MercadistasMercadistasEntrar con GoogleApoyar el sitioApoyar

Teoría

Denominación monetaria del comercio de commodities

Visto en 1 aparición de los programas.

Qué es

La denominación monetaria del comercio de commodities es la elección de la moneda en que se fijan los precios, se facturan y se liquidan las transacciones internacionales de materias primas: petróleo, cobre, granos, gas. Es una decisión distinta —y en general independiente— de quién compra, quién vende y dónde está el yacimiento. Un cargamento de crudo venezolano vendido a una refinería china puede facturarse en dólares sin que Estados Unidos intervenga en ninguna punta de la operación.

Que esa elección no sea trivial se entiende desde la teoría del dinero. Una moneda internacional cumple las tres funciones clásicas —unidad de cuenta, medio de cambio y depósito de valor— en la esfera privada y en la oficial (Cohen, 1971; Kenen, 1983). En el comercio de commodities la función que manda es la de unidad de cuenta: los mercados de materias primas son mercados centralizados, con productos homogéneos y precios de referencia únicos (Brent, WTI, el cobre de la LME), y ahí conviene que todos los participantes coticen contra el mismo numerario. Krugman (1980) formalizó por qué esto tiende a un resultado de esquina: los costos de transacción de una moneda caen cuando más gente la usa, de modo que el uso se refuerza a sí mismo. Hay externalidades de red y, por lo tanto, inercia: la moneda dominante sigue siéndolo mucho después de que las condiciones que la encumbraron desaparecieran.

La literatura moderna dio a esto una arquitectura más completa. Gopinath y Stein (2021) muestran que la denominación del comercio y el rol de refugio financiero de una moneda se sostienen mutuamente: si los exportadores facturan en dólares, los bancos y las empresas quieren depósitos y deuda segura en dólares para calzar; y si existe un mercado profundo de activos seguros en dólares, facturar en dólares sale más barato. Gopinath, Boz y coautores (2020) documentan además el "paradigma de moneda dominante": los precios del comercio mundial son rígidos en dólares, no en la moneda del exportador ni del importador, lo que altera cómo se transmiten los tipos de cambio a los precios y debilita el ajuste automático que predice el manual clásico.

La contracara es que este equilibrio puede quebrarse, aunque despacio. Eichengreen (2011) reconstruye el desplazamiento de la libra esterlina por el dólar durante el siglo XX y subraya que la transición fue larga, no lineal y coexistieron ambas monedas por décadas. El mecanismo que acelera esas transiciones es, típicamente, el deterioro de la moneda como depósito de valor: una moneda que pierde poder adquisitivo de manera sostenida deja de ser un buen numerario, porque contratar a futuro en ella obliga a asumir un riesgo que nadie eligió. El dilema de Triffin (Triffin, 1960) señala la tensión estructural de fondo: el emisor de la moneda de reserva debe proveer al mundo de sus pasivos, lo que con el tiempo erosiona la confianza en el respaldo de esos mismos pasivos.

Que una moneda dominante se debilite no implica que otra la reemplace. El candidato debe ofrecer tres cosas que rara vez van juntas: mercados de capitales profundos y abiertos, un Estado de derecho que proteja al tenedor extranjero, y convertibilidad sin restricciones. Ese es el argumento central de por qué el yuan avanza poco pese al peso comercial de China: los controles de capital que dan estabilidad interna son justamente los que impiden que la moneda sea un depósito de valor internacional creíble.

Cómo lo explicó el programa

En Buenas Tardes Mercado del 16 de septiembre de 2026, el tema era cómo pagan históricamente los países sus excesos de deuda. Manuel Bengolea resumió la vía que la historia efectivamente muestra: "lo que pasa usualmente cuando un país se sobra en deuda es que termina depreciando su moneda". El default declarado, sostuvo, es impensable para Estados Unidos; el ajuste llega por la moneda.

El punto que conecta ese diagnóstico con este concepto es el segundo tramo de su argumento: esa depreciación sostenida es lo que termina alejando a los inversionistas globales de ese medio de intercambio. Bengolea trajo dos precedentes concretos: la libra esterlina después de la Primera Guerra Mundial y el florín holandés hace 150 a 160 años. En ambos casos la moneda no cayó por decreto sino por erosión: dejó de ser buen depósito de valor y, con retraso, dejó de ser la unidad de cuenta del comercio.

Y ahí introdujo la restricción decisiva: hoy no hay candidata al reemplazo. Al yuan, dijo, le quitaron el financiamiento del petróleo venezolano —que volvió a pagarse en dólares— y sufrió un revés en Oriente Medio. Es exactamente la asimetría que describe la teoría: el deterioro del titular y el ascenso del sucesor son dos procesos separados, y el primero puede ocurrir sin el segundo. El resultado no es una transición ordenada a otra moneda, sino un dólar debilitado que sigue siendo la unidad de cuenta porque el costo de coordinarse en otra cosa es demasiado alto.

Relación con otros conceptos

Este concepto es la cara comercial del privilegio exorbitante de la moneda de reserva: quien emite el numerario del comercio mundial financia sus déficits en su propia moneda y enfrenta una demanda estructural por sus pasivos. Se apoya en la ausencia de sustituto para la moneda de reserva dominante, que explica la inercia, y dialoga con la diversificación de reservas de los bancos centrales, donde el desplazamiento aparece antes —en el margen, hacia el oro y monedas menores— que en la facturación del comercio.

Por el lado del ajuste, se articula con la depreciación de la moneda como ajuste del sobreendeudamiento: la depreciación es la vía, y la pérdida de estatus monetario el costo diferido. También toca el paradigma de moneda dominante en el traspaso cambiario, que explica por qué una devaluación abarata poco las exportaciones cuando los precios están fijados en dólares. Y para un país como Chile, exportador de cobre facturado en dólares, conecta con los términos de intercambio y con el hecho de que buena parte del riesgo cambiario del sector exportador es, en realidad, riesgo de la moneda de facturación.

Fuentes y lecturas

  • Eichengreen, B. (2011), Exorbitant Privilege: The Rise and Fall of the Dollar and the Future of the International Monetary System, Oxford University Press.
  • Krugman, P. (1980), "Vehicle Currencies and the Structure of International Exchange", Journal of Money, Credit and Banking, 12(3).
  • Triffin, R. (1960), Gold and the Dollar Crisis: The Future of Convertibility, Yale University Press.
  • Gopinath, G., Boz, E., Casas, C., Díez, F., Gourinchas, P.-O. y Plagborg-Møller, M. (2020), "Dominant Currency Paradigm", American Economic Review, 110(3).
  • Gopinath, G. y Stein, J. (2021), "Banking, Trade, and the Making of a Dominant Currency", Quarterly Journal of Economics, 136(2).
  • Kenen, P. (1983), The Role of the Dollar as an International Currency, Group of Thirty, Nueva York.

Apariciones