Teoría
Difusión tecnológica y brecha de adopción
Visto en 6 apariciones de los programas.
Qué es
La difusión tecnológica es el proceso por el cual una innovación —una máquina, un método, un software— se propaga desde quien la inventa hasta el conjunto de usuarios que podrían aprovecharla. Es un fenómeno distinto de la invención: descubrir cómo hacer algo y que ese algo efectivamente se use son dos cosas separadas por años, a veces décadas. Y es en ese intervalo donde se decide buena parte del crecimiento de un país.
El estudio moderno del tema arranca con la observación de que la adopción no es instantánea ni pareja: sigue una curva en forma de S. Griliches (1957) lo mostró midiendo cómo el maíz híbrido se extendió por los estados de EE.UU. —lentamente al principio, rápido en el medio, lentamente al final— y, sobre todo, mostró que las diferencias entre estados en la velocidad de adopción respondían a diferencias de rentabilidad esperada, no a la cultura ni a la testarudez de los agricultores. Rogers (1962) generalizó ese patrón y le puso nombre a los tramos de la curva (innovadores, adoptantes tempranos, mayoría temprana, mayoría tardía, rezagados).
La brecha de adopción es la distancia entre la frontera tecnológica y lo que efectivamente se usa. Puede medirse entre países, entre empresas del mismo país o entre plantas de la misma empresa. La literatura de crecimiento la trata como el mecanismo central de la convergencia: un país pobre puede crecer más rápido que uno rico si logra absorber tecnología que ya existe en otra parte, sin pagar el costo de inventarla. Ese es el "atajo del rezagado" que discutió Gerschenkron (1962). El punto fino es que el atajo no es automático: Nelson y Phelps (1966) argumentaron que la velocidad con que un país cierra su brecha depende de su capacidad de absorción, y que el capital humano importa menos como insumo directo de producción que como determinante de esa velocidad. Cohen y Levinthal (1990) llevaron la misma idea al nivel de la firma.
Comin y Hobijn (2010), midiendo la adopción de más de cien tecnologías en 166 países, encontraron un patrón revelador: la brecha de llegada (cuántos años tarda una tecnología en aparecer en un país) se ha ido cerrando históricamente, pero la brecha de intensidad de uso —cuánto se usa una vez que llegó— no se cierra al mismo ritmo. Tener la tecnología disponible y tenerla incorporada al proceso productivo son estados distintos.
Eso conecta con la que probablemente sea la advertencia más citada del área: la paradoja de Solow, formulada en 1987 como "se ven computadores por todas partes menos en las estadísticas de productividad". Brynjolfsson y Hitt (2000) y la literatura posterior sobre capital organizacional ofrecieron la resolución estándar: una tecnología de propósito general rinde recién cuando la acompañan inversiones complementarias —rediseño de procesos, capacitación, cambios de estructura jerárquica— que son caras, lentas y difíciles de medir. Bresnahan y Trajtenberg (1995) explicaron por qué las tecnologías de propósito general son especiales: se aplican en muchos sectores a la vez y se vuelven más útiles a medida que más gente las usa, lo que genera ganancias grandes pero retardadas.
De ahí se sigue la implicancia práctica: un indicador alto de penetración —porcentaje de la población que usa una herramienta, hogares conectados, empresas que declaran usar IA— es una condición necesaria y una promesa, no un resultado. Es la parte barata del proceso. Lo que convierte penetración en productividad es la complementariedad, y esa se ve en las estadísticas mucho después.
Cómo lo explicó el programa
En el capítulo del 27 de agosto de 2026 (BTM), al discutir la penetración tecnológica de Chile como palanca de productividad, Manuel Bengolea planteó que "en Chile el nivel de penetración que tiene la inteligencia artificial es el más alto de Latinoamérica, por lejos", e incluso por sobre el promedio europeo, con una penetración de internet también muy superior a la de la región. Su lectura fue que eso deja a Chile en posición de capturar ganancias de productividad más amplias que sus vecinos, pese a no haber tomado la tecnología en serio en los últimos años.
El argumento tiene la forma exacta del mecanismo de convergencia: la brecha de llegada está cerrada, y por eso la oportunidad es real. Vale la pena leerlo, eso sí, con el matiz de Comin y Hobijn: la penetración es la variable que se cierra primero y la intensidad de uso es la que se resiste. La distancia entre "el país con más usuarios de IA de la región" y "el país donde la IA aparece en el PIB por trabajador" es precisamente el capital organizacional que hay que construir. La frase de Bengolea sobre no haber tomado la tecnología en serio es, en ese marco, menos una contradicción que la descripción del problema: se puede tener adopción alta y complementariedad baja al mismo tiempo, y ese es el escenario donde la promesa no se cobra.
Relación con otros conceptos
Este concepto es el puente entre la productividad total de factores y las variables observables: el residuo de Solow no se explica solo con más máquinas o más trabajadores, y la difusión es uno de los canales por los que se mueve. Se apoya en el capital humano, que es el que determina la capacidad de absorción, y en la inversión en capital fijo, porque incorporar tecnología casi siempre exige gasto en equipos y sistemas. Cuando la adopción es desigual entre empresas del mismo sector, aparece la dispersión de productividad intrasectorial: firmas frontera que se despegan y una cola larga que no cierra. Y en el plano macro, la difusión es el mecanismo detrás de la convergencia condicional entre economías: explica por qué un país puede crecer rápido sin inventar nada, y también por qué esa posibilidad no se materializa sola.
Fuentes y lecturas
- Griliches, Z. (1957), Hybrid Corn: An Exploration in the Economics of Technological Change, Econometrica 25(4).
- Rogers, E. M. (2003), Diffusion of Innovations (5ª ed.), Free Press. (Original de 1962.)
- Nelson, R. y Phelps, E. (1966), Investment in Humans, Technological Diffusion, and Economic Growth, American Economic Review 56(1/2).
- Comin, D. y Hobijn, B. (2010), An Exploration of Technology Diffusion, American Economic Review 100(5).
- Brynjolfsson, E. y Hitt, L. (2000), Beyond Computation: Information Technology, Organizational Transformation and Business Performance, Journal of Economic Perspectives 14(4).
- Jones, C. I. (2021), Macroeconomía (4ª ed.), Antoni Bosch. (Capítulos de crecimiento y difusión de ideas.)