Teoría
Horizonte de inversión frente a la volatilidad
Visto en 1 aparición de los programas.
Qué es
El horizonte de inversión es el plazo durante el cual una persona planea mantener una inversión antes de necesitar ese dinero. La volatilidad mide cuánto fluctúan los retornos de un activo en torno a su promedio. Habitualmente se mide con la desviación estándar, la misma medida de riesgo que formalizó Markowitz (1952) en su teoría de selección de carteras.
La relación entre ambos conceptos es simple de enunciar: la volatilidad importa en la medida en que uno pueda verse obligado a vender en un mal momento. Una acción que cae 30% en un año es un problema serio para quien necesita el dinero ese año. Para quien no lo tocará en dos décadas, puede ser solo un episodio intermedio.
Hay una intuición estadística detrás. Si los retornos de cada año fueran independientes entre sí, la dispersión del retorno promedio anualizado se reduciría aproximadamente con la raíz cuadrada del número de años. Un activo con 20% de volatilidad anual tendría, en un horizonte de 25 años, una dispersión del retorno anualizado cercana al 4%. Siegel (1994) popularizó esta idea con datos históricos de Estados Unidos. En su muestra, las acciones mostraban rendimientos reales de corto plazo muy erráticos, pero mucho más estables al promediarse en ventanas largas, con un desempeño superior al de los bonos en esos plazos.
Sin embargo, la idea de que "el tiempo diversifica el riesgo" tiene matices importantes:
- Lo que se estabiliza es el promedio anual, no el resultado final. Como advirtió Samuelson (1963), repetir una apuesta riesgosa muchas veces no la vuelve segura. La dispersión de la riqueza final, medida en pesos, crece con el plazo. Bodie (1995) lo mostró desde otro ángulo: el costo de asegurarse contra un rendimiento accionario inferior a la tasa libre de riesgo aumenta con el horizonte, no disminuye.
- Los datos históricos de un solo país pueden engañar. El índice Nikkei japonés tardó cerca de 34 años en recuperar el máximo que alcanzó a fines de 1989.
- Un índice no es una acción individual. Un índice se recupera en parte porque las empresas que fracasan salen de él y otras nuevas entran. Quien concentra su inversión en pocas compañías no recibe ese beneficio.
A esto se suma una dimensión conductual. Benartzi y Thaler (1995) propusieron el concepto de aversión miope a las pérdidas. Las personas sienten las pérdidas con más intensidad que las ganancias equivalentes, como plantearon Kahneman y Tversky (1979). Si además revisan su cartera con mucha frecuencia, perciben pérdidas más seguido y terminan exigiendo un premio mayor por mantener acciones, o simplemente las evitan. Según estos autores, este mecanismo ayuda a explicar el llamado equity premium puzzle (Mehra y Prescott, 1985): el retorno de las acciones sobre los bonos parece demasiado alto para lo que predicen los modelos tradicionales. En resumen, el horizonte relevante no es solo el plazo en que se necesita el dinero. También importa con qué frecuencia el inversionista evalúa sus resultados.
Cómo lo explicó el programa
En el episodio [btm-2026-10-22] (22 de octubre de 2026), dedicado a "Finanzas conductuales y horizonte de inversión en tecnología", se abordó el uso del miedo como herramienta de venta. Según se planteó, algunos hedge funds recuerdan la caída de 60% del Nasdaq en el año 2000, pero omiten que el índice pasó luego de 5.000 a 29.000 puntos. De ahí la conclusión central: la tecnología es un sector riesgoso y volátil, y por lo mismo es una inversión de largo plazo, no de corto plazo. Manuel Bengolea lo resumió así:
"eso es para invertir para 20 o 30 años o 10 años no es para invertir para el próximo mes"
El ejemplo conecta directamente con la aversión miope a las pérdidas. Quien mira el desplome de 2000 con un horizonte mensual ve una catástrofe. Quien lo mira con un horizonte de décadas ve un tramo de un camino largo.
Como complemento histórico, la caída de pico a valle del Nasdaq Composite entre marzo de 2000 y octubre de 2002 fue cercana al 78%. Además, el índice recién recuperó su máximo nominal del año 2000 en 2015. Ambos datos refuerzan el argumento del programa: quien compró en el peor momento necesitó cerca de quince años para volver a su punto de partida. Un horizonte de "10 a 30 años" no es una exageración para este tipo de activos.
Relación con otros conceptos
El vínculo más directo es con la prima por riesgo accionario, el retorno adicional que se espera obtener por mantener acciones en vez de instrumentos seguros. El horizonte de inversión determina en buena parte si un inversionista está en condiciones de cobrar esa prima.
También se relaciona con la asignación de activos a lo largo del ciclo de vida. Merton (1969) y Samuelson (1969) estudiaron formalmente esta pregunta. Bajo ciertos supuestos, ambos concluyeron que el horizonte por sí solo no justifica tener más acciones. Desarrollos posteriores, como los de Campbell y Viceira (2002), incorporan otros elementos, como el capital humano (los ingresos laborales futuros) y la reversión a la media de los retornos. Con esos elementos, sí puede justificarse que los jóvenes asuman más riesgo, lógica que inspira a los fondos de pensiones por multifondos o por fecha objetivo.
Otros conceptos cercanos:
- Diversificación entre activos. Complementa la diversificación temporal y la corrige cuando falla.
- Riesgo de secuencia de retornos. Cobra relevancia cuando el horizonte se acorta y comienzan los retiros.
- Sesgo de supervivencia. Advierte contra extrapolar la historia de índices o países exitosos.
- Liquidez. Quien tiene un horizonte largo pero puede necesitar el dinero antes enfrenta, en la práctica, un horizonte corto.
Fuentes y lecturas
- Benartzi, S. y Thaler, R. (1995), "Myopic Loss Aversion and the Equity Premium Puzzle", Quarterly Journal of Economics, 110(1).
- Samuelson, P. (1963), "Risk and Uncertainty: A Fallacy of Large Numbers", Scientia, 98.
- Siegel, J. (1994), Stocks for the Long Run, McGraw-Hill.
- Campbell, J. y Viceira, L. (2002), Strategic Asset Allocation: Portfolio Choice for Long-Term Investors, Oxford University Press.
- Bodie, Z., Kane, A. y Marcus, A. (varias ediciones), Investments, McGraw-Hill.