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Teoría

Depreciación cambiaria

Visto en 1 aparición de los programas.

Qué es

Una depreciación cambiaria es la pérdida de valor de una moneda frente a otra determinada por el mercado. En Chile, donde el tipo de cambio se cotiza como pesos por dólar, depreciación significa que el número sube: hoy se necesitan más pesos para comprar el mismo dólar. Conviene separarla de la devaluación, que es el mismo fenómeno pero decidido administrativamente por la autoridad bajo un régimen de tipo de cambio fijo. Desde septiembre de 1999 el peso chileno flota libremente y el Banco Central conduce la política monetaria con meta de inflación, de modo que en la práctica local casi siempre hablamos de depreciaciones, no de devaluaciones.

Importa además distinguir el tipo de cambio nominal del real. El primero es el precio observable en pantalla; el segundo corrige por la inflación local y externa, y es el que mide efectivamente cuán baratos o caros están los bienes chilenos frente a los del resto del mundo. El ancla de largo plazo del tipo de cambio real es la paridad de poder de compra, formulada en su versión moderna por Gustav Cassel (1918): si un mismo canasto de bienes vale sistemáticamente menos en un país, los flujos comerciales deberían terminar por corregir la diferencia. En la práctica esa convergencia es lenta y ruidosa, lo que dejó a la teoría con un problema: los tipos de cambio se mueven mucho más y más rápido que los precios de los bienes.

La respuesta estándar a esa paradoja es el modelo de sobrerreacción de Rudiger Dornbusch (1976). Como los precios de bienes y salarios son rígidos en el corto plazo pero los mercados financieros se ajustan de inmediato, un shock —monetario, geopolítico, de expectativas— obliga al tipo de cambio a sobrepasar su nivel de equilibrio de largo plazo para que la rentabilidad esperada de los activos vuelva a igualarse entre monedas. De ahí que una moneda pueda saltar 2% en una jornada sin que nada haya cambiado en la economía real ese día: lo que cambió fue el escenario esperado.

En una economía pequeña y abierta como la chilena, los determinantes prácticos son tres. Primero, los diferenciales de tasas y expectativas: si la Reserva Federal sube y el Banco Central baja, el peso tiende a debilitarse. Segundo, los términos de intercambio: Chile exporta cobre e importa prácticamente todo su petróleo, así que un cobre más barato o un crudo más caro deterioran el poder de compra externo del país y empujan al peso a la baja. Tercero, el apetito por riesgo global: en episodios de tensión, los capitales se refugian en el dólar y las monedas emergentes ceden en bloque.

Los efectos son ambiguos por diseño, y esa ambigüedad es justamente lo que hace útil la flotación. Como argumentó Robert Mundell (1963), un tipo de cambio flexible actúa como amortiguador: absorbe parte del shock externo en el precio de la moneda en vez de descargarlo íntegro sobre el empleo y la actividad. Del lado favorable, la depreciación abarata los productos chilenos para el extranjero y encarece las importaciones, lo que con el tiempo mejora la balanza comercial —aunque típicamente con retraso, el fenómeno conocido como curva J, porque los volúmenes tardan en reaccionar mientras los precios ya subieron—. Del lado adverso, encarece todo lo importado: combustibles, alimentos, insumos, tecnología. Ese traspaso a precios internos —el pass-through— es parcial y en Chile ha sido bajo desde la adopción de metas de inflación, precisamente porque las expectativas están ancladas: si nadie cree que la inflación se saldrá de cauce, las empresas absorben parte del alza en márgenes en vez de traspasarla. El riesgo aparece cuando esa ancla se debilita y la depreciación deja de ser un cambio de precios relativos para convertirse en inflación generalizada.

Cómo lo explicó el programa

En el episodio del 29 de julio de 2026, al analizar la escalada entre Irán y Estados Unidos, el programa siguió el canal que va del petróleo al bolsillo chileno. La señal relevante no era solo el ataque, sino su naturaleza: misiles balísticos —no drones— contra fuerzas estadounidenses en Jordania, una elección que revela disposición a intensificar el conflicto y no solo a hostigar. El crudo respondió con un alza de 3%, y ahí empieza el problema para una economía importadora neta de energía.

Manuel Bengolea lo resumió sin rodeos: «le ha subido el precio del petróleo, es recontra malo para Chile, de hecho hoy día se deprecia nuestra moneda».

La frase comprime dos golpes que llegan juntos. El primero es el deterioro de los términos de intercambio: si sube lo que Chile compra y no sube lo que Chile vende, el país es genuinamente más pobre en términos externos y el peso lo refleja depreciándose. El segundo es que la depreciación no compensa el shock, sino que lo amplifica en el índice de precios: el combustible ya venía más caro en dólares, y ahora cada dólar cuesta más pesos. Por eso el programa encadenó ambos efectos —mayores expectativas inflacionarias y depreciación— como una sola consecuencia del mismo evento geopolítico, y no como dos noticias separadas.

Relación con otros conceptos

La depreciación es el punto donde se cruzan varias líneas del análisis macroeconómico. Aguas arriba está el shock de términos de intercambio, que en el caso chileno se lee casi siempre como precio del cobre y precio del petróleo, y la paridad descubierta de tasas, que vincula el movimiento cambiario con las decisiones de política monetaria en Chile y en Estados Unidos. Aguas abajo aparecen la inflación importada y el traspaso a precios, que a su vez alimentan las expectativas inflacionarias y, por esa vía, condicionan la trayectoria de la Tasa de Política Monetaria.

Hay además un canal financiero, distinto del comercial: los efectos de hoja de balance. Empresas o gobiernos endeudados en dólares con ingresos en moneda local ven crecer su deuda medida en pesos justo cuando la economía se debilita, un mecanismo que convirtió depreciaciones en crisis en varias economías emergentes. Finalmente, la depreciación se conecta con la prima por riesgo país y con el dólar global como refugio: buena parte de lo que a veces se lee como debilidad del peso es, en realidad, fortaleza generalizada del dólar frente a todo.

Fuentes y lecturas

  • Cassel, G. (1918), «Abnormal Deviations in International Exchanges», The Economic Journal, 28(112).
  • Dornbusch, R. (1976), «Expectations and Exchange Rate Dynamics», Journal of Political Economy, 84(6).
  • Mundell, R. (1963), «Capital Mobility and Stabilization Policy under Fixed and Flexible Exchange Rates», Canadian Journal of Economics and Political Science, 29(4).
  • Krugman, P., Obstfeld, M. y Melitz, M. (2018), International Economics: Theory and Policy, 11.ª ed., Pearson.
  • De Gregorio, J. (2007), Macroeconomía: Teoría y Políticas, Pearson Educación.
  • Banco Central de Chile, Informe de Política Monetaria (IPoM), publicación trimestral — https://www.bcentral.cl

Apariciones