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Teoría

Contagio internacional de las crisis financieras

Visto en 1 aparición de los programas.

Qué es

Hay contagio internacional cuando una perturbación financiera originada en un país se propaga a otros más allá de lo que explicarían los vínculos habituales entre esas economías. La distinción importa: dos mercados que siempre se mueven juntos y siguen moviéndose juntos durante un pánico no prueban contagio, sino interdependencia. Ese es el punto de Forbes y Rigobon (2002), que al corregir las correlaciones por el aumento de volatilidad propio de las crisis encontraron mucho menos contagio del que la literatura previa reportaba — su título, "No contagion, only interdependence", resume el argumento.

La taxonomía de trabajo más usada es la de Masson (1999), que separa tres mecanismos. Los efectos monzón: un shock común originado en el centro (un alza de tasas en Estados Unidos, una recesión europea) que moja a todos los países de la periferia a la vez, sin que haya transmisión de uno a otro. Los desbordes o spillovers: transmisión por vínculos reales y financieros concretos — comercio bilateral, competencia en terceros mercados, un acreedor bancario común que al perder en un país liquida posiciones en otro. Y el contagio puro: el salto entre equilibrios múltiples, donde cambian las expectativas sin que haya cambiado ningún fundamento.

Los canales tienen respaldo empírico distinto. Eichengreen, Rose y Wyplosz (1996) mostraron que los lazos comerciales predicen bien la propagación de crisis cambiarias. Kaminsky y Reinhart (2000) documentaron el papel del acreedor común: cuando un mismo banco o fondo está expuesto a varios países, la pérdida en uno fuerza ventas en los demás. Calvo y Mendoza (2000) formalizaron el comportamiento gregario como algo racional: si informarse sobre cada mercado tiene un costo fijo y el portafolio está muy diversificado, el beneficio marginal de investigar cae, y seguir al rebaño se vuelve la respuesta óptima del inversionista individual aunque sea desastrosa en agregado. Allen y Gale (2000) agregaron la topología: la red interbancaria completa reparte y amortigua el golpe; la red incompleta lo canaliza y lo amplifica.

Por debajo de todo esto está el mecanismo microeconómico de Diamond y Dybvig (1983): la corrida bancaria como equilibrio de expectativas autocumplidas. Un banco solvente pero ilíquido cae si todos creen que caerá. Eso explica por qué un pánico puede viajar como información: la caída de una institución revela algo sobre el tipo de riesgo que otras podrían estar corriendo, y el depositante que no puede distinguir corre en todas.

Un punto que suele perderse: el contagio no exige que el país receptor esté mal administrado. Pero la vulnerabilidad previa — déficit en cuenta corriente, deuda de corto plazo en moneda extranjera, banca frágil, cuentas fiscales apretadas — decide si el shock se amortigua o se amplifica. Dos países que reciben el mismo golpe pueden terminar en lugares muy distintos.

Cómo lo explicó el programa

En Buenos Días Mercado del 20 de mayo de 2024, a propósito de la crisis internacional de 1873 y su transmisión a Sudamérica, Juan José Lavín describió el origen del episodio en estos términos: "se produjo una suerte de corrida bancaria en la bolsa de Viena, muy singular en Europa". A esa caída —el Gründerkrach de mayo de 1873— se sumó ese mismo año la quiebra de un banco en Estados Unidos, que la historiografía identifica con Jay Cooke & Company. De ahí se abrió un ciclo recesivo de unos cinco años, hasta 1878.

Lo interesante del relato del programa es que identifica con precisión el canal: la crisis llegó a América Latina por la vía comercial, ralentizando exportaciones de gran cuantía hacia Europa y estrechando las finanzas públicas de los tres países que terminarían enfrentados en la Guerra del Pacífico. En los términos de arriba, eso es un shock del centro transmitido por el canal real — efecto monzón más desborde comercial—, no un pánico de expectativas puras.

La segunda mitad del argumento es la que ilustra la vulnerabilidad diferencial: Chile lo sobrellevó mejor, según el programa, por tener una república más ordenada, finanzas ordenadas y tratados comerciales con Inglaterra, Bélgica y buena parte de Europa. El mismo golpe, resultados distintos según la posición fiscal e institucional previa. Vale la pena retener que este episodio es anterior en un siglo a la apertura financiera moderna: el contagio internacional no nació con los mercados de capitales globalizados de los años noventa.

Relación con otros conceptos

El contagio se apoya directamente en la corrida bancaria y, generalizada al sistema, en el riesgo sistémico y en la necesidad de un prestamista de última instancia. Cuando el canal es comercial —como en 1873— el puente conceptual son los términos de intercambio y la cuenta corriente de la balanza de pagos: una caída del precio o del volumen exportado se traduce en menos divisas y, con ellas, en presión fiscal y cambiaria. De ahí el parentesco con las crisis de deuda soberana y las crisis cambiarias, y con el trilema de la política monetaria, que fija qué puede defender un país que ya está bajo presión. En el plano de portafolio, el contagio se cruza con el vuelo a la calidad y con el comportamiento gregario; en el plano histórico, con el ciclo de precios de materias primas, que sincroniza a las economías exportadoras aunque no comercien entre sí.

Fuentes y lecturas

  • Kindleberger, C. P. (1978), Manias, Panics, and Crashes: A History of Financial Crises, Basic Books. El clásico narrativo; su capítulo sobre propagación internacional cubre 1873.
  • Forbes, K. y Rigobon, R. (2002), "No Contagion, Only Interdependence: Measuring Stock Market Comovements", The Journal of Finance, 57(5).
  • Allen, F. y Gale, D. (2000), "Financial Contagion", Journal of Political Economy, 108(1).
  • Kaminsky, G., Reinhart, C. y Végh, C. (2003), "The Unholy Trinity of Financial Contagion", Journal of Economic Perspectives, 17(4). Buena puerta de entrada: es de divulgación técnica.
  • Marichal, C. (1988), A Century of Debt Crises in Latin America: From Independence to the Great Depression, 1820–1930, Princeton University Press. Para el lado latinoamericano del episodio.

Apariciones