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Teoría

Efecto faro del salario mínimo sobre la estructura salarial

Visto en 1 aparición de los programas.

Qué es

El efecto faro describe una regularidad incómoda para quien discute el salario mínimo como si solo afectara a quienes lo ganan: el piso legal no ilumina únicamente el punto donde está clavado, sino un tramo largo de la escala salarial hacia arriba. Cuando el mínimo sube, no solo se ajustan los sueldos que quedaron por debajo del nuevo umbral; también se mueven los que estaban por encima, porque lo que las empresas y los trabajadores negocian no es solo el nivel absoluto de la remuneración, sino la diferencia respecto de los demás cargos.

El término viene de la literatura brasileña —Souza y Baltar (1979) acuñaron el efeito farol para explicar por qué el salario mínimo movía también el sector informal, donde por definición no se fiscaliza— y reaparece en la literatura anglosajona bajo el nombre de spillovers o efectos de derrame. La intuición es la misma en ambos casos: el mínimo funciona como numerario, una unidad de cuenta socialmente conocida contra la cual se cotizan los demás sueldos, aunque ninguna ley lo obligue.

El mecanismo tiene tres patas que conviene separar.

La primera es contractual y no requiere ninguna teoría: en muchos ordenamientos el mínimo indexa cosas que no son el mínimo. En Chile, la gratificación legal del artículo 50 del Código del Trabajo tiene tope en 4,75 ingresos mínimos mensuales, de modo que un alza del piso sube por ley una parte de la remuneración de trabajadores que ganan bastante más que el piso. Lo mismo ocurre con tramos de beneficios y con convenios colectivos escritos en múltiplos del mínimo.

La segunda es de estructura interna de la empresa. Las escalas salariales codifican jerarquía, responsabilidad y antigüedad. Si el piso sube y el resto no, el diferencial entre el cargo base y el supervisor se comprime hasta volverse irrelevante, y con él desaparece el incentivo a asumir la responsabilidad mayor. Akerlof y Yellen (1990) formalizaron por qué eso importa: el esfuerzo del trabajador no responde al salario absoluto sino a la comparación con lo que juzga justo, así que una compresión no compensada se paga en desempeño o en rotación. La empresa que quiere retener al supervisor le sube, y el alza recorre la escala.

La tercera es de mercado laboral externo: si el cargo de entrada de la empresa vecina ahora paga casi lo mismo que un puesto más exigente aquí, el trabajador se mueve.

La evidencia empírica sostiene el fenómeno, pero acota su alcance. Lee (1999) atribuyó buena parte del aumento de la desigualdad salarial estadounidense de los ochenta a la caída del mínimo real, lo que exige derrames que llegan bastante arriba; Autor, Manning y Smith (2016) reexaminaron esa estimación y encontraron que una fracción de los derrames aparentes era error de medición en las encuestas, no propagación real. Cengiz, Dube, Lindner y Zipperer (2019), midiendo el amontonamiento de empleos alrededor del nuevo piso, encuentran masa faltante debajo y masa sobrante justo encima, con propagación concentrada en una banda estrecha. La lectura razonable: el faro alumbra de verdad, la intensidad decae con la distancia, y la propagación es parcial —no un desplazamiento uno a uno de toda la escala, que volvería el alza puramente nominal e inocua para la desigualdad.

Esa parcialidad es exactamente lo que hace del efecto faro un asunto de costos y no solo de distribución: para contratar a una persona más al piso, la empresa puede tener que mover a varias que ya estaban dentro. El costo marginal de la contratación excede el sueldo del contratado.

Cómo lo explicó el programa

En el capítulo del 8 de septiembre de 2026 (bdm-2026-09-08), Willy Díaz lo planteó desde la aritmética del trabajador que ya estaba arriba del piso: quien ganaba 50 mil sobre el mínimo queda 10 por debajo cuando el mínimo sube 60, y la empresa tiene que subirle para retenerlo y mantener la diferencia. Su formulación fue directa: "cuando sube el salario mínimo presiona toda la estructura de salario dentro de la empresa completa".

El contexto en que lo dijo es el que da al concepto su filo. Díaz lo usó para explicar una aparente contradicción del mercado laboral chileno: que los salarios nominales suban cerca de 9% mientras las empresas no contratan, pese al desempleo alto. Su argumento es que el alza del piso no viene sola —se acumula con la reducción de jornada y el resto de los pagos obligatorios—, y que el empleador queda en una pinza: ofrecer por debajo no atrae a nadie, y ofrecer por arriba presiona a toda la escala. El faro, en esa lectura, no explica cuánto ganan los que ya trabajan, sino por qué no se abre el puesto siguiente.

Relación con otros conceptos

El efecto faro es el puente entre dos discusiones que suelen darse por separado. Hacia el lado de la distribución, conecta con la compresión salarial y con la desigualdad de ingresos: el derrame decreciente es precisamente lo que permite que un alza del mínimo reduzca la dispersión en la parte baja en vez de trasladarse íntegra a todos los niveles. Hacia el lado de los costos, empalma con el costo laboral unitario y con la productividad laboral, porque el alza solo es sostenible si el producto por trabajador la acompaña; si no, se descarga en precios o en empleo. La lógica interna del derrame es la del salario de eficiencia y la de los mercados internos de trabajo, donde la escala cumple una función de incentivo y no solo de pago. En economías con alta informalidad, el faro es además el canal por el cual un piso legal afecta a trabajadores a quienes ese piso no obliga. Y como el mínimo suele reajustarse por inflación pasada, el mecanismo alimenta la indexación y la inercia inflacionaria. La contraparte teórica del argumento es el monopsonio: si el empleador tiene poder de mercado sobre el salario, un alza del piso puede aumentar el empleo en lugar de reducirlo, y el derrame hacia arriba corrige una escala que estaba comprimida por abajo.

Fuentes y lecturas

  • Souza, P. R. y Baltar, P. (1979), Salário mínimo e taxa de salários no Brasil, Pesquisa e Planejamento Econômico, 9(3) — origen del término «efecto faro».
  • Maloney, W. y Núñez Méndez, J. (2004), Measuring the Impact of Minimum Wages: Evidence from Latin America, en Heckman, J. y Pagés, C. (eds.), «Law and Employment: Lessons from Latin America and the Caribbean», University of Chicago Press / NBER.
  • Lee, D. (1999), Wage Inequality in the United States during the 1980s: Rising Dispersion or Falling Minimum Wage?, Quarterly Journal of Economics, 114(3).
  • Autor, D., Manning, A. y Smith, C. (2016), The Contribution of the Minimum Wage to US Wage Inequality over Three Decades: A Reassessment, American Economic Journal: Applied Economics, 8(1).
  • Cengiz, D., Dube, A., Lindner, A. y Zipperer, B. (2019), The Effect of Minimum Wages on Low-Wage Jobs, Quarterly Journal of Economics, 134(3).
  • Borjas, G. (2020), Labor Economics, 8ª ed., McGraw-Hill — capítulo sobre salario mínimo y estructura salarial.

Apariciones