas

  • Katz, L. y Murphy, K. (1992), Changes in Relative Wages, 1963–1987: Supply and Demand Factors, Quarterly Journal of Economics.
  • Autor, D., Levy, F. y Murnane, R. (2003), The Skill Content of Recent Technological Change: An Empirical Exploration, Quarterly Journal of Economics.
  • Goldin, C. y Katz, L. (2008), The Race between Education and Technology, Harvard University Press.
  • Acemoglu, D. y Restrepo, P. (2019), Automation and New Tasks: How Technology Displaces and Reinstates Labor, Journal of Economic Perspectives.
  • Mankiw, N. G., Principios de Economía — capítulos de mercados de factores y productividad, para la mecánica básica de productividad marginal y demanda derivada.

Apariciones