Teoría
Incertidumbre de política económica
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Qué es
La incertidumbre de política económica es la dispersión de expectativas que enfrentan hogares, empresas e inversionistas sobre qué van a hacer las autoridades —fiscales, monetarias, regulatorias, comerciales— y cuándo. No es lo mismo que el riesgo ordinario de los negocios: es incertidumbre sobre las reglas del juego, no sobre el resultado de una partida jugada con reglas conocidas.
La distinción se remonta a Frank Knight (1921), que separó el riesgo —resultados desconocidos pero con probabilidades asignables, asegurables, cotizables— de la incertidumbre propiamente tal, donde ni siquiera se puede escribir la distribución. Un exportador puede cubrir el tipo de cambio con un forward; no puede cubrirse contra la posibilidad de que mañana aparezca un arancel que nadie había considerado. Cuando el que fija los aranceles es impredecible, la variable relevante deja de ser cuantificable y pasa a ser knightiana.
El mecanismo por el cual esa incertidumbre daña la actividad real es la opción de esperar. La teoría de inversión irreversible (Dixit y Pindyck, 1994) muestra que cuando un proyecto exige un gasto hundido y su valor futuro es incierto, esperar tiene valor propio: postergar preserva la opción de no equivocarse. Elevar la incertidumbre aumenta ese valor de espera y ensancha la zona de inacción, la banda de rentabilidades esperadas dentro de la cual lo óptimo es no hacer nada. El resultado no es que la inversión se reasigne: es que se congela. Lo mismo aplica a la contratación, que también tiene costos hundidos de búsqueda y despido. Bloom (2009) formalizó esto como un shock de "segundo momento" —un aumento de la varianza, no una caída del nivel esperado— capaz de producir por sí solo una caída brusca de inversión y empleo seguida de un rebote.
La medición del fenómeno se estandarizó con el índice de Economic Policy Uncertainty de Baker, Bloom y Davis (2016), construido a partir de la frecuencia de artículos de prensa que mencionan simultáneamente economía, política y incertidumbre, complementado con la dispersión de pronósticos entre expertos y con vencimientos de disposiciones tributarias. Su hallazgo empírico: alzas del índice anteceden caídas de inversión, producción y empleo, y el efecto se concentra en los sectores más expuestos a decisiones estatales —defensa, salud, infraestructura, comercio exterior—.
Hay una segunda tradición que llega al mismo lugar por otro camino: la de credibilidad y compromiso. Kydland y Prescott (1977) mostraron que una política discrecional óptima período a período puede ser peor que una regla fija, porque los agentes anticipan la tentación de desviarse y ajustan su conducta desde hoy. El valor de una regla no está en que sea la mejor decisión posible en cada instante, sino en que es anunciable y verificable. De ahí que un gobierno errático pague una prima aunque cada una de sus medidas, evaluada por separado, fuera defendible. Y por eso los mercados premian la institucionalidad de un banco central autónomo, con mandato acotado y comunicación previsible: lo que se compra ahí es varianza baja, no genialidad.
El costo se paga en tres monedas. En tasas: mayor prima por riesgo político sobre la deuda soberana y corporativa. En precios de activos: mayor volatilidad y compresión de múltiplos, porque el flujo futuro se descuenta con más incertidumbre. Y en cantidades: menos formación bruta de capital fijo, menos contratación, más liquidez ociosa en balance. La tercera es la que importa para el crecimiento y la más lenta de revertir, porque el proyecto que no se inició no se recupera con un anuncio.
Cómo lo explicó el programa
El 10 de septiembre de 2026, en Buenas Tardes Mercado, Manuel Bengolea puso el fenómeno en su forma más cruda al describir el escenario internacional: "Los actos administrativos del presidente Trump son absolutamente impredecibles". Su lista de ejemplos —un arancel al agua de las cataratas del Niágara, una bandera que incluye a Canadá, el lago Ontario rebautizado— no era anecdótica: era precisamente el punto. Cuando las medidas no siguen un patrón inferible, el mercado no puede construir un escenario base, y sin escenario base no hay valorización.
El costo lo midió con el bolsillo: los traders volvieron a Nueva York, tras el receso, a un mes de rentabilidad negativa. Bengolea agregó una lectura política que vale la pena separar del diagnóstico económico —que es un provocador que no usa los códigos de la diplomacia y que, aunque busca generar el debate, "lo mejor es discutir el fondo y no la forma"—. Para el analista de mercado la distinción es útil: la forma errática es, ella misma, un costo económico, independientemente de si el fondo de cada medida tiene o no mérito.
Relación con otros conceptos
La incertidumbre de política económica es el género del que la incertidumbre constitucional es una especie: cuando lo que se mueve son las reglas fundacionales y no las políticas de coyuntura, el horizonte afectado es más largo y la reversión más lenta. Se apoya en la teoría de la opción real, que le da su mecanismo microeconómico, y en la inconsistencia temporal de Kydland y Prescott, que explica por qué el compromiso vale más que la discrecionalidad. Se manifiesta como prima por riesgo político en los activos y, en su forma extrema, como fuga de capitales. Del lado conductual, dialoga con la aversión a la ambigüedad documentada por la paradoja de Ellsberg: los agentes no solo rechazan la varianza, rechazan además no conocer la distribución. Y en su versión de política comercial —aranceles anunciados, suspendidos y reinstalados— se cruza con la literatura de incertidumbre de política arancelaria, donde el daño proviene menos del arancel vigente que de la duda sobre el arancel de mañana.
Fuentes y lecturas
- Knight, F. (1921), Risk, Uncertainty and Profit, Houghton Mifflin.
- Kydland, F. y Prescott, E. (1977), "Rules Rather than Discretion: The Inconsistency of Optimal Plans", Journal of Political Economy, 85(3).
- Dixit, A. y Pindyck, R. (1994), Investment under Uncertainty, Princeton University Press.
- Bloom, N. (2009), "The Impact of Uncertainty Shocks", Econometrica, 77(3).
- Baker, S., Bloom, N. y Davis, S. (2016), "Measuring Economic Policy Uncertainty", Quarterly Journal of Economics, 131(4).