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Teoría

Costos de transacción y frecuencia de los flujos de capital

Visto en 1 aparición de los programas.

Qué es

Un costo de transacción es todo lo que hay que pagar para que un intercambio ocurra, por encima del precio de lo que se intercambia: buscar contraparte, negociar, documentar, ejecutar la orden y hacer cumplir el acuerdo. La noción es de Coase (1937), que la introdujo para explicar por qué existen las empresas —si coordinar por precios fuera gratis, no haría falta organizarse jerárquicamente—, y fue sistematizada después por Williamson (1985) como el eje de la economía de los costos de transacción.

En los mercados financieros esos costos toman formas medibles: la comisión de corretaje, el diferencial entre precio de compra y de venta —que Demsetz (1968) describió como el precio de la inmediatez, lo que cobra quien está dispuesto a tomar el otro lado ahora mismo—, los impuestos a la transacción, el plazo de liquidación y, no menor, el costo operacional puro de dar la instrucción: papeleo, firmas, husos horarios, correo.

El puente entre el costo y la frecuencia es más viejo y más exacto de lo que parece. El modelo de inventario de Baumol (1952) y Tobin (1956), pensado originalmente para la demanda de dinero, formaliza el problema de alguien que debe decidir cada cuánto ir al banco: si cada viaje tiene un costo fijo, conviene hacer pocos viajes grandes; si el costo fijo cae, la frecuencia óptima sube. La solución tiene forma de raíz cuadrada, así que el resultado es fuerte y poco intuitivo: dividir el costo por cien multiplica por diez el número de operaciones. No hace falta que cambien las preferencias, ni las expectativas, ni la tasa de interés. Basta que operar salga más barato.

La versión de cartera del mismo argumento es Constantinides (1986): con costos proporcionales, el inversionista no rebalancea continuamente hacia su cartera óptima, sino que tolera una banda de inacción a su alrededor y solo se mueve cuando la desviación paga el costo de corregirla. Bajar el costo angosta la banda. El destino del dinero no cambia; cambia cuántas veces por año se le corrige el rumbo.

De ahí a la macroeconomía hay un paso. Los modelos de economía abierta al estilo Mundell-Fleming suponen movilidad perfecta de capitales, que es exactamente el caso límite de costo de transacción cero; Obstfeld y Taylor (2004) documentaron que esa movilidad no es un dato de la naturaleza sino una curva histórica en forma de U, alta antes de 1914, casi nula en Bretton Woods, y de nuevo altísima hoy. Lo que la tecnología abarató no fue tanto la decisión de invertir afuera como la de deshacerla, y esa asimetría importa: flujos que entran y salen rápido producen frenazos súbitos (Calvo, 1998) y sincronizan a los países con un ciclo financiero global que, como argumentó Rey (2013), reduce el trilema clásico a un dilema —con capitales perfectamente móviles, ni siquiera flotar el tipo de cambio garantiza autonomía monetaria—.

Conviene marcar dos precisiones que suelen perderse. Primero, un costo más bajo eleva sobre todo los flujos brutos: el dinero cruza más veces la frontera sin que necesariamente cambie la posición neta deseada. Segundo, más frecuencia no equivale a mejores precios: la literatura sobre carrera de velocidad en la negociación, como la de Budish, Cramton y Shim (2015), muestra que parte del gasto en operar más rápido es una transferencia entre participantes, no información nueva incorporada al precio. Ese diagnóstico es el que sostiene las propuestas de reintroducir fricción a propósito, desde el impuesto a las transacciones cambiarias de Tobin (1978) —"echar arena en los engranajes"— hasta el encaje chileno a los ingresos de capital de los noventa.

Cómo lo explicó el programa

En bdm-2026-08-21 (21 de agosto de 2026), bajo el tema "El costo tecnológico de mover capital como determinante del flujo", Willy Díaz planteó el punto sin recurrir a ninguna fórmula: en los años ochenta, sacar plata de un fondo y llevarla a Estados Unidos tomaba una semana y media de fax o de carta de ida y vuelta; "hoy día esta cuestión se hace desde el teléfono".

El argumento del programa es que esa caída del costo de transacción, por sí sola y sin ningún cambio en el apetito por riesgo ni en la percepción del país, aumenta la frecuencia con que los capitales entran y salen. Es la lectura correcta y es la que suele omitirse en el análisis diario: cuando se observa un movimiento brusco de fondos, la tentación es leerlo íntegramente como un veredicto sobre la economía local, cuando una parte del fenómeno es puramente técnica. En Chile el caso más nítido es el de los multifondos previsionales, donde cambiarse de fondo pasó de ser un trámite presencial a un par de toques en el celular; los traspasos masivos que eso habilitó terminaron obligando al regulador a poner plazos y límites, que es fricción deliberada por la puerta de atrás.

Relación con otros conceptos

El concepto es la bisagra entre la movilidad de capitales y la liquidez de mercado: el mismo diferencial de compra-venta que mide el costo de operar es el que define cuán líquido es un activo, y por eso los activos ilíquidos pagan una prima compensatoria (Amihud y Mendelson, 1986). Hacia la macro conecta con el trilema de política económica, la volatilidad cambiaria, los frenazos súbitos de financiamiento externo y los controles de capital —encaje, impuestos a la transacción, plazos mínimos de permanencia—, que son todos intentos de subir artificialmente un costo que la tecnología bajó. Hacia la microestructura conecta con el arbitraje: los límites al arbitraje son, en buena medida, costos de transacción, y por eso las desviaciones de precio persistentes son más frecuentes donde operar es caro.

Fuentes y lecturas

  • Baumol, W. J. (1952), The Transactions Demand for Cash: An Inventory Theoretic Approach, Quarterly Journal of Economics.
  • Demsetz, H. (1968), The Cost of Transacting, Quarterly Journal of Economics.
  • Tobin, J. (1978), A Proposal for International Monetary Reform, Eastern Economic Journal.
  • Obstfeld, M. y Taylor, A. M. (2004), Global Capital Markets: Integration, Crisis, and Growth, Cambridge University Press.
  • De Gregorio, J., Edwards, S. y Valdés, R. (2000), Controls on Capital Inflows: Do They Work?, Journal of Development Economics. (En español, para el marco general: De Gregorio, J., Macroeconomía: Teoría y Políticas, Pearson.)

Apariciones