Teoría
Durabilidad del bien y recurrencia de la demanda
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Qué es
La teoría económica distingue entre bienes no durables —los que se destruyen al usarse: alimentos, combustible, servicios— y bienes durables, que sobreviven al acto de consumo y siguen prestando servicio durante años o décadas. La distinción parece contable, pero cambia por completo la forma de la demanda, y con ella la lógica de cualquier decisión de producción.
La clave está en separar stock de flujo. Lo que un usuario quiere de un bien durable no es la unidad física sino el servicio que presta mientras dura: no se demandan cables, se demanda capacidad de conducir electricidad. Ese servicio lo entrega el stock ya instalado. La compra —el flujo de producción nueva— es solamente el ajuste marginal de ese stock. Si $S$ es el stock deseado, $\delta$ la tasa a la que se deprecia o retira, y $Q$ la producción del período, en equilibrio se cumple $Q = \delta S + \Delta S$: reposición más crecimiento neto.
De ahí salen tres consecuencias que no son evidentes.
Primera: la recurrencia de la compra es el inverso de la vida útil. Un kilo de arroz se demanda de nuevo la semana siguiente; un metro de cable instalado en una vivienda no vuelve al mercado en treinta años. Cuando $\delta$ es pequeño, el flujo anual es una fracción minúscula del stock acumulado, y la reposición aporta poco al crecimiento de la demanda. Casi todo el crecimiento viene del término $\Delta S$: autos nuevos, viviendas nuevas, red eléctrica nueva.
Segunda: el flujo se comporta como una derivada, y por eso es violento. Si la demanda de un durable depende del cambio en el stock deseado, una desaceleración leve del crecimiento del stock puede producir una caída brutal de las compras, sin que nadie deje de usar el bien. Es el principio de aceleración que formalizó Clark (1917) para la demanda de bienes de capital, y explica por qué los mercados de durables e insumos industriales son mucho más cíclicos que los de perecibles.
Tercera: el stock existente es un competidor de la producción nueva. Lo que ya se produjo no desapareció: sigue en el mundo, puede reciclarse (oferta secundaria) y puede almacenarse. Por eso el precio de un bien durable y almacenable no lo fija el equilibrio de flujos del período, sino el equilibrio de existencias: la teoría del almacenamiento —Kaldor (1939), Working (1949)— muestra cómo los inventarios enlazan el presente con el futuro y cómo un excedente que nadie consume se acumula y presiona el precio hasta que el mercado paga por guardarlo. Coase (1972) llevó el argumento a su extremo lógico: el productor de un bien durable compite contra su propia producción pasada y futura, y esa competencia con uno mismo limita lo que puede sostener en precio.
De todo esto se sigue la regla práctica: en un bien durable, producir por encima de lo demandado no crea demanda, crea inventario. El excedente no se consume ni se olvida; queda como oferta latente que castiga el precio de todo lo demás.
Cómo lo explicó el programa
El 14 de agosto de 2026, en Buenos Días Mercado (bdm-2026-08-14), el tema fue la meta oficial de llevar la producción chilena de cobre a seis millones de toneladas anuales, desde 5,3 millones actuales, apoyada en el ingreso a evaluación ambiental de 16 proyectos mineros por más de US$24.000 millones.
Willy Díaz objetó el planteamiento de raíz:
"la producción de cobre depende de la demanda de cobre no de lo que podamos o no podamos producir"
Su argumento tiene las dos piezas del concepto. Por el lado del mercado, la minería vende bajo contrato y produce lo que la demanda le pide: producir por sobre eso sólo aumenta el stock y presiona el precio a la baja, de modo que ninguna empresa razonable lo hace voluntariamente. Y por el lado del bien, el cobre no se comporta como un commodity perecible: el arroz se consume y se vuelve a comprar cada semana, mientras que el cobre se transforma en cable y sólo se vuelve a demandar cuando hay nuevos autos que fabricar. La meta de toneladas, en esa lectura, fija una variable que no está bajo control de la política pública, porque el límite lo pone la recurrencia con que el mundo vuelve a necesitar el metal.
Relación con otros conceptos
El concepto es la puerta de entrada a la demanda derivada: el cobre no se demanda por sí mismo sino por los bienes durables que lo incorporan, así que su ciclo es el ciclo de la construcción, la industria automotriz y la inversión en redes eléctricas. Se apoya en la formación bruta de capital fijo —la contraparte macro del ajuste de stocks— y en el principio de aceleración, que explica la amplitud del ciclo. Del lado de la oferta se cruza con los rezagos de la inversión minera (un proyecto que entra hoy a evaluación ambiental produce contra la demanda de la década siguiente) y con la oferta secundaria por reciclaje, que convierte el stock acumulado en competencia. Y con la elasticidad-precio de corto plazo, típicamente baja en ambos lados, que es la razón por la que un excedente modesto puede mover el precio mucho más de lo que sugiere su tamaño.
Fuentes y lecturas
- Clark, J. M. (1917), "Business Acceleration and the Law of Demand: A Technical Factor in Economic Cycles", Journal of Political Economy, 25(3).
- Coase, R. H. (1972), "Durability and Monopoly", Journal of Law and Economics, 15(1).
- Working, H. (1949), "The Theory of Price of Storage", The American Economic Review, 39(6).
- Radetzki, M. (2008), A Handbook of Primary Commodities in the Global Economy, Cambridge University Press.
- Mankiw, N. G. (2020), Principios de Economía, 8ª ed., Cengage Learning (capítulos de oferta y demanda y de elasticidad).