MercadistasMercadistasEntrar con GoogleApoyar el sitioApoyar

Teoría

Credibilidad del reposicionamiento político

Visto en 1 aparición de los programas.

Qué es

La credibilidad del reposicionamiento político es la capacidad de un candidato o partido para convencer al electorado de que un cambio en su programa, por lo general un giro hacia el centro, es genuino y se va a cumplir. No basta con que lo anuncie. El problema es económico en sentido estricto, porque trata de compromisos, incentivos e información asimétrica.

El punto de partida es el modelo espacial de competencia electoral. Como planteó Downs (1957), retomando la intuición de Hotelling (1929) sobre la ubicación de las empresas en un mercado lineal, si los votantes se ordenan sobre un eje ideológico y votan por el candidato más cercano, a los dos competidores les conviene moverse hacia el votante mediano. La predicción es la convergencia: los programas terminan pareciéndose.

Esa predicción supone algo que en la práctica no se cumple: que los programas anunciados obligan. Alesina (1988) mostró que, si los partidos tienen preferencias propias sobre las políticas y los votantes son racionales, un anuncio moderado no es creíble. Una vez en el poder, el ganador tiene incentivos para aplicar la política que de verdad prefiere. Los votantes lo anticipan y descuentan la promesa, y las plataformas no convergen. Es el mismo problema de inconsistencia temporal que Kydland y Prescott (1977) identificaron en la política económica: lo que conviene prometer hoy no es lo que convendrá hacer mañana, y el público lo sabe.

Para el reposicionamiento esto tiene tres consecuencias:

  1. El anuncio barato no mueve creencias. Un giro sin costo para quien lo hace funciona como cheap talk en el sentido de Crawford y Sobel (1982): cuando los intereses de quien habla y de quien escucha divergen, el mensaje transmite poca información.
  2. La historia pesa más que el programa. El votante infiere la posición verdadera a partir de la trayectoria, las alianzas y el partido de origen. Un candidato con una identidad ideológica marcada carga con una reputación que no se borra con un documento nuevo. En un juego repetido, la reputación es justamente lo que permite sostener compromisos que en un juego de una sola vuelta no serían creíbles.
  3. Moverse tiene costos por ambos flancos. Correrse al centro puede alejar a la base y a los socios de coalición, que se sienten traicionados, sin captar a los moderados, que no se lo creen. El candidato puede terminar perdiendo votos en vez de ganarlos.

Para que un reposicionamiento sea creíble tiene que llevar una señal costosa (Spence, 1973): algo que a un candidato que no cree en el cambio le resultaría demasiado caro imitar. Por ejemplo, romper con un socio, nombrar equipos técnicos de otra tradición o comprometerse con reglas verificables.

Cómo lo explicó el programa

En Buenas Tardes Mercado del 5 de octubre de 2026 (btm-2026-10-05), a propósito de la segunda vuelta en Brasil, el panel partió de un dato electoral: la abstención brasileña se ha movido siempre entre 18 % y 21 %. Con un piso tan estable, el candidato que quiera crecer no puede contar con movilizar a quienes no votaron. Tiene que quitarle votos a quienes votaron por otros, lo que lo empuja a moderarse.

Ahí el panel puso el límite. Un candidato con un programa muy marcado no puede correrse al centro sin pagar dos precios: arriesga a su socio principal y no gana credibilidad entre los moderados. Pepe Arias lo ilustró con el caso chileno:

«lo que le pasó a la Jara que se volvió socialdemócrata y nadie le creyó»

El ejemplo resume la teoría. Un giro programático de Jeannette Jara hacia la socialdemocracia no alcanzó a cambiar lo que el electorado creía de ella. Es el caso que describe Alesina (1988): los votantes descuentan el anuncio moderado según lo que esperan que el candidato haga de verdad. Para Brasil, la lección es que los votos que faltan existen, pero no se compran con un cambio de discurso.

Relación con otros conceptos

El concepto se apoya en el teorema del votante mediano y en el modelo de Hotelling, que explican por qué existe la tentación de moverse al centro. La explicación de por qué esa tentación falla viene de la inconsistencia temporal y del problema de compromiso, los mismos que dieron origen a la literatura sobre bancos centrales independientes y reglas fiscales. En los dos casos, la solución pasa por instituciones o reputaciones que hagan costoso desviarse.

También se conecta con la teoría de señales y con la información asimétrica. El votante no observa las preferencias verdaderas del candidato y tiene que inferirlas, igual que un empleador infiere la productividad por el título universitario. Y se relaciona con la teoría de juegos repetidos y la reputación: la credibilidad se acumula a lo largo de muchas elecciones y se pierde rápido.

En el plano de los mercados, la credibilidad de un candidato afecta el riesgo político que se incorpora en las primas de riesgo país, el tipo de cambio y la bolsa. Que un anuncio moderado se crea o no puede verse en los precios antes de verse en las urnas.

Fuentes y lecturas

  • Downs, A. (1957), An Economic Theory of Democracy, Harper & Row.
  • Hotelling, H. (1929), "Stability in Competition", The Economic Journal, 39(153), 41–57.
  • Alesina, A. (1988), "Credibility and Policy Convergence in a Two-Party System with Rational Voters", American Economic Review, 78(4), 796–805.
  • Kydland, F. y Prescott, E. (1977), "Rules Rather than Discretion: The Inconsistency of Optimal Plans", Journal of Political Economy, 85(3), 473–491.
  • Persson, T. y Tabellini, G. (2000), Political Economics: Explaining Economic Policy, MIT Press.

Apariciones