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Teoría

Magnitud del estímulo fiscal frente a la masa salarial

Visto en 1 aparición de los programas.

Qué es

Cuando un gobierno anuncia un paquete de gasto o de subsidios para reactivar la economía, la pregunta relevante no es solo cuántos dólares involucra en términos absolutos, sino qué tan grande es ese monto en relación con la variable que se quiere mover. Un estímulo de mil millones de dólares puede sonar enorme o insignificante dependiendo de si se compara con el PIB, con el gasto fiscal total o —como en este caso— con la masa salarial agregada de la economía, es decir, la suma de todos los sueldos que se pagan en el país en un año.

La lógica de fondo viene de la teoría del multiplicador fiscal, formulada originalmente por Keynes (1936): un peso de gasto público no se queda en quien lo recibe, sino que se transmite en rondas sucesivas de consumo, porque el ingreso de unos es el gasto de otros. Pero ese efecto multiplicador opera sobre una base, y si el impulso inicial es marginal respecto de esa base, el resultado agregado también lo será, por más rondas que se multipliquen. Por eso comparar el tamaño del estímulo con la masa salarial —y no solo mirar la cifra en dólares— es una forma de estimar, antes de que ocurra, si el paquete tiene siquiera la escala necesaria para alterar el consumo agregado.

La elección de la masa salarial como denominador (en vez del PIB, que es la comparación más habitual en la literatura) no es arbitraria: si el objetivo declarado de la política es estimular el consumo de los hogares, el canal de transmisión relevante es el ingreso laboral, porque la función de consumo keynesiana liga el gasto de las familias principalmente a su ingreso corriente disponible. Friedman (1957), con la hipótesis del ingreso permanente, matizó esa relación: los hogares no gastan todo aumento transitorio de ingreso, sino que suavizan su consumo en el tiempo, lo que reduce aún más el impacto de corto plazo de un estímulo que además es percibido como puntual y no permanente.

La literatura empírica sobre multiplicadores fiscales, sistematizada por Ramey (2011) y refinada por Auerbach y Gorodnichenko (2012), agrega otro matiz: el tamaño del multiplicador no es una constante, sino que depende del estado del ciclo económico —es mayor en recesión, cuando hay capacidad ociosa, y menor en expansión, cuando el estímulo compite por recursos ya empleados—. Esto importa para el análisis de magnitud: incluso si el estímulo fuera proporcionalmente grande, su efecto real depende de cuánta holgura tenga la economía para absorberlo sin simplemente desplazar gasto privado. Y si es proporcionalmente pequeño, como en el caso analizado, la pregunta sobre el ciclo se vuelve casi irrelevante: no hay multiplicador que compense una base de partida demasiado chica frente al agregado que se busca mover.

Este tipo de comparación de escala también aparece en los debates sobre paquetes de estímulo recientes —el economista Paul Krugman, por ejemplo, insistió durante el debate del paquete estadounidense de 2009 en que la pregunta central era si el estímulo era lo bastante grande respecto de la brecha de producto que buscaba cerrar, no si su cifra absoluta parecía llamativa—. El mismo principio aplica aquí a escala de la masa salarial chilena.

Cómo lo explicó el programa

En Buenos Días Mercado del 29 de septiembre de 2026, Willy Díaz hizo el ejercicio de escala explícitamente sobre el plan de reactivación anunciado por el Gobierno: calculó que los US$1.300 millones del plan representan apenas cerca de un 1% de la masa salarial total de Chile, estimada entre US$91.000 y US$100.000 millones anuales. Con esa proporción, concluyó que el estímulo carece de la magnitud necesaria para mover la aguja del consumo agregado:

"El uno por ciento no va a mover la aguja en ningún sector"

La observación de Díaz es exactamente el ejercicio de comparación de escala descrito arriba: no cuestiona si el mecanismo del estímulo (subsidios al empleo, en este caso) es correcto en su diseño, sino si su tamaño relativo alcanza para producir un efecto perceptible sobre la variable que se busca impactar.

Relación con otros conceptos

Este análisis se apoya directamente en el multiplicador fiscal y en la demanda agregada, que son el marco donde se evalúa cualquier estímulo de gasto público. Se relaciona también con la propensión marginal a consumir, que determina cuánto de un peso adicional de ingreso laboral termina efectivamente gastado en bienes y servicios, y con el ingreso disponible de los hogares, el canal por el cual un estímulo fiscal llega —o no— al consumo. La noción de brecha de producto es relevante porque el tamaño de multiplicador esperado cambia según cuánta holgura tenga la economía. Y en el fondo, la comparación misma remite a la participación del trabajo en el ingreso nacional, ya que la masa salarial es, precisamente, esa porción del ingreso agregado que corresponde a las remuneraciones.

Fuentes y lecturas

  • Keynes, J. M. (1936), The General Theory of Employment, Interest and Money, Macmillan.
  • Friedman, M. (1957), A Theory of the Consumption Function, Princeton University Press.
  • Ramey, V. A. (2011), "Can Government Purchases Stimulate the Economy?", Journal of Economic Literature, 49(3).
  • Auerbach, A. J. y Gorodnichenko, Y. (2012), "Measuring the Output Responses to Fiscal Policy", American Economic Journal: Economic Policy, 4(2).
  • Mankiw, N. G., Macroeconomics, Worth Publishers — tratamiento estándar del multiplicador fiscal y la demanda agregada.

Apariciones