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Teoría

Formación bruta de capital fijo

Visto en 12 apariciones de los programas.

Qué es

La formación bruta de capital fijo (FBCF) mide cuánto gasta una economía, en un período dado, en adquirir o producir activos fijos que van a seguir usándose para producir en los años siguientes: construcción y obras de ingeniería, maquinaria y equipos, vehículos de trabajo y —desde el Sistema de Cuentas Nacionales 2008— también activos intangibles producidos como software, investigación y desarrollo o exploración minera. Es la contraparte estadística de lo que en el lenguaje corriente llamamos "inversión productiva".

Conviene desarmar el nombre, porque cada palabra excluye algo:

  • Formación indica que es un flujo, no un stock. Es el chorro que alimenta el estanque: el stock de capital de este año es el del año pasado menos lo que se desgastó, más la FBCF del período.
  • Bruta significa antes de descontar el consumo de capital fijo (la depreciación). Si a la FBCF se le resta lo que se gastó por uso y obsolescencia, queda la formación neta de capital. La distinción no es cosmética: una economía puede invertir montos respetables y aun así tener un stock de capital que no crece, si toda la inversión se va en reponer lo que se cae a pedazos.
  • Fijo excluye la variación de existencias (inventarios). La suma de ambas es la "formación bruta de capital"; la FBCF es solo el componente durable.

Tampoco cuentan la compra de terrenos ni la de activos financieros o empresas ya existentes: ahí cambia el dueño de algo que no se produjo, no aparece capital nuevo en la economía (sí cuentan, en cambio, las mejoras hechas al terreno). En la identidad del PIB por el gasto —Y = C + I + G + (X − M)— la FBCF es el corazón de la I.

Dos rasgos explican por qué el indicador se sigue con tanta atención. Primero, es el componente más volátil de la demanda agregada: en Chile ronda un quinto del producto, pero sus oscilaciones son varias veces más amplias que las del consumo, entre otras cosas porque los proyectos grandes —mineros, sobre todo— entran de golpe y porque buena parte de la maquinaria es importada, lo que la hace sensible al tipo de cambio y al costo de financiamiento. Segundo, es el indicador de la demanda de hoy que más dice sobre la oferta de mañana: el crecimiento potencial depende del stock de capital que la FBCF va acumulando.

En la teoría de la inversión, sus determinantes son la rentabilidad esperada del proyecto frente al costo de usar el capital (tasa de interés, depreciación, impuestos), y algo que aparece con fuerza en cuanto se discuten reglas del juego: la irreversibilidad. Como el fierro enterrado no se desentierra, ante incertidumbre la firma tiene una opción valiosa —esperar— y esa opción sube de precio cuando el marco tributario o regulatorio se vuelve impredecible. Por ese canal, y no por otro, la institucionalidad entra a la ecuación.

Cómo lo explicó el programa

En Buenos Días Mercado del 29 de julio de 2026, discutiendo el efecto de derogar el DL 600 sobre la inversión, Willy Díaz usó la FBCF como termómetro del quiebre: "bajó a un tercio la tasa de crecimiento de la formación bruta de capital fijo". Las cifras que presentó: 6,6% de crecimiento promedio anual entre 1996 y 2015, con la invariabilidad tributaria del DL 600 vigente; una caída de 2,4% el año en que se derogó; y un promedio de 2,1% para 2016-2025. La aritmética del titular cuadra —2,1 sobre 6,6 es efectivamente cerca de un tercio— y el reproche del panel fue que los economistas que hoy discuten inversión no se hacen cargo de esa cifra.

Vale la pena separar qué establece el dato y qué no. Establece algo real y difícil de negar: hay un quiebre de régimen en la inversión chilena a mediados de la década pasada, y quien defienda que el marco de 2016 en adelante es igual o mejor tiene que explicarlo. Lo que el dato por sí solo no establece es la causalidad hacia la derogación específica del DL 600 —el estatuto de 1974 que ofrecía al inversionista extranjero un contrato con el Estado con tasa invariable, reemplazado a partir de 2016 por el marco de la Ley 20.848 y la agencia de promoción de inversiones—, y esto por tres razones que un análisis serio debería abordar. La ventana 1996-2015 termina justo después del súper ciclo del cobre y del pico de inversión minera de 2010-2013, de modo que la comparación arranca de una base alta y arrastra un efecto aritmético; el período 2016-2025 concentra además el estallido de 2019, la pandemia, dos procesos constitucionales y el alza global de tasas; y la vía DL 600 ya venía perdiendo peso relativo frente al Capítulo XIV del Compendio de Normas de Cambios Internacionales como puerta de entrada de la inversión extranjera directa, lo que debilita el mecanismo más directo.

La versión más fuerte del argumento de Días no es "sin DL 600 no hay inversión", sino la del canal de incertidumbre: cambiar unilateralmente el contrato que se ofreció por cuarenta años tiene un costo en credibilidad que se paga en proyectos que no se evalúan. Esa hipótesis es contrastable, pero con evidencia más fina que el agregado —composición por sector, IED versus inversión local, brecha entre proyectos anunciados y ejecutados—, no con un promedio de dos décadas contra otro.

Relación con otros conceptos

La FBCF es la bisagra entre el análisis de corto y de largo plazo. Por el lado del corto plazo, es la I de la identidad ahorro-inversión: si un país invierte más de lo que ahorra internamente, la diferencia llega como ahorro externo y se lee en el déficit de cuenta corriente; de ahí que los ciclos de inversión minera en Chile vengan acompañados de saldos externos negativos. Su volatilidad es el sustrato empírico del principio del acelerador y de los modelos de inversión basados en la q de Tobin y en el costo de uso del capital, donde la política monetaria y la tributaria actúan sobre el mismo margen.

Por el lado del largo plazo, la FBCF alimenta el stock de capital y con él el crecimiento potencial. En la contabilidad del crecimiento a la Solow, el aporte del capital por trabajador (capital deepening) es solo una de las fuentes; la otra, la productividad total de factores, suele ser la que explica las diferencias persistentes entre países. Esto acota cuánto puede esperarse de la inversión por sí sola, pero también recuerda que buena parte de la tecnología llega incorporada en máquinas nuevas y en I+D, que hoy son FBCF. Y, cerrando el círculo con el debate del programa, la inversión extranjera directa es a la vez una fuente de financiamiento de la FBCF y un canal de transferencia tecnológica, motivo por el cual las reglas que la gobiernan se discuten con el peso que se discuten.

Para profundizar

  • Naciones Unidas, Comisión Europea, FMI, OCDE y Banco Mundial (2008), Sistema de Cuentas Nacionales 2008, capítulo 10. La definición oficial de FBCF, con el detalle de qué entra y qué no. Disponible en español en el sitio de la División de Estadística de la ONU.
  • Olivier Blanchard, Macroeconomía (Pearson), capítulos sobre el mercado de bienes y sobre las decisiones de inversión. El tratamiento estándar de la inversión como función de las ventas esperadas y de la tasa de interés, en un nivel accesible.
  • Robert S. Pindyck (1991), "Irreversibility, Uncertainty, and Investment", Journal of Economic Literature 29(3). El artículo de referencia sobre por qué la incertidumbre regulatoria deprime la inversión aunque no cambie la rentabilidad esperada; desarrollado luego en Dixit y Pindyck, Investment under Uncertainty (1994).
  • Banco Central de Chile, Cuentas Nacionales y Base de Datos Estadísticos. Las series efectivas de FBCF total y por tipo de bien —construcción y otras obras, maquinaria y equipo—, en niveles y variaciones, para verificar de primera fuente cualquier cifra que circule en el debate.

Apariciones